¿Lecciones de economía?

Comparar entre extremos no es una buena idea

Las lecciones económicas planteadas hoy por Juan Carlos Hidalgo en La Nación buscan desacreditar la idea de la necesidad de una reforma tributaria en Costa Rica con el ejemplo de Argentina, donde la presión fiscal está entre las más altas del planeta.

Poner de ejemplo al país de Maradona y el tango para demostrar cualquier tipo de desventura (o aventura) económica es empezar con el pie izquierdo.

No voy a meterme demasiado con la realidad del país del sur porque no quiero correr el eje de la verdadera discusión, que es la necesidad (o no) de una reforma fiscal en tierras ticas.

Sin embargo, debo mencionar algunos detalles de la realidad argentina para entender que la comparación hecha por el columnista de La Nación no es válida.

En Argentina no hay seguro social. No. Allí la salud es de acceso universal, es decir que cualquier persona, sea nacional o extranjero, con o sin trabajo, legal o ilegal debe ser atendido, y esto se financia con impuestos, no hay un aporte especial de los trabajadores ni de los empresarios para ello.

Argentina subsidia todos los servicios públicos. Esto es, que las personas no pagan realmente lo que vale la energía, el gas, el agua, el bus y el metro. Solo por poner un ejemplo, el costo real del bus en Buenos Aires[1] es de 14 pesos, de los que el usuario solo paga 5. El resto lo paga el estado. ¿Adivinen con qué?

Por último, Argentina está repleta de planes sociales y empleados estatales (en una proporción mayor a la costarricense / 18% vs 14%[2] de la población trabajadora) que, como habrá adivinado lector, se pagan con impuestos. No estamos discutiendo la validez de estos planes ni que habría que hacer con los empleados que “sobran”, pero tiene que quedar claro que Argentina es una máquina de gastar plata.

A esto, se le suma la corrupción a niveles que Costa Rica (afortunadamente) desconoce.

Por lo tanto, siendo la realidad Argentina tan alejada de la costarricense (y de la del mundo) es equivocado afirmar que Costa Rica no debe realizar una reforma porque “miren cómo está Argentina por tener impuestos altos”.

¿Acaso si Costa Rica aumenta sus impuestos se convertirá en Argentina?

Si fuera cuestión de un análisis tan simplista, podríamos compararnos con países como Suecia y Alemania que tienen altas tasas impositivas (similares e incluso mayores a las de Argentina).

Sin embargo, no por ello Costa Rica se transformará en alguno de esos exitosos países aumentando los impuestos.

El punto está en que no se puede realizar una comparación de un extremo a otro.

¿Entonces?

Hidalgo afirma que el planteo de la clase política costarricense es el de aumentar los impuestos para alcanzar el desarrollo, pero en realidad lo que está en discusión es una reforma para que el estado no quiebre (de más está decir que país quebrado no se desarrolla).

Costa Rica tiene un déficit alto (5,5% de promedio en los últimos cuatro años). Sí, muy alto. Y hasta el hartazgo hemos escuchado (y repetido en mi caso) que el país no puede seguir así.

El país gasta mucho más de lo que ingresa. Imagine si eso sucediera en su casa, ¿cómo cree que terminaría la situación? Bueno, el país también es su casa, la diferencia es que la economía del “hogar” no la maneja usted.

Ahora bien, como Costa Rica no tiene con qué pagar, se endeuda. Esa deuda genera intereses. Como el país viene pidiendo créditos hace años, la realidad es que el año pasado el 54% del déficit fue solo por pagar intereses (¡más de la mitad!)

Esto que acabo de mencionar es muy importante, así que memorícelo (además le va a servir para quedar como un erudito en las discusiones políticas que tenga con sus amigos): el 54% del déficit del país son intereses de deuda (el año pasado el déficit fue de ¢1,6 billones, y los intereses fueron de ¢875 mil millones), el resto es porque efectivamente, el país gasta más de lo que ingresa.

El estado gasta mucho. Es parcialmente verdad. El estado en muchas áreas tiene más empleados de los que debería y tenemos las famosas convenciones colectivas que en muchos casos son obscenas, y las insultantes pensiones de lujo.

