3. Vulnerables

Gustar gusta. Y a las instituciones, también.

(1) Es evidente que hay quien tiene necesidad de gustar, y dirige todos sus esfuerzos a ello. De no ser así, los gimnasios, Instagram o Twitter estarían medio vacíos. Y la blogosfera, para qué engañarnos. También hay instituciones que buscan gustar, que quieren tener seguidores e interacciones, no tanto por los votos, sino por gustar. Pero gustar no es lo mismo que atraer: la primera es una actitud pasiva, y la segunda, como actitud activa, es todo un reto.

Desde el 24M, observo y participo de esa nueva corriente que parece haberse adueñado de los perfiles institucionales, de tratar de comunicarlo todo, de generar una personalidad online alejada de lo puramente formal, tratando de acercar a la audiencia el trabajo de nuestros políticos. En la sociedad de la pantalla global, donde todo es multipantalla y se mediatiza, trabajamos con ficciones, con la idea que creemos que tendrá la gente de nuestras instituciones. Queremos gustar y atraer, aunque seamos instituciones estables a las que no se vota. [Nota mental: puede que sea buen momento para repasar a Lippmann para citarlo la próxima vez.]

(2) Este afán por abrir puertas y ventanas, mostrando hasta la tramoya, bebe de la idea-fuerza que tanto prostituyen algunos, como es el de la transparencia. Midámosla, démosle valores, critíquenla quienes la defenestran. Esta entelequia es la principal fuente de una verdadera vulnerabilidad. Queremos ver un espectáculo de crítica hasta los huesos porque eso es hoy lo que entendemos por transparente; que participe la ciudadanía en una sesión plenaria y que todo el mundo vea la cara de los políticos al escuchar lo que tiene que decir quien no ha abierto un diario en años. Tal vez sería más adecuado llamarle vulnerabilidad y no transparencia.

Piénselo: Consultar en el portal de vulnerabilidad, responsabilidad del área de vulnerabilidad, calculando índices de vulnerabilidad, porque la ciudadanía reclama más vulnerabilidad. No le pidan a un ciudadano medio que busque partidas en un presupuesto, pero sí que critique el salario bruto anual de un alcalde full time. Denle forma con un buen titular que atraiga clics, y se justificará el precio de banner, además de incidir en la vulnerabilidad del político y de la institución.

(3) A las instituciones les gusta gustar, pese a las vulnerabilidades. Pensaba sobre esto tras leer un post de Nanda Hernández en el muro del Director General Pep Cerdà, acerca de la comunicación del Consell de Mallorca, cuyo responsable conozco y respeto mucho profesionalmente. Pensaba en los plenos municipales en los que trabajo, y el ansia de protagonismo que alguno podría tener, con una ventana-pantalla al mundo en forma de YouTube en directo y en podcast. En que nos gusta gustar, trabajamos para atraer y queremos que nos acepten con nuestras imperfecciones, también las instituciones. Pero tal vez el ciudadano-votante piense que éstas son perfectas, inmaculadas, porque hasta ahora no veía más que la imagen proyectada, la sombra de la caverna platónica, la mano izquierda, mientras con la derecha nos robaban la cartera.

Bendita vulnerabilidad, porque es un camino sin vuelta atrás.