Hotel California

Don Henley, líder de los Eagles, dijo que Hotel California es un tema que habla de los excesos de una época decadente. El tema es de 1976, y esos excesos bien podrían ser el abuso de las drogas, como dijo el guitarrista de la banda Glenn Fey, admitiendo que ellos también habían caído en ello.

Había pasado más o menos una década del famoso verano del amor en el que toda una generación de chavales (y no tan chavales, como el tripster Timothy Leary) pensaban que el mundo se podía cambiar tomando LSD y haciéndoselo tomar a los que manejan el poder. Esa idea tuvo poco recorrido. Charles Manson y los suyos, asiduos al LSD, dieron el paso que, mirando atrás, parece ser que fulminó una generación idealista. La Familia puso en práctica los delirios de su líder, demostrando que las nuevas espiritualidades dan para las mismas atrocidades que las viejas.

Los hippies, junto con las nuevas sensaciones que proporcionaba el LSD también buscaron una nueva espiritualidad. Como el cristianismo en el que habían sido educados les parecía un instrumento temible de opresión, decidieron idealizar las religiones de otros, ya fueran el hinduísmo, el budismo, el Islam o las versiones hippies del cristianismo ajenas en su totalidad a las Sagradas Escrituras. Por supuesto, los hippies, adanistas sin remedio, no habían descubierto absolutamente nada. Esas espiritualidades ya habían sido exploradas por occidentales como Aldous Huxley, y los nuevos cultos religiosos que surgían por todo San Francisco sólo eran aparentemente nuevos.

El delirante Aleister Crowley (1875–1947), ocultista, místico, alquimista, mago y charlatán en general, ya había dado ese paso muchos años antes. Este heredero millonario fue criado por sus tías, quienes pertenecían a los Hermanos de Plymouth, una secta evangélica terrible y estricta a la que también pertenecieron sus fallecidos padres. De ahí que toda su vida Crowley buscara otras formas de espiritualidad, y de ahí probablemente los excesos en todos los aspectos de su vida, incluso los excesos en charlatanería. David Bowie, Ozzy Osbourne, Jimmy Page o Bruce Dickinson han sentido admiración por Crowley, la han reflejado en su música e incluso, como Page, en su vida.

Pero si hay un precedente en la búsqueda de nuevas espiritualidades debemos buscarlo en la Sociedad Teosófica. La muy charlatana Madame Blavatsky, acompañada de su fiel y cándido escudero Henry Olcott, quien tenía unas tragaderas y una fe a prueba de bombas, fundaron a finales del siglo XIX una religión cuyo nacimiento tuvo que ver con la oposición a las teorías de Charles Darwin, y es que la irracionalidad acompaña siempre, inevitablemente, a estas cosas. Hoy la Sociedad Teosófica tiene sedes en todo el planeta, e incluso llegó a tener un número considerable de adeptos en India. La teosofía nos dice que todas las religiones tienen algo de verdad, un tronco común, todas tienen algo bueno que ofrecer, y ahí estaba Blavatsky, Olcott o la crédula Annie Besant para demostrarlo. Y si no, siempre podías quedarte con la teosofía y dejar de lado todas las demás, que al fin y al cabo era su objetivo. De la teosofía surgieron otros delirios, como la antroposofía de Rudolf Steiner que de alguna manera influyó en los nazis, o el gurú Krishnamurti, que enseñaba cosas muy sabias sobre lo fútil que es tanto materialismo mientras conducía autos deportivos que costaban miles de dólares. Krishnamurti, hombre santo que sufría de una auténtica alergia al trabajo.

Esta pseudofilosofía, que ve algo bueno en todas las religiones, la seguimos sufriendo hoy, sin que la Sociedad Teosófica nos lo diga. En occidente, parte de la izquierda mal llamada alternativa no tiene reparos en señalar las atrocidades de, en el caso de España, el catolicismo. Pero no ocurre así cuando hablamos de otras religiones, que generalmente nos quedan algo más lejos. Se idealiza el Islam, porque al fin y al cabo no has sido educado en él, o al budismo, pues al fin y al cabo no has sufrido una muerte terrible por ser musulmán a manos de muy sádicos seguidores del monje budista Ashin Wirathu en Birmania.

En los 60 y 70 del siglo pasado, los gurús crecían como setas por toda California. Desde el cristianismo “socialista” de Jim Jones, predicador y antes vendedor de monos, y su Templo del Pueblo, con su posterior suicidio/matanza en masa en Guyana, hasta los seguidores del autor de bolsilibros de autoayuda de aeropuerto Osho, que perpetraron el primer ataque bioterrorista en 1984, intoxicando a más de 700 personas desde la comuna del Movimiento Osho, todos vieron florecer esa nueva espiritualidad y, probablemente, la oportunidad de sacar un dinerito a costa de los incautos. Bhagwan Shri Rashnísh, alias Osho, se situó pronto contra las religiones institucionalizadas, que eran todas las que no eran la suya. A lo que es seguro que no se situó en contra es al dinero ni a los abusos sexuales.

Así, los hay que cuando ocurre algo como lo que señalo en los párrafos anteriores, o cuando un cristiano mata a tres personas en un centro de planificación familiar, o cuando un concierto de rock and roll se convierte en un baño de sangre, señalan a los laicistas “radicales”, e incluso se permiten el lujo de señalar que somos una de las patas del fascismo, como si los nazis no hubieran intentado crear su propia espiritualidad o como si nada de lo relatado aquí hubiera sucedido nunca. Los que acusan de cosas tan peregrinas a los laicistas no únicamente son delirantes cristianos evangélicos o budistas ofendidos. En este camino de respeto por la irracionalidad, algunos laicos de izquierdas prefieren señalar a los laicistas cuando ocurre una hecho lamentable perpetrado por un creyente militante. Esto conlleva la paradoja de que el izquierdista que acusa a un laicista de izquierdas de ser una de las patas del fascismo, tiene como extraño compañero de viaje a un tipo tan poco recomendable como Scott Roeder,el asesino del médico abortista George Tiller en Kansas, quien en la web del grupo terrorista cristiano Army of God tiene su glorioso perfil y donde podemos ver que comparan sin rubor alguno al Dr. Tiller con Adolf Hitler.

Esta equiparación y este tipo de pensamiento es el que permitió que el 15M fuera asediado por sectas orientalistas o que la secta siloísta lleve desde finales de los años 60 del siglo XX infiltrándose en movimientos y partidos de izquierdas.

No hay un laicismo radical. Es laicismo, o no es laicismo. No disparen al mensajero.

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