Lo nuevo es lo muy viejo

Leyendo el hastag #AsambleaIU, me he tropezado en la cuenta de Izquierda Unida con la siguiente declaración del flamante nuevo coordinador de la coalición en coalición con otros.

Se cansa uno de estas cosas. Decir algo así es casi decir nada, por no decir que es una estupidez. Las mujeres luchadoras de hoy poco tienen que ver con las brujas quemadas en la hoguera por la Santa Inquisición, pero no es esto lo que únicamente me preocupa y molesta. Cada vez más, los neopolíticos se presentan como el futuro y los innovadores del panorama político español, sea lo que sea eso. Lo cierto es que no es la primera vez que oigo y leo en la izquierda o en eso llamado “alternativo” una afirmación de este calibre. Este descenso a la idealización del pasado glorioso en busca de predecesores, este ejercicio teleológico, no es nuevo. Pero menos nueva aún es esa espiritualidad de pacotilla y ese enamoramiento del pasado brumoso.

En los años 60 del pasado siglo, hay muchos ejemplos de cómo el movimiento hippie no tardó mucho en llenarse de iluminados, fantoches, asesinos en serie y/o líderes sectarios, amantes de lo natural y luchadores de clase media del “qué hay de lo que me prometiste”. Para desgracia de estos innovadores de medio pelo, tampoco ellos habían inventado todo esto.

Rebuscando un poco en la memoria, un poquito nada más, he recordado a la insigne Annie Besant. Masona, ocultista, socialista, teósofa y feminista entre otros muchos -istas más, que sucedió al crédulo y cándido Henry Olcott, a la sazón compañero de fatigas de la creadora de la teosofía, Helena Blavatsky, al frente de la nefasta Sociedad Teosófica. La teosofía, una mezcla de teología y filosofía que no es ni lo uno ni lo otro, metió sus garras en todas partes incluyendo el Congreso Nacional Indio, uno de los principales partidos políticos de la India, siendo uno de los casos de apropiación cultural mejor visto por las turbas neojipis.

Besant tiene entre sus “logros”, la crianza y tutela del gurú que jamás trabajó en lugar alguno más conocido como Krishnamurti, que de tan espiritual que era abandonó la Sociedad Teosófica en cuanto pudo al darse cuenta de que el chorro de dinero que recibía de los crédulos podía continuar sin ayuda de la vetusta sociedad creada por Blavatsky, sociedad, dicho sea de paso, que inspiró la no menos nefasta Sociedad Antroposófica, madre de las escuelas Waldorf, de Triodos Bank y de supersticiones camufladas de ciencia como la subvencionada agricultura biodinámica.

Besant recorrió todo un camino de glorias a la izquierda para desembocar en el ocultismo de bolsilibro y la filosofía de baratillo. Desde la National Secular Society, donde promovió el secularismo y el feminismo y habló de la necesidad del control de la natalidad, pasó, de la mano del mismísimo George Bernard Shaw a la Sociedad Fabiana. Aunque mucha gente solo conoce la importancia política de Annie Besant, lo cierto es que su influencia está más ligada al ocultismo y a la promoción del gurú Krishnamurti (al que atribuía poderes sobrenaturales). Así, la Sociedad Teosófica probablemente hoy solo es importante en India, lugar en el que residió la estrella ocultista durante mucho tiempo.

En fin. Para el que esto escribe, eso constituye un giro a la derecha reaccionaria. Los hippies de finales de los 60 del pasado siglo quisieron volver a unas raíces que jamás habían tenido, siendo como eran hijos de su tiempo anclados en la clase media. Bebiendo directa o indirectamente del legado de Rudolf Steiner o Helena Blavatsky, los hippies no tardaron en ser presa de sectas new age e hipnotizados por creencias religiosas lejanas a las que podían romantizar por el simple hecho de no ser su religión materna. El cantante Cat Stevens, converso al Islam y que hoy se hace llamar Yusuf Islam, emuló, tal vez sin saberlo, el camino de Annie Besant, que también pasó por aquella conversión. Aquí caben también todas las sectas orientalistas como la de Osho (secta protagonista del primer ataque bioterrorista de la Historia moderna) y demás multimillonarios de la espiritualidad.

Muchas sectas desde entonces se han intentado infiltrar en movimientos sociales y de izquierdas, como es el caso del siloísmo o las sectas hinduístas que acamparon en Sol. Aunque generalmente no logran hacerse con el poder en ellos, lo que parece a todas luces indiscutible es que dejan una semilla ideológica y la impronta de la espiritualidad new age envuelta en papel de regalo nuevo. Y aquí está el problema.

No hay absolutamente nada nuevo, innovador ni vanguardista en todo esto. El tuit de Izquierda Unida con la cita de Garzón no es más que un pequeño reflejo de todo esto que emponzoña a la izquierda más de lo que me gustaría creer, esa simiente de lo irracional que menciono en el párrafo anterior. Este regreso a un pasado ficticio, que ya promulgaban la teosofía y la antroposofía y posteriormente los hippies, es profundamente reaccionario. Mientras tanto, una palada más en la tumba de Clara Campoamor y el engangrenamiento del movimiento obrero nos sitúan en un lugar tan reaccionario como el que representa el Partido Popular.

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