No recuerdo cuando comenzó. Hace un par de meses aseguraba que fue a los 19 años, después de leer Cien años de soledad. Vivía en Birmingham, Alabama. Era el único mexicano en toda la high school y extrañaba el DF.

No recuerdo porqué, cuando me fui al gabacho llevé ese libro. Tal vez me lo recomendó mi papá –es uno de sus libros favoritos–. El punto es que lo leí y quedé maravillado. El libro me recordaba a mi familia que se había quedado en México. Ursula era mi abuela, Remedios mi prima, Pilar Ternera mi tía...

Ahora sé que mi obsesión por los libros no comenzó ahí, sino(tal vez) muchos años antes cuando aprendí a leer. Esto me lo contó mi mamá. Tendría cinco o seis años y no me despegaba de los libreros de mis tíos. Las enciclopedias eran mis favoritas (los tomos de geografía y animales).

Pasta dura, verde. Hojas gruesas tipo papel fotografía. Mapas. Un felino negro. Polvo, mucho polvo. Es todo lo que recuerdo de aquellas enciclopedias. No más. No recuerdo ninguna pasión u obsesión por ellas.

Recuerdo un libro de los Simpsons. Lo llevé a la escuela y lo hojeé con alguno de mis amigos de la primaria. Después de eso no hay nada.

Secundaria: (en blanco).

Llegué al CCH. Ahí leí 1984 y Rebelión en la granja de Orwell. Un mundo feliz de Huxley. Los renglones torcidos de dios, olvidé el nombre del autor o autora. La milla verde creo que de Stephen King. Las batallas en el desierto de Pacheco. Tal vez hubo un par más pero los he olvidado.

Así que deserté del CCH y me fui al gabacho. Más por obligación que por gusto. Yo era un punk de aparador y odiaba al Tio Sam, al “gigante de las siete leguas” diría Martí.

En mi clase de Inglés, que es como aquí la clase de Español, leí “The Raven” de Poe, A Farewall to arms y The Old Man and the Sea de Hem, Canterbury tales de Chaucer (un dolor de cabeza), Beowulf de anónimo (migraña) y Macbeth de mi compa Chakespeare. Así que nada fuera de lo normal. Hay un detalle. Mi amigo Cristian (de Chile, un tipo bacan) que estuvo de intercambio en mi high school por un año, me recuerda como una persona de libros. Yo me consideraba un gamer. Saliendo de la escuela corría a conectarme para jugar Halo o Gears of War. Jugaba tantas horas que mis ojos comenzaban a llorar y me dolía la cabeza (peor que cuando leía Beowulf). ¿Será que soy un farsante? Probablemente. No lo sé.

Si bien, tenía un gustó por la lectura, que no es lo mismo que por los libros, hay un antes y un después de Cien años de soledad. Recuerdo que lo leí dos veces seguidas. Una detrás de la otra. En las sobremesas comentaba el libro con papá. Deduzco que por está razón, tenía la idea de que mi obsesión por los libros comenzó con 100 años de soledad.

Después de tres años y medio en el extranjero, regresé al DF. Entré en la UAM y comencé a leer libros desesperada y desordenadamente. Leía el 18 Brumario de Marx, Gargantua y Pantagruel de Rabelais, Morir en el golfo de Camín, más una pizca de Hesse y algo de Sartori. Pero no crean que este hábito a cambiado, simplemente lo he perfeccionado. Por un lado leo con el mismo desorden y por el otro sigo un par de temas. Por ejemplo, justo ahora leo La Historia de Cristo de Papini, Estética de lo obsceno de Batis, Misterios de la vida diaria de Ibargüengoitia, Las cartas de la ayahuasca Burroughs/Ginsberg este seria el paquete de lecturas desordenadas. Los temas son “la generación beat” y “La nota roja”. Así que leo a J.M. Servín y a Monsiváis para nota roja. Las cartas(B/G) y diarios de Kerouac para el otro tema. ¡Ah!, siempre leo a Rulfo, Pedro Juan Gutierrez y Pessoa, además de hojear un libro con pinturas de Basquiat.

Después pasé de ser un ávido lector a un coleccionista de libros. Comencé a comprar todos los libros que me interesaban y podía comprar. Después de 8 años terminé con una colección de 800 libros. He leído sólo el 35% o tal vez menos. Los últimos años he intentado reprimir el deseo de comprar libros. Ahora sólo compro ediciones que considero especiales. Ya sea por el empastado o la dificultad de poder conseguir el libro. Ejemplo, daría mucho por tener La cultura popular en la Edad Media de Bajtín y no daría tanto, porque no pienso pagar 600 pesos por Tristezza de Kerouac.

En estos tiempos estoy purgando mis libreros, dejando sólo lo esencial. Lo restante, a empolvar otro librero. Esto me ha ayudado a ahorrar dinero y utilizar más las bibliotecas públicas (todos los martes me encuentran en la Vasconcelos, por si me quieren matar).

Como todos, tengo mis excentricidades. El libro del desasosiego de Pessoa lo tengo en tres ediciones diferentes. Una es la más bella, compacta y cara (Pre-textos). Ideal para viajar. Otra es la que más utilizo (Acantilado, versión pocket), mi preferida. El libro está embarrado de cerveza y tiene trozos diminutos de marihuana entre las hojas. La tercera versión del libro fue un regalo. El libro está en mi librero, nunca se mueve, es un árbol de la sabiduría.

*Foto: dos de mis cuatro libreros.