Confiá en mí: capítulo 12

Camila caminó por el pasillo la mañana siguiente con una seguridad en su andar que ni siquiera ella había visto antes. La gente la miraba fijo pero a ella no podía importarle menos, lo cual era fuera de lo ordinario para la chica que odiaba la atención. Luego de darle mucho qué pensar al tema, decidió que la única forma de salir viva de este lugar era aceptando quién era y cambiar lo que no le gustaba de ella. Ahora, la chica estaba en una misión y no dejaría que sus inseguridades se metieran en el camino a su objetivo: la Libertad.

Golpeó la puerta de Dante violentamente y esperó a que él la abriera. Se veía cansado y un poco enojado por la interrupción, haciendo que Camila olvidara por qué estaba aquí parada. No dejes que él afecte tu confianza: “Necesito hablar con vos”.

Dante frunció el ceño y miró al pasillo detrás de ella. Había niños mirando a ambos y él no estaba seguro por qué. Todos estaban dormidos anoche cuando el drama había sucedido, ¿así que por qué mierda estaban mirándolo fijo y por qué Camila estaba parada frente a él exigiéndole que le hablara? “Eh… ¿bueno?”

“Las cosas van a cambiar” ella declaró con firmeza, cruzándose de brazos y dando un paso hacia atrás. Él apretó sus cejas mientras esperaba que ella continuara hablando. Obviamente, ella sentía la necesidad de despotricar su ira, ¿y quién era él para detenerla? Además, no estaba seguro de si él sería capaz. “Ya no vas a afectarme más”.

Él se lamió los labios antes de salir al pasillo y cerrar la puerta detrás de suyo: “¿No voy a qué?”

Ella no esperaba que él saliera de su habitación: “Ya no voy a sentarme de noche pensando en lo que querés decir cuando decís ciertas cosas. No voy a tratar de hacer que hables conmigo cuando no tenés interés en eso porque francamente es agotador. No voy a aguantar tu mierda nunca más”.

“¿Cuándo te tiré mi mierda?” él preguntó, inclinando la cabeza de costado con una sonrisa en su rostro.

“Callate. Sabés lo que quise decir” ella gruñó, pero era incapaz de evitar sonreír. “Voy a salir de este lugar”.

“¿En serio?” Dante preguntó, su cabeza le quemaba al escuchar su respuesta. Ella sólo había estado aquí durante dos semanas como mucho y él acababa aparentemente de llegar a tener afinidad con ella. Él no quería que ella se fuera, cosa que le molestaba. “¿Cuándo?”

Ella se lamió los labios antes de descruzar los brazos de su pecho sintiendo la derrota: “Bueno, no estoy completamente segura pero estoy trabajando en eso”.

“Todos estamos trabajando en eso”.

“¡Bueno, pero yo voy a triunfar!” ella apresuró, cruzándose de brazos una vez más mientras su confianza volvía a ella. “Sin huir de todo. Ese es el primer paso”.

“Te deseo suerte” él sonrió antes de seguir de largo e ir al comedor. “¿Tenés hambre?”

No había razón para no hablar con él nunca más a pesar de que su mente le decía que no lo hiciera. Si se habían vuelto amigos, cosa que parecía ser el rumbo que estaban tomando las cosas, ella quedaría devastada cuando se fuera de este lugar. Pero aún así, todos necesitan amigos y simplemente estaría mal el negarle ese privilegio a Dante, o al menos esa sería la excusa que ella usaría.

En realidad, a ella le gustaba pasar el rato con él, lo cual era algo que jamás admitiría si alguien preguntara.

“Siempre” ella finalmente respondió antes de correr al encuentro con él. Caminaron en silencio al comedor y se quedaron en silencio hasta que se sentaron con su comida.

“Así que… ¿pensás en mí de noche?” Dante preguntó repentinamente con una sonrisa en su rostro. Ella se sonrojó y agarró un pedazo de su torta. “¿Estoy alguna vez sin ropa en esos pensamientos?”

Ella se rió entre dientes y sacudió su cabeza: “No. Gracias a Dios”.

La sonrisa de él se desvaneció y en vez de eso fue reemplazada por una mirada fulminante. Contempló lo que diría balbuceando un simple: “Mentirosa”.

