Amor de escritorio

-¿Qué te pasa hoy José, que tienes? -Pregunté delante de todos-. El llanto le vino como un inusitado torrente, no pudo evitarlo, sobrepasó su vergüenza, lo intentó y se puso peor y con él, la acostumbrada reunión de los lunes con los chicos del servicio técnico. En principio supuse que seguramente habría muerto algún familiar cercano, pero no. Nos miramos y noté una rara y culposa expresión de complicidad en las caras de mis cabizbajos compañeros. Caí en cuenta, José estaba sufriendo los espasmos de un síndrome de abstinencia forzosa. Pasó lo que todos temíamos, iba a pasar, Karem, nuestra hermosa y eficiente secretaria, había terminado con José.

“Un hombre enamorado lo que dá, ¡es lástima!

— La Abuela

Le pedí a los otros chicos que nos dejaran solos, su estado de orfandad me recordó un viejo dicho de la abuela, “Un hombre enamorado lo que dá, ¡es lástima!” Mientras le alcanzaba las servilletas del desayuno intacto, alcancé a decirle: -Tranquilo, llora, puedo adivinar cómo te sientes-. “¡Y eso duele!” -pensé para mis adentros-. Ni imaginaba yo por aquellos tiempos que a la postre me convertiría en un Love Coach y un Matchmaker.

-A ver Karen, -le dije preocupado cuando las evidencias, pudieron más que los chismes sobre aquella desbalanceada relación-, Me temo que es uno de tus repentinos y explosivos encaprichamientos, José no es precisamente el tipo hombre con el que estamos acostumbrados a verte, -agregué- no quiero problemas y éste es uno, que sólo está esperando que ocurra, -No Sr. Domingo, esta vez no, José es el hombre de mi vida, estoy perdidamente enamorada de él.

He tenido siempre en mente que el amor, por poderoso, también puede tornarse en peligroso para los amantes así como para su entorno. “Alguien debería estar pensando en medir las pérdidas en tiempo y dinero que, los encuentros y desencuentros amorosos de sus empleados, causan a empresas e instituciones. Sería interesante conocer esos datos”, -pensé-.

Karen era mi mano derecha, en esa epoca teniamos cerca de cuatro años trabajando juntos, de modo que podía, porque era mutuo, hablarle con toda confianza. Alta, con un espeso y profundo pelo negro que resaltaba los ancestros italianos, de su cara pálida y simétricamente atractiva, Sin ser despampanante su cuerpo era, digamos que, discretamente bien proporcionado. Pero lo que realmente destacaba de Karen era su vitalidad, su energía y su sorprendente buen humor, aun en las situaciones más agudas. Responsable, Siempre dispuesta ayudar y a aprender. Los clientes la adoraban y luego supe que algunos de ellos hasta llegaron a enamorarse de ella, Me gustaba y todavía admiro, su tenacidad y su enfrentamiento constante a la adversidad.

La vida amorosa de karen era como una larga y ondulada montaña rusa, con largos intervalos de soledad y desamor e inauditos y empinados picos de felicidad, quien observara con cuidado, podría notar que era una alegría autoinflingida. Vivía sus subidones amorosos como una grandiosa fiesta, resaca incluida.

Para esos tiempos ya Karen estaba convencidamente decepcionada del amor, -¡Curada de espanto! -solía decirme orgullosa-, Ya no buscaba los influjos y los tormentos que agravaron su situación, -He aprendido bien la lección Sr. Domingo, -me decía-, -ahora soy yo la que enamora.

Buscaba un compañero que quisiera compartir su vida y sus probada estabilidad financiera, con ella y con sus hijos. Cuando elegía a alguien que llenara ciertos requisitos, no precisamentes relacionados con el amor, acometía, inspirada, una carrera -cuidadosamente planeada, -me confiaba entre risas-, para retenerlo. ¿-Y el amor Karen?

-El amor lo encuentro en el camino. Y si no, me lo invento!

