Ojos azules tienes.

Manda narices que hace hora y media escasa al entrar en la farmacia me haya quedado paralizado porque olía exactamente igual que uno de esos videoclubs en los que un yo infante de edad leve se pasaba todo el tiempo posible en los ochenta. Un párrafo demasiado largo. No me voy a parar a pensar demasiado. Lo que a veces debería ser un punto y aparte no necesariamente tiene que serlo. Párate, respira, identifica lo que quieres decir Y DILO.

“Escupe.”

Hasta hace no demasiado no entendía porqué estas cosas me afectaban tanto. Como no lo entendía, me obligué a preguntarme. Como me obligué a preguntarme, empecé a recibir respuestas. Al empezar a recibir respuestas, imaginé que dejaría de afectarme tanto.

“Estúpido humano corto de entendederas, ¿cuándo aprenderás?”

La nostalgia me repugna, pero no puedo borrar lo vivido y grabado a fuego. No puedo borrar ese tiempo en el que estar ante la pantalla o la página impresa era el único modo de escapar de todo el infierno que me rodeaba. Daba absolutamente igual lo que estuviera pasando a mi alrededor, lo único importante era lo que la tele me daba. Dos “dabas”: uno para empezar y otro para acabar. Quizás debería pensarme un poco mejor todo esto.

¿Cómo explicar lo que no uno sabe que no se puede explicar?

Hola, me llamo JotaPé, tengo 37 años y viví un tiempo en el que todo mi mundo, mi espacio, mi sitio, eran los cómics y libros que leía, las películas que alquilaba o pedía prestadas a mi primo y la burbuja que tuve que construir a mi alrededor. En ese tiempo en el que nos mudábamos cada dos por tres y siempre era el niño nuevo del microcosmos, los únicos rostros que no cambiaban y no me juzgaban por ser siempre el recién llegado eran los de aquellos personajes que una y otra vez me daban la bienvenida y aceptaban representar para mí su farsa.

Y no sé qué tipo de vínculo crea eso. Soy inculto, simple y bastante ingenuo. Pero cada vez que alguno de esos AMIGOS VERDADEROS parte para no volver, algo se me rompe por dentro y me devuelve a esos días. No es algo consciente, no es algo buscado, pero no voy a darle la espalda.

Dos “dabas”: uno para empezar y otro para acabar.

Empiezo: DA igual cómo quiera enmascarar, disfrazar o maquillar ese pasado que no volverá, es el que es, no puedo cambiarlo.

Acabo: nunca podré devolver lo que me DISTEIS: un espacio seguro en el que sentirme libre, en el que poder reir, llorar o asustarme sin ser juzgado por ello.

Sois muchos nombres distintos, pero la sensación de pérdida siempre es la misma.

Por cierto, qué primer plano tenías, cabrón. Pocos ojos y miradas han hablado así.

GRACIAS POR TODO.

P.D.: Dale un abrazo fuerte a Marty, Gilda, Dom y Richard de mi parte. Ah, y dile a los de arriba que no tengan prisa en llevarse a Mel.

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