Islamofobia.

Esta semana en las redes sociales se puede ver un considerable incremento de chistes sobre Jesucristo, su martirio, crucifixión y paseo por las ciudades de toda España. Algunos con mayor o menor acierto, unos más graciosos que otros, casi todos teñidos de humor negro. Esto está bien, una sociedad sana debe permitir la burla hacia las religiones. La crítica feroz hacia las creencias y costumbres religiosas es necesaria siempre. Esto suele levantar ampollas entre el fundamentalismo católico patrio y entre quienes presuntamente defienden la aconfesionalidad del Estado desde un punto de vista capillita. Pero rara vez encuentras a la izquierda señalando lo ofensivo que resulta para los creyentes el cachondeo hacia sus creencias cristianas.

Lamentablemente, esto sí ocurre cuando alguien critica el Islam, o se caga en Mahoma, o señala la tortura y ejecución de homosexuales en el país de mayoría musulmana que toque. En seguida acude alguien a tu cuenta de Twitter a señalar que eres islamófobo, que eres racista. Importa poco que el Islam no sea una raza y que precisamente lo profundamente racista es atribuir esa creencia a un color de piel, generalmente oscuro. Para defender la postura se suelen utilizar los argumentos más peregrinos, incluso por parte de ateos y presuntos laicistas: estás haciéndole el juego a los cristofrikis de derechas, o mi favorito los ateos debemos criticar TODAS las religiones como si no lo hiciéramos habitualmente.

Se recurre a todo tipo de falacias lógicas, argumentos de retrete e infantilización del habitante medio de cualquier país musulmán para señalar lo equivocado que estás y los problemas que estás generando con tus críticas o burlas hacia el Islam. Algo así como lo que le decían a Salman Rushdie cuando se dictó la fatwa contra él por haber escrito Los versos satánicos. Si lees la fallida autobiografía del autor, Joseph Anton, podrás comprobar que, efectivamente, los argumentos que se utilizaban contra él son exactamente los mismos, punto por punto.

Nunca nadie jamás te dice lo mismo cuando te burlas del cristianismo. Pero con el Islam, hay otra vara de medir. Aquellos jóvenes idealistas (y drogodependientes) que hace décadas veían en las creencias religiosas lejanas algo exótico a lo que afiliarse, como el miserable Cat Stevens, han dado paso a estos de hoy, que sienten una especie de respeto irracional hacia las creencias lejanas. Así, no es de extrañar que saquen pecho los postlaicistas y surjan engendros como eso llamado feminismo islámico, esa apología de la libertad de ponerse velo. Obsérvese que muy pocas veces se habla de la libertad de no ponérselo, libertad relativa o inexistente en muchos lugares que puede acarrear severos castigos para mujeres de las que jamás se acuerda nadie, menos aún los postlaicistas.

Una de las excusas que se esgrimen para ser más severo en occidente con las críticas al cristianismo que al Islam, es que el cristianismo (elija la versión que más le guste) lo hemos mamado aquí desde niños con todo tipo de imposiciones, y que en nuestras sociedades es el cristianismo uno de los puntales de la lucha contra las libertades. Dado que el Islam es una cosa que nos es ajena, no está en nuestra mano criticarlo. Si lo haces te estás apropiando de la lucha de quienes en sus países sufren a diario la dureza de una teocracia. Esto no es obstáculo para que los mismos que te dicen eso ignoren sistemáticamente a las feministas contrarias al Islam en países de mayoría musulmana o a los blogueros ateos y laicistas condenados a latigazos, cárcel o muerte por apostasía. Como no soy judío, me debe dar igual Auschwitz y como no soy negro me debe dar igual el KKK.

No son más que unas pobres excusas para evitar que te señalen como racista. Hay temor a ser señalado y vilipendiado, aunque el racismo está precisamente en ese determinismo cultural repelente que convierte a los habitantes de las teocracias bien en menores de edad o bien en estúpidos incapaces de asumir libertades para el infiel. Aunque es un hecho que en una sociedad más o menos laica hay más libertades, algunos aquí, en occidente, disfrutando de ellas, se permiten el lujo de decir que no está bien criticar las ejecuciones de homosexuales en otro punto del planeta. Aunque esto también tiene sus matices: si lo hace Arabia Saudí está mal, pero si lo hace Irán es propaganda occidental intentando desprestigiar una nación.

Cuando se le dice a un ateo que critica en un momento preciso al Islam que debe atacar todas las religiones al mismo tiempo, pues centrarse únicamente en el Islam sería racismo, se ignoran sistemáticamente las críticas que ya hizo hacia todas las demás en su momento preciso. Esta mala conciencia ronda por las cabezas malpensantes de la izquierda. Una izquierda que definitivamente ha abandonado el materialismo y la lucha por una sociedad laica. Una izquierda que prefiere una teocracia a un país laico al considerarlo una occidentalización, sea lo que sea eso. Una izquierda que te dice de quién puedes compadecerte o no dependiendo de hasta qué punto puedes romper un consenso no escrito basado en el silencio o la negación de la realidad. Por eso, el relevo lo está tomando la extrema derecha, el artista antes conocido como fascismo. El abandono de la lucha por el laicismo tiene estas cosas, que una respuesta humanista y democrática al salvajismo teócrata ha dejado de existir, y está siendo suplantada por una respuesta, esta sí, racista y criminal.

Pero ya lloraremos por esto, tranquilos. Al tiempo.