Cómo eliminar la pobreza a corto plazo

Escrito por Martín Burt, Director Ejecutivo

Debemos aplaudir el crecimiento económico de los últimos años. Está documentado que los empleos productivos creados por el sector privado son responsables de la disminución de la pobreza en el campo y la ciudad. El problema es que esta prosperidad no es compartida.

Una política de eliminación de pobreza deberá dejar de separar la política económica de la social. Deberá también dejar de basarse en los individuos, para basarse en las familias. ¿Un camino rural es política social o económica? ¿Sirve para llevar la producción al mercado o para facilitar el ingreso de una ambulancia? ¿Puede un niño ser pobre, analizándolo como individuo aislado? ¡No! Las familias son o no son pobres. ¿Ganar USD 57 (Línea de Pobreza Internacional) por mes por miembro de la familia nos hace “no pobres”? ¡No! Debemos superar el simplismo de medir sólo la pobreza monetaria y entender las múltiples dimensiones de la pobreza.

La pobreza multidimensional no tiene que ver sólo con los ingresos. Además, nos encontramos con la situación del empleo, vivienda, infraestructura, salud, medio ambiente, educación, cultura, organización y participación ciudadana, así como el estado de ánimo y la motivación. La violencia doméstica y la tolerancia hacia personas que no piensan como uno son tan determinantes de la pobreza como el transporte público y la generación de empleos dignos.

Las actuales políticas sociales están desorientadas porque se enfocan de manera dispersa y descoordinada en los individuos y no en las familias. Un programa de apoyo a la niñez aquí y un programa de prevención del embarazo adolescente allá, una capacitación a jóvenes para el primer empleo por un lado y un apoyo a los adultos mayores por otro. Lo más grave de esta evidente descoordinación de esfuerzos es el uso ineficiente de los recursos humanos y económicos, en donde varias organizaciones e instituciones pueden generar las trampas de la pobreza, impulsando el asistencialismo sin trabajar en el empoderamiento de las familias, como sucede por ejemplo cuando se otorga un subsidio económico a la familia, siempre y cuando su condición de vida sea deplorable.

Eso hace que los gobiernos siempre estén alejados de la gente. Normalmente las distintas instituciones públicas responsables del desarrollo humano y social actúan separadamente y con políticas parciales. La medida del éxito no es la eliminación de la pobreza sino aumentar su ejecución presupuestaria y el gasto público, creando la sensación de insatisfacción tanto en los administradores públicos como en la población. Y ocurre lo perverso: los gobiernos buscan aumentar la cobertura del asistencialismo y no declararlo obsoleto por innecesario.

No tiene por qué necesariamente ser así. Existe la tecnología (social y digital) para articular no sólo el trabajo de las instituciones del estado con el sector privado y la sociedad civil, sino también con las iglesias, la juventud, los sindicatos y los movimientos sociales. Pero la principal articulación debe ser con la gente misma, con todas las familias. No hay en el mundo 7 mil millones de habitantes; hay 1.7 millones de familias a razón de 4.5 personas por familia. Puesto que la pobreza es multidimensional y afecta por definición a todas las familias de una manera u otra, no tiene sentido dividir a la población entre familias pobres y no pobres. Se debe movilizar a todas las familias, darles protagonismo en la definición y solución de sus problemas y carencias.

No quedará ninguna familia pobre en el mundo: esa debe ser la consigna de los gobiernos, del sector privado y de la sociedad en general. Un tablero de control multidimensional permitirá que cada familia se auto-diagnostique y elabore, con apoyo de su extensionista familiar, su plan familiar para eliminar su pobreza y salir adelante. Todas y cada una de las familias saben cuáles son sus fortalezas y debilidades. Cada familia sabe su brecha. Y cada familia necesita una combinación específica de servicios para superarlas.

Al optar por familias y no individuos como unidad de medida, los gobiernos podrán contar con un hilo conductor que guíe su política de eliminación de pobreza. Asimismo, al realizar un autodiagnóstico familiar podrá contar con un perfecto diagnóstico de la situación real de la población.

La demanda de servicios sociales no es difícil de articular teniendo en cuenta la cantidad de familias viviendo en pobreza y la cantidad de organizaciones e instituciones gubernamentales que trabajan para erradicar esta situación. Conociendo la demanda y contando con extensionistas familiares, los gobiernos podrá impulsar dos innovaciones: un registro único de familias y una ventanilla única de servicios públicos.

¿Dónde comenzar? Identificando y capacitando a extensionistas familiares para que cultiven una relación de confianza y respeto con sus familias asignadas. Desarrollando planes de acción por región. Incentivando a las empresas del sector privado a que apoyen la eliminación de la pobreza que afecta a sus trabajadores. Sensibilizando a las familias y las comunidades para que busquen activamente superar la pobreza que les afecta. Redefiniendo la medida de éxito para que contemple el impacto real en las familias y no sólo el número de actividades realizadas durante el año. Impulsando incentivos para que la salida de la pobreza sea un buen negocio para todos. Y desarrollando mecanismos que impidan que las familias sean discriminadas políticamente y que su información confidencial sea protegida.