Ella se rió, casi atragantándose con el pedazo de torta dentro de su boca: “Supongo que jamás lo sabrás” ella se burló mientras mordió un pedazo de la manzana que había elegido.

“Está bien si no vas a aceptar la mierda de nadie” Dante comentó con una sonrisa en su rostro. “Pero no deberías concentrarte en mí. No te hice nada. Ese chico Sebastián, sin embargo…”

Camila suspiró antes de mirar hacia otro lado: “Vos fuiste el que googleó eso…”

“No estoy diciendo que no lo hice” él contestó, tragando un pedazo de su torta. Miró su plato inseguro sobre qué decir. “¿Así que vas a dejar de hacer amigos con la gente entonces?”

“No tengo amigos acá” ella comentó sin pensarlo realmente bien. Dante asintió su cabeza con una mirada distante en su rostro. “Bueno, sólo quiero decir que…”

“No tenés que explicarte. Sé lo que querés decir”.

De repente, la alegre atmósfera se desvaneció y fue reemplazada por una llena de tensión. Camila se maldijo a sí misma por crear un problema mientras que Dante se mordió la lengua para evitar soltar su ira. No iba a gritarle a ella. Su ira iba dirigida a sí mismo porque era por su culpa que no eran amigos. La había rechazado y probablemente la hizo sentirse como mierda después de gritarle todas aquellas veces. Pero aún así, le dolía saber que ella no pensaba que fueran amigos.

“¡Eu, chicos!” Fran gritó mientras se sentaba al lado de Camila. “Noche loca la de anoche, ¿eh?”

Dante asintió su cabeza sin prestarle atención completamente al chico de cabello castaño. Estaba demasiado ocupado envuelto en sus propios pensamientos sobre qué tan idiota había sido. Camila también estaba demasiado ocupada pensando qué tan estúpida había sido para decir lo que dijo.

“Eu Fran, ¿vos considerás amiga tuya a Camila?” Dante finalmente decidió preguntar haciendo que Camila refunfuñara en dirección a él. Cuando Fran asintió con su cabeza en respuesta a la pregunta de Dante, Dante agretó: “Ella no piensa que seas su amigo”.

“¡Dante!” Camila aulló, volteándose hacia Fran preparada para defenderse ella misma.

Fran miró a Dante y entonces a Camila: “¿Por qué no?”

“Nunca dije eso” Camila se defendió, volteándose para mirar con furia a Dante. “Decile que estás bromeando”.

“¿No te caigo bien, Cami?” Fran preguntó con una mirada triste en su rostro.

Dante finalmente suspiró y sacudió su cabeza: “Te mentí, Fran. Ella nunca dijo eso”.

Fran estrechó sus cejas antes de mirar de vuelta al chico frente a él: “Mentir es malo, Dante. Deberías dejar de hacerlo”.

Dante soltó una carcajada ante la ironía de la declaración del chico de cabello castaño antes de sacudir su cabeza. Camila también, se sintió rindiéndose ante el humor de la situación con una sonrisa pequeña.

“Ahora voy a buscar mi comida” Fran balbuceó después de un par de segundos de silencio. Sin decir otra palabra, se levantó y caminó hacia la amplia selección de comida para desayunar.

“Perdón” Dante balbuceó instintivamente.

“No digas eso” Camila respondió, cruzando sus brazos frente a su pecho. “Pero no importa porque como dije, no voy a preocuparme más sobre por qué hacés las cosas que hacés”.

Las cejas de él se levantaron como si aceptara el reto que Camila ni siquiera se había dado cuenta que había sugerido: “¿Qué pasaría si te digo que estuve en un fatal accidente automovilístico? ¿Entonces te preocuparías?”

Ella se mordió el labio asintiendo con su cabeza: “¿Saliste lastimado?”

“Estuve en coma por dos semanas” Dante confirmó, asintiendo con su cabeza y una sonrisa en su rostro. “¿Ahora te importo?”

“No, ¿y sabés por qué?” ella preguntó. Él asintió a modo de respuesta antes de inclinarse hacia adelante en su asiento. “Sé que estás mintiendo”.

