Félix y Ada

La falacia mil veces repetida en los últimos tiempos, eso de la generación más preparada de la Historia y la insinuación, a veces velada y a veces no tanto, de que nos gobiernan genuinos imbéciles y analfabetos funcionales, no se sostiene, pues todos o la mayoría de nuestros dirigentes tienen estudios superiores. Esto es así, y quien lo niegue está negando la realidad, por muy incómoda que sea.

Resulta curioso que casi nadie se pare a pensar que nos gobiernan gentes, no sé si normales, con estudios y posibles. Supongo que tiene que resultar ciertamente penoso asumir que quienes gobiernan están más cerca de los actuales preparaos que de pordioseros sin currículum académico que exhibir como el que ha cazado un tigre en la selva y expone la cabeza del mismo sobre la chimenea del salón. En este país no se valora el conocimiento. En su lugar, valoramos los papeles que tenga cada uno asegurando, que no demostrando, que aprendió algo.

Este error, o esta estupidez, ha quedado patente hoy en la vida política española cuando Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, y el presunto intelectual y seguro académico de la lengua Félix de Azúa, se han enzarzado en una polémica a cuenta de si la primera estaría mejor en una pescadería o si el segundo es un clasista repugnante.

Azúa, que está de vuelta de todo, pues él ya estuvo allí y sacó las conclusiones correctas, esto es, que siempre tendrá razón la tenga o no, insiste en una entrevista en Vozpópuli en que no es clasista, y que, y ahí ha pillado a Colau, parece ella más clasista que él, pues él no ve nada malo en ser pescadera o peluquera, lo que viene a ser como esos que dicen no ser racistas por tener un amigo negro y no ser homófobos pues tienen un amigo gay, pero que no lo llamen matrimonio, que lo llamen otra cosa. También asegura el ilustre académico que una persona sin estudios no entiende qué es misoginia.

En lugar de señalar la falacia lógica de Azúa (alguien no tiene estudios, luego debería dedicarse a otra cosa que el filósofo tácitamente considera inferior y no a gobernar una ciudad, pues no está preparado. Alguien que no tiene estudios puede entender qué es misoginia), Colau ha contestado con pruebas que acreditan que tiene estudios superiores, lo que es también, además de torpe, una forma de darle la razón a Azúa: no soy pescadera, que he estudiado. No soy pescadera, luego sé lo que es misoginia.

La torpeza, el orgullo, y ese sentimiento de superioridad que acompaña a todo el discurso neopolítico en general, difiere bien poco del discurso de Azúa. Apenas les separan unas gafas de pasta. De colores ácidos, que para eso es Barcelona.

Mientras unos se restriegan las titulaciones académicas con furia desatada, otros vamos escribiendo esta entrada en un smartphone de gama baja. Escribo esto en un autobús, rodeado de esa gentuza que nadie quiere ser y de la que todos prescinden: albañiles, limpiadoras, parados, camareros. Llevo unos pantalones de trabajo y unas botas de seguridad con suela antiácido. No tengo estudios, y como Félix de Azúa, no soy pesimista. Para serlo, debería ver las cosas peor de lo que son, y no es así: hoy he visto la trifulca entre estas dos personas, y la realidad es que Félix de Azúa es un gilipollas y Ada Colau no está preparada para ser alcaldesa a pesar de sus estudios superiores.

Estoy cansado después de un día de trabajo. Hacía frío y llovía ahí fuera. No tengo estudios, y mi clase social no es la de estos dos clasistas que se escupen los estudios a la cara desde sus poltronas mientras nos tratan con displicencia.