Problemas, cerveza y algo de Irlanda.

Tu mejor amigo de erasmus. ¿Qué mejor excusa hay para coger un avión y poner rumbo a Irlanda?.

Ahí estábamos, 1 de octubre de 2015, aterrizando media hora más tarde de lo previsto en Dublín. Para empezar bien, el autobús que nos llevaba a Maynooth y el cual ya estaba pagado, salía en cinco minutos. Nosotros, perdidos en el aeropuerto, corrimos como pollos sin cabeza hasta que, a punto de perder los pulmones, vi un glorioso cartel al fondo donde ponía MAYNOOTH. Ese momento fue como cuando llegas al metro y consigues que no se te vaya en las narices.

Una vez allí, el día transcurrió normal (dentro de lo normales que podemos ser nosotros). Comimos en un McDonald’s…para no perder la costumbre. Compramos cerveza Guinness (los monederos lloraban) y comenzamos la noche: cerveza con la que casi vomito por el mal sabor, más frío en la comunión de pingu, pub irlandés, jóvenes irlandesas con máscaras de maquillaje y centenares de guiris bailando La Gasolina. La noche más común y tradicional que podéis imaginar.

El tiempo fue pasando y, mientras tanto, visitamos muchísimas ciudades: Dublin, Belfast y… más Dublin. Sin embargo, no nos hacía falta más. Belfast es una ciudad triste, llena de gente pero sin gracia, sin sangre en las venas. Pero Dublin era todo lo contrario. Una pequeña ciudad muy acogedora, con gente muy educada pero llena de vida. Típicos edificios de colores y con poca altura, tiendas de souvenirs llenas de tréboles y duendes verdes, la fábrica de la Guinness…

No puedo acabar sin recordar otra gran anécdota. Viernes por la noche. Fiesta en Dublin. Pub Dicey’s. Mi hermano, 17 años. Como en cualquier local, pedían el dni y ser mayor de edad para poder pasar. Mi hermano, sin tener idea de inglés, se aprendió de memoria (incluida la pronunciación) lo que tenía que decirle al portero. En la cola todos insistimos: Kike, dilo con naturalidad. No lo digas de carrerilla. Llego el momento, un portero de dos metros con una espalda en la que me podría esconder, le pidió el dni a mi hermano. Este utilizó el de Óscar, mi amigo erasmus, y dijo lo aprendido sin ton ni son. Mi hermano, sin poder defenderse en inglés, hizo un espanglish improvisado pero no hubo suerte. Sin embargo, tras varios intentos con diferentes carnés y un tiempo de memorización en inglés…¡consiguió pasar! (Después de todo este lío descubrimos que el portero hablaba español).

Y aquí acaba un pequeño resumen de un viaje inolvidable y, sobretodo, una experiencia. Si no estás de beca Erasmus, ¡aprovecha la de tu amigo como si fuera tuya!.

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