Racismo eres tú.

El Islam no es una raza. Hay musulmanes en todo el planeta. Los hay y las hay de cualquier grupo étnico, del mismo modo que hay católicos blancos, orientales o negros. A nadie se le ocurriría calificar de racista a alguien que esté en contra del cristianismo. Con los budistas ocurre exactamente lo mismo. Pero lo que sí es profundamente racista, colonial, fascista y miserable es considerar que el Islam está formado por una raza y una cultura inamovible que hay que respetar y aislar de toda influencia a toda costa. Contra el muy criticado determinismo biológico algunos contraponen un determinismo cultural digno de la Ahnenerbe tan querida por Himmler. Considerar que un determinado tipo de persona, generalmente de tez oscura llegada de alguna teocracia, es musulmana y por tanto, el grado de libertad del que tú disfrutas no es apropiado para él (o, generalmente, ELLA) es una obscenidad. Es exactamente lo mismo que piensa Marine Le Pen.

Esa visión abrumadoramente opresora la comparten teocracias como la de Arabia Saudí, así que enhorabuena a tanto moderno por compartir tan alegremente una visión wahabista del ser humano mezclada con una teoría racial que sonrojaría al mismísimo Himmler pero que sólo es aplicable al otro, que tú vives bien, eres muy moderno y estás liberado del yugo ancestral y rancio de la tradición. Mientras tanto, la batalla por el laicismo ya ha caído en manos de la extrema derecha europea, quienes se encargarán de darle la vuelta a la tortilla para imponer tradiciones y políticas cristianas conservadoras, expulsar a los refugiados e inmigrantes y darnos a los rojos y tanto pobre paleto jacobino lo que nos corresponde.

A veces os veo como a John Rambo combatiendo mano a mano con los talibán, pero desde el centro gentrificado de alguna ciudad europea.

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