El Tour de la Basura




Un día después del último carnaval, Vanessa nos sugirió en su casa de Taganga que hiciéramos un tour de la basura. Los habíamos contactado a ella y a Juan porque sabíamos que vivían en el pueblo, y estábamos fascinados con las historias del colegio Biyuca, la casa que no producía basuras y, claro, la constelación del Systema Solar.

Yo llevaba un día sin dormir, y quedé zumbado con la propuesta. La idea de un tour de la basura se fue materializando a medida que se aproximaba la apertura de El Habitante. Si nuestro propósito consistía en explorar formas más responsables de hacer turismo, la primera linea del nuevo código debía tener algo sobre la basura, ¿no?

La basura abunda en todo el mundo, por supuesto. Y parece que cava vez producimos más. Recorriendo los ancones de Taganga, es imposible ignorar las centenares de bolsas y botellas de plástico derramadas sobre los pies de Serankwa. Si llueve, la basura llega en masa al mar, al Caribe. Y lo puebla.

Y en medio de esa basura, en cada uno de los cuatro ancones que quedan [¿?], pescadores de Taganga. Refugiados bajo un cambuche de zinc, tomando tinto cerrero, jugando cartas, esperando. Uno de ellos recorre el extremo de la red, con careta y esnorkel, para avisar cuando se acerque algún cardumen.

Almuerzo en el Ancón Monocuaca, Taganga

Pocho es el guía de ese recorrido. Un taganguero de abuelo europeo, que habla con el mar y que sana con las manos. El nos presenta a sus amigos pescadores, él nos hace el alimento que comeremos. La ruta consciente se llama ‘Ancones de Taganga’, pero en realidad es el tour de la basura.