“¿Ah, en serio?” él preguntó lamiéndose los labios. “Me rompí el brazo también” se levantó las mangas hasta el codo y Camila no pudo evitar asombrarse al ver que él parecía estar en buena forma. “Necesité que me operaran porque fue una fractura grave”.

Camila se inclinó hacia adelante también después de mirar cuidadosamente la cicatriz: “Estás mintiendo”.

Estaban a centímetros el uno del otro y Dante luchó contra todo su ser para evitar volverse loco. Honestamente, él sólo quería cerrar el hueco entre ellos pero mantuvo su compostura: “Borja también estuvo”.

“Váyanse a un telo” Sebastián habló antes de que Camla tuviera la chance de suspirar con la nueva información. “¿Te sentís mejor, chabón?”

Le tomó un par de segundos a Dante darse cuenta que era a él a quien le estaban hablando. De verdad tenía que acostumbrarse al hecho de que Sebastián ahora lo veía como un amigo: “Supongo”.

“¿Por eso lo conocés?” Camila preguntó, interrumpiendo su conversación. Dante se volteó hacia ella con una sonrisa en su rostro.

“Ah, ¿así que ahora te importo?”

“¡Dante!” alguien detrás de ellos gritó, haciendo que la mesa entera se diera vuelta para ver quién estaba hablando. Dante tragó con dificultad cuando vio que era Borja el que estaba allí parado con sus brazos cruzados. Estaba luciendo una nueva mirada fulminante en su rostro reservada sólo para Dante.

Dante metió otro pedazo de torta en su boca antes de pararse y caminar hacia el chico: “Perdón por haberte desafiado anoche. No estuvo bien y en realidad yo simplemente estaba cansado. No tengo nada contra vos, chabón”.

“¿Qué le pasó a Lucio?” él preguntó mientras ponía su celular frente al rostro de Dante. Dante parpadeó un par de veces mientras trataba de leer lo que había en el teléfono de Borja. Era sólo un mensaje de texto con cinco palabras escritas que había sido enviado a Borja semanas atrás, pero lo más importante era que había sido enviado por Dante.

Lamento tanto lo de Lucio.

El rostro de Dante se puso pálido al recordar haber enviado aquel mismo texto desde la cama del hospital. Acababa de levantase y se le informó lo que había sucedido. Su padre le dijo que no le mandara un texto al chico, pero Dante sintió que tenía que hacerlo, así que envió el texto en contra de los deseos de su padre.

“¿Cómo es que me mandaste esto? ¡Ni siquiera te conozco!”

Camila se paró y comenzó a caminar lentamente hacia los dos muchachos, más que nada por su propia curiosidad, pero también porque quería ser capaz de intervenir si alguno de los dos decidiera atacar al otro.

“Yo… vos eras mi vecino, Borja” Dante contestó suavemente, dándose vuelta para asegurarse que nadie además de ellos estuviera a una distancia auditiva factible. La mayoría de los adolescentes habían vuelto a sus desayunos, salvo Camila. Estaba parada con una mirada compasiva en su rostro. Las pelotas que no le importo. Dante pensó para sus adentros antes de volver su atención hacia Borja. “Borja, Lucio está muerto”.

Los ojos de Borja se llenaron de lágrimas mientras el enojo fluía por sus venas. Lucio no estaba muerto. No había manera que esa mierda fuera posible. Borja había acabado de hablar con Lucio dos noches atrás, ¿lo hizo? No estaba seguro. No podía recordarlo. Pero mientras el chico frente a él lo miraba con empatía en su rostro, parecía más inclinado a creerle.

Con la ira dentro suyo rogándole que lo hiciera, Borja dio un paso al frente y le dio un puñetazo a Dante en la cara. Eso pareció atrapar la atención de todos en el comedor, pero simplemente alimentaba más la ira de Borja, así que golpeó a Dante una vez más.

Camila dio un paso al frente y puso una mano sobre el hombro de Borja: “Borja, calmate”.

“¡No me digas lo que tengo que hacer!” él gritó y empujó a Camila, haciendo que cayera al suelo. La confianza que alguna vez había tenido al principio del día se desvaneció mientras su mente se encontraba con recuerdos del pasado.

