Bragas a un euro

Ignoro si los calcetines en Primark cuestan un euro o dos. También ignoro si la mayoría de personas que colapsaron la Gran Vía madrileña durante la inauguración de los grandes almacenes pertenecían a la clase obrera, o eran pensionistas o residían en la Moraleja, aunque esto último lo dudo bastante. No está bien juzgar a los demás, pues la moral, como las opiniones, son como el culo, todos tenemos una.

Ruth Toledano ha publicado un artículo en eldiario.es lamentándose de que las personas que hicieron cola durante horas para, tal vez, pillar una ganga en el nuevo establecimiento, no estuvieran ahí para provocar disturbios (motines) o vete tú a saber qué revueltas populares, asambleas, asaltos al Congreso de los Diputados y supongo que en esa progresión, un octubre de 1917. No. Estaban ahí para comprar ropa barata. No nos explica Toledano qué, concretamente, hace incompatible manifestarse, protestar o amotinarse, con comprar en Primark, y tampoco parece que pueda haber llegado a la conclusión de que muchas de esas personas quizá han protagonizado huelgas, manifestaciones y sentadas. Dado que no puedo saber si esto es así o no, me es muy difícil encontrar a los que acudieron a Primark esos días más aborregados que el resto de la población.

La autora riza el rizo relacionando el pollo que se montó en Gran Vía con los problemas del sistema educativo de este país, como si colapsar el centro de una ciudad por la apertura de unos grandes almacenes fuera algo exclusivamente de gente sin estudios, como el que esto escribe. Cabe decir que, un poco más abajo de Gran Vía, en la Puerta del Sol, no hace mucho se inauguró una tienda de Apple, y se organizaron colas a la puerta para entrar. De hecho, exactamente lo mismo ocurrió con la inauguración de una tienda Apple en Barcelona en 2010, entre vítores y aplausos. No dejo de preguntarme qué extraña razón, que no sean bragas y calcetines a 1 euro, lleva a que se tenga tanta inquina hacia quienes hacen cola en Primark y no así a quienes hacen cola ante una tienda Apple. Por más vueltas que le doy, lo único que veo es un sesgo bastante claro. No olvidemos que un Mac es bastante más caro que unas bragas.

Es lógico que — suponiendo que todos los allí presentes sean víctimas de la crisis monstruosa que llevamos padeciendo tantos años ya — los parados se compren los calzoncillos, las bragas, los calcetines y lo que haga falta en el lugar donde pueden permitirse hacerlo. Es una lástima que la Gran Vía se transforme en un centro comercial de extrarradio y no en un gastrobar malasañero a ritmo de música indie, aunque quizá Toledano no se ha parado a pensar que realmente es más ecológico, dada la preocupación que parece tener al respecto, que un centro comercial esté en el centro de la ciudad y no tengamos que coger el coche para ir a comprar calcetines. Cierto es que eso reduce el número de gafapastas en los alrededores del comercio, no todo va a ser perfecto.

Existe en parte de la izquierda y en toda la nueva política ese desprecio hacia las clases populares, a los obreros y las currelas de toda la vida. No existimos o somos motivo de burla por nuestra supuesta puerilidad y cutrerío ávido de satisfacer los más abyectos placeres y de comprar gangas. Esa es la superioridad moral que exhibe Toledano sin rubor alguno, y ese es uno de los motivos por los que el Partido Popular gana elecciones. Es la misma actitud que se refleja en pueriles espectáculos televisivos como Callejeros o Hermano Mayor.

Esto ocurre cuando no pretendes comprender a los demás, sólo juzgarles. Cuando malamente tienes para alimentar a tu familia (y vuelvo a repetir que no sé qué llevó a todos y cada uno de los que invadieron Gran Vía a hacer cola durante horas, ni conozco sus vidas, ni sé si tienen empleo o no, o si tienen estudios superiores o no saben leer), lo que te queda es sobrevivir. Y se sobrevive mejor con bragas nuevas y limpias. Y si son baratas, quizá puedas comer un poco mejor.

Supongo que es difícil comprender que hay gente que no quiere vivir como tú quieres que viva, ni hacer lo que tú quieres que haga. A veces, es por pura cabezonería. Otras, la mayoría, simplemente les resulta imposible.