Tres yonquis

Cuando era niño, el mal llamado cine quinqui arrasaba en los videoclubs. El cine español no ha retratado demasiado bien el mundo de la heroína, pero es en ese cine donde vi por primera vez yonquis parecidos a los que veía en el barrio. Para nosotros, chavales criados en un barrio marginal, aquellos choris y drogatas no eran exactamente héroes, como en el caso de las películas de José Antonio de la Loma, y ver una película de aquellas no constituía un viaje hacia la trastienda del progreso o un encuentro morboso con una realidad cercana y desconocida. Nosotros vivíamos en esa trastienda, y no haber caído en las drogas duras para mí sólo fue fruto del azar. Realmente nada me separaba, nada realmente significativo, de aquellos chavales que fueron cayendo como moscas años después. A veces pienso en esto, pero saberme libre de aquello sólo me produce desasosiego.

Fue después cuando me di cuenta de que los yonquis en la pantalla española quizá estaban siendo algo caricaturescos. Aunque Eloy de la Iglesia rodara sus películas con chavales de la calle que me resultaban cercanos, lo cierto es que tuve que esperar a Trainspotting para encontrar otra mirada, quizá algo más acertada, del drama de la heroína. A raíz de ahí, pasé bastante tiempo buceando donde pude en busca de películas que tratan el tema. Películas, libros, reportajes, lo que fuera. Curiosamente, en España parece que sigue siendo un tema tabú, los yonquis están muertos o en proceso de morirse, y como dice la canción de Lendakaris Muertos, ya no quedan yonquis de los de antes.

Lo que viene a continuación no son recomendaciones de películas, pues no sé hasta qué punto se puede tener estómago para enfrentarse a esto, y tampoco puedo decir que estas imagenes retraten fielmente el drama de la heroína, pues no lo hacen. Sólo es una pequeña lista con tres películas que me resultaron interesantes por alguna razón, la principal de ellas, claro está, la propia experiencia vital del drogodependiente, si es que a eso se le puede llamar vital, pues vida, lo que se dice vida, no se tiene cuando se es un adicto. Sea como fuere, si alguien se interesa en ellas, quizá podamos compartir opiniones.

Story of a junckie (1987)- Su título original era Gringo, el alias del protagonista, cuyo nombre real es John Spaceley, el yonqui del parche en el ojo subido en su skate. Se trata de una docuficción en la que el director, Lech Kowalski, se adentra en el submundo de la heroína en el Lower East Side neoyorquino. En la primera escena, vemos a Spaceley leyendo un cómic con una lupa, sentado en la calle. Poco después asistimos, con pelos y señales, a uno de sus chutes, mientras habla a la cámara.

La compañía neoyorquina Troma, orgullosa productora de cine basura, a veces sorprende con el buen ojo de sus dueños, Lloyd Kaufman y Michael Herz, que llevan produciendo clásicos de la serie Z como The Toxic Avenger o Tromeo and Juliet desde los años 70 del siglo pasado, con las películas que no producen pero distribuyen. Ellos son los responsables del cambio de título del film, ya sabéis que Kaufman no es precisamente un tipo dado a la sutileza, así que no es de extrañar el sensacionalismo. Que una compañía como Troma se atreviera a distribuir la película es significativo: en ella no hay elipsis que valgan, hay drogas, agujas, sangre, venas acribilladas, muerte y dolor a raudales, además de cierta moralina que la sitúa cercana — aunque muy por encima — al género mondo, recordando remotamente al espantoso mondo de 1982 The Killing of America. No es apta para todos los estómagos.

Su director, Lech Kowalski, debutó en 1980 con D.O.A. A Rite of Passage, mítico documental que se adentra en el mundo del punk y que contiene la famosa entrevista a Sid Vicious y Nancy Spungen en la cama, por el que pasan otras leyendas de la escena punk como Billy Idol, Paul Simonon o Mick Jones. Kowalski ha seguido dirigiendo documentales, principalmente sobre punk y rock.

John Spaceley, el protagonista de la cinta, falleció en 1990 a causa del SIDA. Los últimos momentos de Spaceley son retratados en otro film de Kowalski, Born to Lose: The Last Rock & Roll Movie, documental sobre el guitarrista de New York Dolls, Johnny Thunders, quien murió a su vez, parece ser, por una sobredosis de metadona.

El film se puede ver completo en el canal de Youtube de la Troma, donde además podemos disfrutar de su amplio catálogo de cine grosero, sangriento y cutre.

The Junky’s Christmas (1993)- Es un cortometraje de animación de plastilina dirigido por Nick Donkin y Melodie McDaniel, producido por Francis Ford Coppola. Narra la odisea de un yonqui, Danny, buscando un chute el día de Navidad, y tiene un final extrañamente tierno y, tal vez, algo turbador. Está basado en un cuento de William S. Burroughs, quizá el yonqui más famoso de la historia, con permiso de Nick Cave, y cuenta con la peculiaridad de estar narrado por el propio escritor, que se sienta junto a la chimenea muy navideñamente al comienzo de la historia, en lo que es una casi una parodia de la serie The Storyteller producida por Jim Henson, en la que el cuentacuentos John Hurt hacía lo propio. Escuchar la voz de Burroughs acompañando la historia es tremendo y casi un regalo.

I Need Drugs (2000) — Necro es posiblemene el rapero blanco más imbécil, machista y misógino que existe, y eso es ser mucho dada la competencia al respecto que hay en el sector, España incluida. Este videoclip, dirigido por el propio rapero, tiene como protagonista a su tío Howie (sí, sí, es su tío, no me lo invento) que es, o era, pues ya falleció, heroinómano. En este vídeo que acompaña el tema que da título a su debut en solitario después de pasar por Non Phixion, las letras de Necro se intercalan con las no muy sabias palabras del tío Howie, quien, como buen judío, no se inyecta heroína en sabbat, lo que supongo que le abrió las puertas del cielo al fallecer. En el habitual estilo zarrapastroso y desagradable de Necro, me llamaron la atención sus imágenes sucias y desasosegantes y la miseria que destila.