Dante, después de recobrar la compostura, miró a la morena que yacía en el suelo sosteniendo su muñeca del dolor. De repente ya no se sentía culpable. Se sentía enojado.

Alcanzando a ir hacia adelante, empujó a Borja antes de darle un puñetazo en la cara como el que él le había dado. Borja cayó inmediatamente y Dante se agachó para sentarse encima de él: “No la toques nunca más. ¿Me escuchaste?”

“Salí” escupió Borja, dando su mejor esfuerzo para tratar de que Dante se bajara de encima suyo, pero Dante era más fuerte y francamente estaba más enojado que Borja.

“Sé que estás caliente y confundido y te pido perdón por eso pero te juro por Dios flaco, si volvés a tocarla una vez más, te vas a arrepentir”.

Sebastián había salido de su asiento y estaba quitando a Dante de encima de Borja. Se había perdido el comienzo de la pelea, pero sabía que a Gonza no le importaría quién empezó y era su deber asegurarse que Dante no se metiera en más problemas de los que ya se había metido.

Dante se había rendido fácilmente debido al hecho de que nunca fue su intención lastimar a Borja. Miró a Camila, quién lo estaba mirando fijo con los ojos bien abiertos: “¿Estás bien?”

“¿Quién es Lucio?” Camila preguntó en un susurro. Dante cerró sus ojos lleno de dolor y Borja gruñó mientras comenzaba a recordar por qué había golpeado a Dante en primer lugar.

“Lucio es mi novio” Borja balbuceó, sentándose y limpiándose el rostro.

Sebastián se rió por un par de segundos antes de frenar: “Perdón, flaco. Sólo que no me puedo acostumbrar al hecho de que seas gay”.

Camila y Dante miraron ambos a Sebastián con exasperación, pero Sebastián no se dio cuenta. En vez de eso, agarró un par de servilletas y se las entregó a ambos Dante y Borja.

“¿Y Lucio está muerto?”

“No” afirmó Borja justo mientras Dante alcanzaba a decir: “sí”.

“¡Dejá de decir eso!” Borja gritó, haciendo que Dante mirara hacia otro lado.

Melisa y Gonza entraron a la sala de la mano preparados para disfrutar un excelente desayuno cuando vieron a los dos adolescentes sentados en el suelo, sangrando y a Camila sentada al lado de Dante sosteniendo su muñeca del dolor. Gonza maldijo en voz baja antes de avanzar hacia ellos.

“¿Qué pasó?” preguntó Gonza, temiendo la respuesta que recibiría. Era la segunda vez que Dante se había involucrado en una pelea desde que Camila había estado aquí y Gonza sólo podía preguntarse si emparejarlos fue tan bueno después de todo.

Sebastián explicó tanto como sabía y Borja explicó cómo Dante había hecho que se enfureciera en primer lugar. Gonza llevó a Borja a su oficina y le dio a Dante una mirada rígida. Camila tomó un respiro profundo antes de mirar al chico sentado al lado de ella.

“Gracias por dar la cara por mí” dijo ella suavemente. Él la miró y le mostró una pequeña sonrisa. “No tenías que hacerlo, igual”.

Dante pensó por un segundo antes de permitir que una pequeña sonrisa cubriera su rostro: “Para eso son los amigos”.

Ella se rió un poco y se paró, alcanzando a hacer que él también se parara: “Si somos amigos, entonces tengo una pregunta para vos”.

“Tirala”.

“¿Por qué dejaste que te pegara?” ella interrogó, ganándose una mirada confusa de parte del chico frente a ella. “No parecía importarte que él te estaba pegando hasta que me empujó. ¿Por qué?”

Dante no se había dado cuenta hasta ahora. Mientras más pensaba en ello, más se daba cuenta de la verdad detrás de las palabras de ella. No se había resistido y había resuelto que simplemente podría decir que lo habían tomado por sorpresa. Pero mentirle a ella a esta altura se veía mal, casi como si el acto más simple pudiera enviarlo al infierno. Así que en vez de mentir, tomó un respiro profundo y se lamió los labios.

“Porque es culpa mía que Lucio esté muerto”.

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