Confiá en mí: capítulo 33 parte 2

“Simplemente tenés que firmar acá” le informó Gonza, sosteniendo el delgado paquete blanco frente a Dante. Parecía desinteresado y molesto, pero Gonza no tenía otra opción. Era su trabajo asegurarse que estuvieran preparados para el mundo exterior y Dante lo estaba. Sólo que no lo sabía. “Vas a estar bien, Dante”.

Dante suspiró y asintió con su cabeza lentamente: “Lo sé. Estaba bien antes de que todo esto pasara y sé que voy a estar bien cuando me vaya” jugando con la lapicera entre sus dedos, suspiró otra vez, mirando fijo al papel como si estuviera firmando algo de vida o muerte. “Es sólo… digo, ¿cómo sé si ella va a estar bien?”

“Sólo tenés que tener fe” Gonza respondió simplemente lo mejor que pudo.

Dante únicamente soltó una carcajada seca mientras sacudía su cabeza: “¿Eso es lo que decía tu galleta de la suerte?” lamiéndose los labios una vez más, ubicó la punta de la lapicera sobre el papel y comenzó a firmar su nombre. Mientras más firmaba, más grande se volvía el sentimiento de culpa.

A pesar de estar un poco desalentado por la respuesta de Dante, Gonza sonrió y observó mientras Dante parecía esforzarse por escribir su apellido. Era como si no pudiera escribirlo. Era simplemente el hecho de que no quería escribirlo.

“Yo sólo…” comenzó Dante mientras ubicaba la lapicera sobre la mesa y miraba la cara de desilusión de Gonza. “Digo, de verdad pienso que ella estaría bien”.

Gonza se quejó y llevó su mano a su frente. Dante había pasado los últimos diez minutos discutiendo sobre el mismo tema: dejar salir a Camila o dejar que Dante se quedara. Era realmente simple, o al menos así es como le parecía a Dante. No le importaba si tuviera que quedarse por un par de meses más. Mientras eso significara que pudiera estar con Camila, haría cualquier cosa. “Escuchame, Dante. Camila necesita estabilidad en este momento. Necesita estar en un lugar donde las cosas son normales”.

“Puede quedarse en mi casa” Dante ofreció con entusiasmo. “En realidad, pensándolo de nuevo, mi casa probablemente sea más anormal que nunca. Pero aún podría quedarse conmigo y yo puedo ser su estabilidad”.

“Necesitás escucharme cuando digo esto” comenzó Gonza, únicamente para ser interrumpido por un par de palabras que le dieron escalofríos.

“Te lo prometo…”

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