¿El Amor es mental?

Me cuento entre los fans y los amantes del amor, con todo lo que ello implica, desde la procura del mismo hasta la constante lucha por retenerlo y alimentarlo.

Este blog pretende que mis experiencias, mis historias mis tips, puedan aportar a mis lectores apoyo y estímulo para tomar acciones que los mejoren a ellos mismos, en la búsqueda y logro, de la más poderosa y misteriosa emoción humana, El Amor.

De poco tiempo a esta parte, ya se escuchan algunas voces de la sociedad, reclamando que en los colegios e institutos, debería impartirse alguna enseñanza relativa a la inteligencia emocional. Nadie nos enseña las emociones, ni a identificarlas, analizarlas , ni a manejarlas, pero la sociedad nos penaliza duramente cuando no controlamos algunas de esas emociones.

Recuerdo, de adolescente, en una explosiva y hormonal tertulia entre compañeros de clase, que versaba sobre el amor, cuando lo dije. Lo solté como una sentencia, con ese tono memorable de los leguleyos, como una obviedad: “El Amor es un estado mental” Y continué: “Quiza uno no puede evitar enamorarse, pero una vez enamorado, uno puede desenamorarse, es una decisión”

También recuerdo los coléricos, legítimos y candentes alegatos en contrario, de una audiencia ávida de descubrir y experimentar ese poder, ese estado de gracia en el que parecen estar las personas cuando son secuestrados por el amor. Fui apabullado por una jauría de afiebrados adoradores. De nada sirvieron mis apasionados y escuetos argumentos, sin más soporte, que mis elucubraciones de adolescente y mi propia visión tratando de explicarse

Pasado unos cuantos años, experiencias mediante, debo de reconocer que no estaba tan equivocada mi curiosa y atrevida mente juvenil.

Esa idea nunca dejó de revolotear en mi cabeza. Creo que despertó en mí, una divina e insaciable curiosidad. Escudriñe el amor a través del amor de los otros y del mío propio, aprendí, observando y empatizando con los enamorados, me sorprendí a mi mismo atontado y torpe por ese rico y suculento veneno.

A lo largo de los siglos, el amor siempre ha sido un tema recurrente en la cultura humana, con incontables fanáticos y no menos detractores. La poesía, la narrativa, la música, la pintura y un largo etc. nos dan muestras de ello. Sin embargo, siempre nos lo han contado los enamorados, y por supuesto, eso lleva un componente altamente subjetivo, puesto que el amor para cada uno de los enamorados es único e irrepetible. Aun asi, te veras retratado compartiendo penas junto a sus detractores, que nos lo cuentan como un infierno, o te disfrutaras en alguna cadencia, en alguna frase, o alguna apología, de aquellos que lo vivieron como la experiencia más cercana a la divinidad

Es apenas unos pocos años con los extraordinarios avances científicos y tecnológicos, cuando la ciencia ha empezado a realizar investigaciones serias, y cuando digo serias, no estoy diciendo que todas las otras no lo hayan sido, digo que ahora tenemos incontables maneras y distintos ángulos para estudiarlo, social, evolutivo, antropológico y más recientemente, desde la Neurociencia. Esta última, al menos en parte, sin duda alguna, me ha dado la razón, sobre esta emoción humana que a tantos y por tanto tiempo, nos ha traído de cabeza, literalmente. Sí, el Amor está en ti, lo llevas contigo, en tu mente y en tu propia historia personal.

Creo que el amor es una especie de comando básico e imprescindible, un virus gusano, un troyano. que está alojado en nuestro cerebro más profundo y primitivo, que además, desde que somos concebidos comienza a incubarse, nutriéndose de toda nuestra experiencia de relacionarnos con los demás, esperando los imputs necesarios para activarse.

Desde que empezamos a ver el mundo, el amor se alimentará de las caricias, los besos, el contacto corporal, la comunicación directa de la madre, del padre o de todos aquellos con los que se compartan estos importantes primeros años de vida, donde aprenderemos a recibir amor, y también donde aprenderemos a darlo. Puede no ser fácil, pero rememorar esos primeros años, nos darán luces de cómo somos y cómo nos comportamos en el amor.

Ciertamente, no todo es ciencia, como bien lo saben los poetas y los amantes, el amor es mágico, es divino y delicioso. También duele, es infierno que quema, Y cada quien lo ha edificado en su altar particular, al que debo supremo respeto.

No obstante, esa urgente y poderosa emoción humana, tiene indicios y signos tangibles y reconocibles. estoy convencido que mientras más estemos conscientes de nosotros mismos, de nuestra memoria evolutiva y de esas visibles señales; más opciones tendremos para encarar el amor, para llegar y estar en él, de la mejor manera posible, y en el peor de los casos, salvar algo más que los muebles.

Domingo Widen Lara

Love Coach — Matchmaker