La e

Querido E.

Te escribo sin volverte participe de tu nombre por que sería complicado, y a veces las cosas van mejor sin pensarlas tanto, verdad?.

He caído en una suerte de brecha en la que no sé si se cae con más facilidad de la que se puede levantar el rostro. No, jamás ha sido mi intención interesarme en el número 9. No, no me he prendido a voluntad de la sensación a vacío que da recordar el presente en el que g l o r i a ! Tú ya no estás! Y a sí mismo, nadie más lo está.

Me sobreviene un aire a la nuca frío… Ojalá escribirte esto tomara de repentino alguna clase de sentido.

Aludo al instante que formaste en esta historia que corre como mi vida, como una memoria a olvidar y como una constante absurda de que el sentir a veces lleva a la locura y el creerse que se puede lidiar con ella, hubiese sido como mantenerle la fe ciegamente al padre que ha creído controlar la bendición del dios del que no tiene la certeza de que alguna vez haya existido. Cada vez recuerdo menos tu llanto. Cada tanto me olvido más de lo sucedido y me recuerdo más a lo que sucede.
Me he quedado apenas con la silla que forma una escalera, y los objetos me saben dulce, si me preguntas, tan dulce que no podría entender por que volver a buscar el sabor a alguien si aquí se está tan bien.
“Si aquí se está tan bien” y es maravilloso tratar de creerlo cuando el espacio no sabe más que a suelo y el suelo se comparte entre azulejos.

Revivo en mí los pedazos que encontré de ti, con la esperanza de sentir algo.
De provocarme al pecho alguna clase de calor y g l o r i a ! Que el calor me sienta a mí!.

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