La Historia es la Anti-memoria

Pierre Nora presenta una interesante perspectiva que se resume en la siguiente expresión:

“La historia es una anti-memoria y, recíprocamente, la memoria es la anti-historia”

¿Como se llega a esa conclusión? Entendemos que tanto la historia como la memoria son representaciones del pasado. Podemos diferenciarlas en que la historia tiene como objetivo la exactitud en la representación; por otro lado la memoria solo pretende ser verosímil.

Por un lado, la memoria busca fusionarse con el pasado relacionándose con las pasiones y los sentimientos que atraviesan a los individuos. Ese pasado es moldeado por los afectos y los estados de ánimo. Resumiendo, la memoria es arbitraría y subjetiva. Está arraigada en lo concreto y lo personal

Por otro lado, la historia apunta a aclarar lo mejor posible el pasado. Se revelan las formas de lo que sucedió, ordenando y poniendo distancia con los hechos. Resumiendo, la historia busca ser objetiva y universal. Se vincula con las relaciones y los procesos.

¿Cómo pueden estar relacionados en la práctica dos términos que en principio parecen antagónicos, cómo el mismo título de la publicación lo sugiere?

Algunos historiadores consideran que la historia (por tener un carácter supuestamente objetivo y colectivo) debe combatir a la memoria (por encontrarse influenciada por los sentimientos individuales). En mi caso creo que ambos conceptos son complementarios e incluso necesarios para cualquier sociedad contemporánea.

La memoria tiende a perderse con el tiempo. Los recuerdos, por algún capricho de nuestro cerebro, son difusos o se esconden en algún rincón para ya no volver. Si los transmitimos oralmente, sin darnos cuenta los transformamos y los moldeamos. Si decidimos registrarlos de alguna forma, en realidad descubrimos que no poseen el mismo volumen ni la intensidad original. No perdamos el tiempo, la memoria tiene sentido si la entendemos como tal sin ningún objetivo de racionalizarla.

La Historia tiende a perdurar en el tiempo. Como disciplina científica tiene razón de ser en el futuro para las generaciones venideras. La construcción que hagamos de la historia, debe nutrirse de la memoria. Si la ignoramos, estamos pasando por alto la fibra íntima de la sociedad. En mayor o menor medida es necesario tomar rasgos de la memoria, para no caer en una historia alejada de la problemática inherente a lo más profundo de las personas.

Es cierto que en principio la Historia es la anti-memoria, y que la memoria es la anti-historia. Sin embargo, encontramos que son conceptos hermanos que se nutren uno del otro.

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