A la izquierda

Jorge Matías
Oct 11, 2015 · 3 min read

No comparto la alergia y la desconfianza que buena parte de la izquierda siente hacia la ciencia. Mientras la derecha se guarda la pseudociencia para sí y muestra su irracionalidad mediante la religión, la izquierda no tiene complejos en ese aspecto. Se niega el conocimiento científico, y se hacen insinuaciones acerca de la parcialidad de la ciencia (como si la ciencia tuviera conciencia, como si un destornillador o una llave inglesa tuvieran voluntad propia), y sobre los científicos. Cuando se te ocurre decir que eso no es exactamente así, no tardan en pensar que eres un robot sin sentimientos, de mente fría y deshumanizada. También, aunque ni tan siquiera lo menciones, las acusaciones de estar insultando/ninguneando a la filosofía y a las humanidades en general, no tardan en surgir.

Recuerdo exactamente el día en el que fui consciente de este problema. Estaba en un bar en Entrevías con unos amigos, todos de izquierdas. En aquellos entonces se había prohibido la venta de un mejunje llamado Bio-Bac como medicina. El Bio-Bac era una estafa recetada por médicos sin escrúpulos, a la altura de la homeopatía. Pero alguien de nuestro entorno lo estaba tomando y algunos de los que estaban en el bar conmigo incluso lo reivindicaban. Eso trajo una serie de afirmaciones sobre algo llamado “ciencia oficial” — algo que, simplemente, no existe, hay ciencia o no la hay — y la farmafia. Por aquellos entonces los transgénicos no eran tan conocidos, así que no se me pudo acusar de estar a sueldo de Monsanto, pero sí de ser notoriamente estúpido por creer en la “ciencia oficial”. Afortunadamente, en medio de aquella discusión trajeron zarajos a la mesa, y ahí terminó todo.

El Bio-Bac nunca, jamás, demostró funcionar. Nunca pasó las pruebas por las que suelen pasar los medicamentos antes de ser comercializados, es decir, ningún estudio clínico controlado ha logrado demostrar eficacia superior al placebo. No era una “verdad oculta”. De hecho, hoy sigue comercializándose bajo el nombre de Renoven. Lo puedes comprar, a pesar de la conspiración internacional medicosionista iluminati que impide… bueno, en realidad no impide nada. Aunque se aseguraba que el mejunje curaba el cáncer, nunca ha curado nada en absoluto. Pero hoy puedes comprarlo y sentirte especial.

Periódicamente, la izquierda saca un demonio científico a pasear: Monsanto-transgénicos, las ondas electromagnéticas, la sensibilidad química múltiple… la lista no acabará nunca, amenizada por una buena dosis de síndrome de Galileo y otra más generosa aún de posmodernismo y Feyerabend. El problema no es tanto que alguien crea en estas chorradas. El problema es que hay gente dispuesta a llevar esas chorradas en un programa electoral, y que da igual lo que digas: si hay pruebas en su contra, te dirán que están manipuladas (por el capital, por la CIA, el FBI y la Trilateral, una de esas fabulosas conspiraciones que implican a miles de personas al mismo tiempo, destapadas por valientes individuos con ADSL que pasan mucho tiempo en Youtube) y si no son capaces de demostrar que lo que dicen es cierto, lo que ocurre siempre, la respuesta será exactamente la misma, más o menos. Cara yo gano, cruz tú pierdes.

Hace un tiempo, alguien de izquierdas me dijo que, cuando aparece un avance en medicina, lo primero que me tengo que preguntar es a quién beneficia. Me fui a casa sabiendo que lo primero que me preguntaré siempre, es si funciona. Y de ser así, cómo hacer que todos podamos disfrutar de ese avance. Eso, para mí, es ser de izquierdas. Lo demás son imposturas. Paja. Lo demás es ser reaccionario.

Jorge Matías

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Ateo. Ídolo del extrarradio. Enemigo.