#NiUnaMenos. Mamá

Las señales aparecieron de a poco. Unos celos y ella retraída, solitaria.

Mamá no era así. No se peleaba con la familia, no usaba ropa amplia y oscura, no era nerviosa. Se reía, mucho.

El nunca me cayó bien. No me cerraba. Yo era pendejo, Yani era chiquita…pero no nos caía bien. Pero mamá estaba enamorada, feliz. Decía eso.

Un día, año 1997, encontró una caja de forros vieja en una mesa de luz. Vieja en serio, ya vencida.

Le dejó una nota a mamá: “vergüenza devería darte”. Así decía. Me llamó por teléfono para decirme no se que cosas de mamá. Lo calmé, le expliqué que los forros eran viejos. No entendía porque tenía que hacer eso pero bueno, pasó.

No me cerraba. Nada.

Un día, mamá me había anotado una listita para que vaya a hacer las compras. Entre ellas, unas medias para ella. Las anotó en la lista: “Levante descanso, Caffarena”. La marca y el tipo de medias.

El enfermo pensó que mamá, en el descanso (?), se iba a levantar a un tal Caffarena. Sí, así de lógico. Y también lo anotó, no sea cosa que se olvide, ¿no?.

Otra vez, peleas, lío, celos. Hasta acá, “solo” eso.

Mamá se recluía mas. La familia también veía cosas raras y mamá se aislaba, se cerraba.

Un día, empezaron a aparecer algunas cosas rotas. Un teléfono, una tele. Mamá estaba mucho en lo de el, nosotros estábamos bastante solos o en lo de mis abuelos.

Y mamá empezó a aparecer lastimada. Un día, unos moretones. Otro día, otros. La tristeza en los ojos.

Un día, fue una fractura de muñeca y un labio cosido con unos puntos. Nos dijo que chocó con el auto. No le creí. Salí a pasear a Poly y fui directo al auto. No tenía signos de choque. Nada.

Otro día, encontré un mechón de pelo de mamá en el pasillo. 7 departamentos mas, había en el pasillo. Vivíamos ahí hace casi 13 años. Ningún vecino, ninguna vecina salió, gritó, intervino, llamó a la gorra. Nada.

Yo le pregunté a mamá, ella no me decía nada, respondía vaguedades.

Mis abuelos sabían mas, o sospechaban. Nosotros, no tanto. Pero ya vivíamos mas en lo de mis abuelos que en casa. Una vez escuché que mi abuela le decía a mamá, por teléfono, “dejalo, o no vas a ver mas a los chicos”.

Mamá no podía. Ya sabrán por que. O se imaginaran.

Otro día, dormíamos en casa, me despierto de madrugada para ir al colegio y escuche gritos, puteadas, golpes. Fui corriendo a meterme. “Que te pasa”, le dije. “Pasa que tu mamá es una puta”, me respondió. Lo cagué a puteadas, discutimos, mamá lloraba, una mierda. Me obligaron a irme al colegio, prometiendo que no pasaba nada. Cuando salí, le meé y rayé todo el auto.

Ese día rendía. Física. En la mitad de la prueba me sacan de la clase. “Te busca el novio de tu mamá” me dijo Ana, la preceptora. Yo temblaba como una hoja. Me fue a “pedir perdón”. Lo viví como una amenaza. Sabía donde estaba, fue durísimo.

A partir de ese día, si estaba en casa dormía con un tramontina abajo de la almohada.

Otro día mamá tenía una lastimadura en la cabeza. Y moretones, mas. Y mas pelos en el pasillo.

Otra vez, durmiendo, me despiertan golpes en una mesa y botellas rotas. Y un grito. “A mi me vas a respetar, puta”. Me levanté y fui a encararlo. Con miedo, muchísimo miedo. yo tenía 14 años. Se me vino al humo y no se animó a pegarme. Cagón. Mamá lloraba.

Le gritamos que se vaya. Rompió otras botellas, otras cosas y se fue. Pateaba la puerta desde afuera. Pero en un momento, se fue.

Hay una suerte de epílogo. Mamá empieza a contarnos.

Le pegó mucho, mucas veces. Muchísimas.

La amenazó con un arma.

Le pegó muchísimo. La pateó en el piso, le arrancó pelos, le rompió huesos.

La tiró de un auto en movimiento en la Autopista Ricchieri. No la atropellaron ahí de pedo.

Le abrió la cabeza de un golpe. Cuando fue a la comisaría, el rati que la atendió no le dio bola. “Cálmese, pídale perdón a su marido, hable con él”, le dijo. Una rati le dijo, en secreto, con miedo (porque el machismo mata, asusta, domina) que vaya a Comodoro Py y haga una denuncia, porque ahí era al pedo y no iba a pasar nada.

Mucho mas contó, mamá. Que lo quería dejar y que el la amenazaba con lastimarnos, con matarnos. Tanto Yani como sentimos que nos perseguía un auto en la calle.

Un día, con orden de no acercarse, cambio de teléfono, no figurar mas en guía, etc., mamá volvió a vivir.

Hoy mamá sonríe de nuevo. Hoy no está mas oscura. Y se viste como quiere.

A el lo busqué, no lo encontré. José Antonio del Mastro, se llama el sorete. Todos los días pienso en que haría si lo veo. Nada bueno.

Hace un par de años, la busco por internet a mamá. Como labura por cuenta propia, encontró los datos y la llamó. Le dijo que se iba a mudar cerca.

Llamamos a la línea 144, nos pusimos en alerta. Por suerte, no pasó nada. Solo esa vez, esa amenaza apenas velada.

Hoy mamá está viva. El año pasado, fuimos juntos a la convocatoria de #NiUnaMenos. Para que no haya mas casos así. Porque vivas queremos a todas. Porque el machismo mata. Mata.

Este año, hoy, no pudo venir. Se sentía mal. Pero estuvo igual. Otras, muchísimas, no pudieron estar. No las dejaron.

Hoy mamá vive.

Hoy, y siempre, el machismo mata.

Hoy, y siempre, basta de femicidios.

Hoy, y siempre, #NiUnaMenos.