Cuando karen se fijó en José, ya éste llevaba tres meses, en el primer empleo de su vida, con 22 años había logrado un grado medio en electronica e informatica, muy aplicado, serio, una estatura, más bien baja y un tanto rollizo. Las relaciones sociales, no parecían ser su mejor cualidad, las gafas redondas escondían unos inquietos y escurridizos ojos cafe.Ni guapo ni feo, equis, como dirian algunos jovenes,

Le tomó poco tiempo hacerse útil en el grupo, era focalizado, asumía los trabajos que requerían más atención y concentración, incluso, el roce del equipo y sus reuniones de los viernes, para tomar algo, mejoró gradualmente su timidez, se permitía sonreír a las bromas, mascullando entre dientes, algún comentario inteligente y mordaz. ¡Encajaba!

Pero la transformación monumental de José, le sobrevino cuando karen decidió despejar la equis de su inocencia y puso su mano en la suya como en un inocente descuido. Presionó a conciencia, leve, casi imperceptible, Para José fue como un fogonazo, una energía reveladora lo aturdió y lo convirtió en lo que se convierten todos los enamorados correspondidos. “En unos pendejos” -Hubiese argumentado la abuela-.

Se volvió un chico radiantemente desinhibido, más sociable, más proactivo. Al contrario de lo que uno pudiese pensar, su enamoramiento lo volvió más eficiente. Después supe que lo motivaba su ansia de regresar a la oficina, para verla, para hablarle para encontrarse y volverse a perder en ella, para apagar el sofoco y la avidez de un vicio recién descubierto.

Espera
No entendería mi mañana si te fueras
Y hasta te admito que tu amor me lo mintieras
Te adoraría aunque tu no me quisieras

— La Nave del Olvido (Dino Ramos)

-¿Y qué esperabas tú de José, Karen?, le llevas 15 años. -No sé Sr.. Domingo, no sé. -sonrió triste y continuo bajando el tono y la velocidad de sus palabras-, He tenido tantos fracasos, que no sé, creo que intentaba construirme el amor a mi medida -argumentaba-. Jugué a moldearlo, le enseñé hasta a besar Sr. Domingo, le enseñé a tocarme, a amarme como yo esperaría que alguien a quien yo quisiera, lo hiciera conmigo. -Me volvi a equivocar Sr. Domingo, perdóneme, por favor no lo despida, el no tiene la culpa, soy yo la que debería irse, creo que me importa más el hecho de no estar sola, que en la persona que me saca de la soledad, es un niño, si, es un chico lindo y tierno, pero no es para mi, su inmadurez me sofoca, me cansé. y sabe que? tengo suficiente con mis hijos.

El incidente revolvió por completo la armonía que mucho tiempo, nos había costado lograr. José estaba penosa y evidentemente acabado, abatido, como lo estuvo en los siguientes treinta días. Una sombra de llanto eterno, modificó el brillo de sus ojos. No era raro percatarse de sus inesperadas ausencias y luego encontrarlo en algún rincón del almacén o en el cuerto de baño, llorando su amor por Karen. Llegue a encontrarlo, arrodillado abrazado a sus piernas, implorándole sus noches y sus besos. Fué el colmo, enternecedor y patético. No hizo falta despedirlo, el mismo debió notar su alterada y constante tristeza, la disminución de su energía y su interés por el trabajo. y hasta llegué a temer, que también por la vida.

“Recuerda que no obtener lo que uno quiere, a veces, es un golpe de suerte maravilloso

— Dalai Lama

La última vez que ví a José, no hizo falta contarle, que Karen se había ido del país con su hija y “El Amor de su vida” Estaba tomado de la mano de una chica menuda, e inocentemente bonita, a quien me presentó como su novia. Al verla uno podría decir que, era su talla, en estatura y candidez. Estaba orgulloso, se sentía poderoso y feliz con Sofía, a quien recientemente le había propuesto matrimonio. Le felicité. -Estas hecho un hombrecito -le dije aprovechando una urgencia femenina-. Ya ves, -continúe-, todo pasa, y a veces para bien. Sonrió risueño, imagine la piel y el olor de karen apareciendo fugazmente en sus pensamientos. Pero el brillo de sus ojos era otro. el de un hombre que había aprendido en la oficina, su primera gran lección de amor, Nadie sale ileso de él.

Domingo Widen Lara

Love Coach — matchmaker

Madrid — España