La Biblioteca Vasconcelos

Los seres más extraños de la Ciudad de México los he visto en la Biblioteca Vasconcelos. Ríen sin motivo aparente y su calzado siempre es precario. Caminan ociosamente por los pasillos. Toman un par de libros y se sientan a hojearlos. Se quedan dormidos y roncan. Escarban sus narices. Miran el techo durante horas. Si utilizan una computadora juegan Pac-Man o hacen dibujos en Paint. Salen a los balcones y miran la ciudad como si ésta los hubiera excretado.

Llevo un mes y medio sin poder salir de mi departamento. La Biblioteca Vasconcelos es probablemente el sitio que más extraño de la ciudad. Extraño sus pasillos largos que son como túneles. Sus enormes muros de concreto. El metal de sus estructuras. Las colegialas perdidas buscando algún libro. Sus sillas, sus ventanales, sus vistas. El chico de intendencia del séptimo piso que me reconoce con sus pupilas. Pero sobre todo, extraño a los extraños. Me gusta estar entre ellos. Me transmiten tranquilidad. Son seres que se deslizan tenuemente por la ciudad.