Indignado i

Pues ahí estaba yo, acompañado de dos compañeros de trabajo, yo cenando tranquilamente y entre tanto veía el fútbol, y ellos viendo tranquilamente el fútbol y entre tanto cenaban.

En el restaurante del hotel, prácticamente vacío, nos acompañaban en la mesa de la izquierda una pareja que charlaba tranquilamente. La calma que se respiraba invitaba a ello. A nuestra derecha dos hombres, sentados solos cada uno de ellos, y en barra los camareros. Él, conocido de tantas visitas al hotel, las conversaciones se resumían a un “buenos días, café con leche”. Ella debía estar recientemente incorporada, porque apenas unas semanas atrás de mi última visita no la tenía ojeada, muy educada también, “buenas noches, una clara con limón”.

Así, en medio de tan apacible cena, le da a ese pequeño granito de sal gorda, que se ahogaba en un baño de sangre en tal suculenta entraña de vaca de la que estaba disfrutando, por colarse por la tráquea. Después de toser por dos veces, y una sensación de impotencia que no había experimentado antes, yo, tan educadito, me salgo por la puerta del restaurante para no pertubar ese momento de sosiego del que gozaban todos en la sala.

Venga a toser una y otra vez, joder, que ya me faltaba hasta el oxígeno, al final se pasa el trago. Antes de entrar por la puerta, por un instante me doy cuenta que nadie ha tenido la delicadeza de haberse acercado hasta la puerta para al menos comprobar que no me había caído al suelo desmayado. Bueno, no debe pasarle nada, un susto, seguro que ahora entra, voy a seguir disfrutando de la conversación, la cena o el fútbol.

Qué puñetera humanidad, qué carajo le pasa a la gente, dónde leches han dejado la preocupación por el prójimo, el vecino, el tío de la mesa de al lado, el cliente, el compañero que parecía que se iba a ahogar y que con tanta educación se ha salido para que no nos moleste su imparable tos.

Me siento de nuevo en la mesa. Tras una broma de uno de los compañeros, unas carcajadas y a seguir cenando tranquilamente y entre tanto a ver el fútbol.