New York, New York
Un sueño cumplido. Esa es la frase que mejor resume mi viaje a la maravillosa ciudad de Nueva York.
Mi sueño comenzó el 19 de febrero de 2011. De Sevilla a Madrid en Iberia, y de Madrid a Nueva York con ocho horas y media por delante.
Allí estaba, aterrizando el JFK Airport y entrando en una burbuja en la que todo me parecía increíble y surrealista.
Llegué al apartamento, muy acogedor y cerca de la famosa 5ª Avenida. Era por la mañana y comenzamos a adentrarnos en la Gran Manzana. Cada paso que daba me impresionaba más. Todos los edificios impresionantes y tan típicos como imaginaba. Todo el camino iba pensando: ¿de verdad estoy aquí, la ciudad de las películas?. Edificios altos con escaleras por fuera, carteles luminosos y extravagantes en cada calle, gente diferente, cosmopolita.
Central Park, Flatyron, China Town, Little Italy, la estatua de la Libertad, el Puente de Broocklyn… lugares emblemáticos de la ciudad que no pudieron pasar por alto. Pero, sin duda, lo que más me impactó fue The Empire State Building. Hicimos la cola, montamos en el ascensor y en tan solo cinco minutos subimos hasta la planta 124. Planta que me haría llegar más allá del cielo. Salí del ascensor, en frente me esperaba una terraza que rodeaba el edificio. Recuerdo que llegué a la valla y fue como si estuviera en otro mundo. Estábamos a -1º, la gente salía unos segundo y se entraba. Sin embargo, yo en ese momento no sentía el frío ni el aire. Solo miraba el paisaje e intentaba creerme lo que estaban viendo mis ojos. Nueva York entero bajo mis pies.
Otro impresionante e inolvidable momento fue la visita a Times Square. Un lugar en el que nunca sabías si era de noche. Luces de todos los colores te rodeaban. Imágenes publicitarias en movimiento. Llamativos carteles llenando de vida la conocidísima avenida de Broadway. Gente por todos sitios. Me sentí como Macaulay Culkin en Solo en Casa 2 tras perderse en Nueva York y verse rodeado de gente sin tener salida.
Llegó el día de irse, de despedirse de esa ciudad de película, ese ambiente americano. Era el momento de cruzar el charco. Otra vez en el JFK, el avión comienza a despegar y es ahí donde dije: Elvira, has estado en Nueva York y no te has enterado. En ese momento fui consciente. Nueva York no es un viaje, es una experiencia llena de emociones y sentimientos.