Sin embargo, si se recortaran, ¿se solucionaría el problema? No. Si el estado congelara totalmente el empleo (esto es que no contrate a nadie) el país se ahorraría 0,4% del PIB (recordemos que el déficit es de 5,5% en promedio). Si los salarios estatales se congelaran el ahorro sería de 1%. La suma da 1,4% ¿qué hacemos con el resto del déficit?

Esto datos no los inventó quien escribe, sino que salen de un estudio del FMI[3] (fondo monetario internacional) que, claramente, no es una organización obrera.

Si quieren un poco más, podemos mencionar que las propuestas del FMI para reducir anualidades, dedicación exclusiva e incentivos habrían generado un ahorro de 0,28% del PIB.

Esto demuestra, de manera simple y directa, que la mayor parte del problema (pero no la única) es la insuficiencia de ingresos.

Queda entonces preguntarle al Sr. Hidalgo cómo resolvemos este enorme problema sin tocar impuestos y/o combatir la evasión.

¿Entonces II?

Los impuestos en Costa Rica son bajos y por si fuera poco, la evasión es alta. Esto es una realidad. A nadie le gusta pagar impuestos, y podemos pasar toda la noche (copa de vino o cerveza de por medio, sino no acepto) discutiendo la validez de la existencia de los impuestos. Pero lo que es innegable es que hoy el estado pierde plata y mientras siga así va a seguir pidiendo prestado, lo que va a terminar, indefectiblemente, en una crisis (recuerden Argentina en 2001, Grecia 2009, España 2008, etc.).

Argentina por su parte es una máquina de cobrar impuestos, el polo opuesto a Costa Rica. Solo un ejemplo basta: en Argentina el IVA es del 21%, en Costa Rica del 13%. Impuestos a ganancias, retenciones a productores agrícolas y ganaderos, impuesto al cheque, solo falta el impuesto al boludo para mostrar que se trata de dos países demasiado opuestos como para compararlos. Como fresa del postre, en Costa Rica buena parte de los servicios no pagan impuestos.

La conclusión es que si Costa Rica aumenta los impuestos de la manera que lo ha planteado Hacienda en su propuesta de reforma no se estaría ni a mitad de camino de Argentina.

Mi opinión

Si queremos salvar la situación no va a quedar otra que hacer un esfuerzo. Pero desde todos los sectores. El gasto debe reducirse, deben revisarse los abusos de convenciones colectivas y de las élites estatales, pero también hay que combatir la evasión y ver (a partir de allí) si tocamos los impuestos.

El incumplimiento tributario en el país es del 8,2% del PIB según Hacienda[4] (con esto hay que tener cuidado porque incluye no solo evasión, sino exoneraciones y elusión). Se deduce entonces que la evasión es sumamente importante.

El estado debe fortalecer a Hacienda para perseguir la evasión. Porque tampoco se trata de aumentar impuestos a los que siempre pagan, mientras quienes nunca lo hacen siguen viviendo a la bartola.

A partir de allí, y suponiendo que con lo de la evasión no fuera suficiente, tenemos que pensar en aumento de impuestos.

Queremos un país sano y que brinde servicios de calidad. Eso cuesta plata. Hay que hacer eficiente el estado, pero también tenemos (aunque no nos guste) aceptar que los ingresos del estado son insuficientes, y que aquí se paga poco en impuestos[5].

Sobre la cuestión del salario mínimo que se menciona en la nota (prácticamente se dice que es inútil y un problema para el desarrollo económico) no voy a gastar tiempo en responder. Decir que es perjudicial para la economía es negar todo lo que el siglo XX se ha encargado de demostrar.

Pero, como siempre es importante tener sustento, dejo dos souvenirs. Por un lado la crítica metodológica al documento al que se hace mención en la nota de La Nación acá.

El otro, un paper de la UCR donde queda claro que el aumento del salario mínimo no impacta de manera negativa en el empleo acá.

[1] Valores a febrero de 2016

[2] Cippec e INEC son las fuentes

[3] “Opciones para racionalizar el gasto del gobierno central”, FMI, 2013.

[4] “Estudio de incumplimiento tributario”, Hacienda, 2016

[5] Dejo fuera de la discusión a las contribuciones a las pensiones, por no ser estrictamente impuestos.