Historia de amor inconclusa: parte 13

Él le consigue el regalo perfecto, y simplemente sabe que a ella le va a encantar. Es algo como todo lo que ha acumulado a lo largo de los años entre ellos, todos los chistes internos que tuvieron y las lindas conversaciones. Le consiguió un CD de Barbra Streisand Greatest Hits, unas monedas de cinco centavos de la vez que le hicieron una broma a Luciano robándole dichas monedas para que no pudiera ir ni volver del trabajo en colectivo y tuviera que moverse a pie durante una semana, la película Casablanca, y un chocolate Milka gigante (su favorito). Él decide guardar todo esto en una taza de té que encontró en una casa de antigüedades en el límite de la ciudad, sabiendo que le va a encantar eso, también, porque es vintage y tiene mucha historia. Pero también sabe que le va a encantar porque Felicitas es como una enferma obsesiva por el té. Es su bebida predilecta, más que nada porque es una cantante, porque ella afirma que cuida su voz, incluso aunque ella no haga mucho relacionado con el canto hoy en día. Él espera que tal vez una taza de té la ayude a recordar sus sueños y que no necesita ponerlos en segundo plano por nada ni por nadie.

También esconde una carta escrita a mano, una carta que preparó deliberadamente durante cuatro horas. Y él piensa que ese pequeño pedazo de papel tiene mucha más importancia que el resto de los regalos juntos, porque contiene en palabras todo lo que siente por Feli. Él sabe que es una jugada peligrosa, pero también piensa que tal vez Feli tenga el derecho a saber. Y, aunque sea estúpido, él siente que tal vez, solo tal vez, ella pueda sentir lo mismo por él. (Él trata de no tener esperanzas por eso, porque ella no solo está con alguien más. Ella está comprometida con alguien más, y él lo ha aceptado, pero no puede evitar sentirse de la forma que se siente cuando se trata de ella)

Ellos tienen una fiesta en la oficina una semana antes de terminar el semestre. Gonza termina consiguiéndole a Orlando un iPod extremadamente caro, cosa que molesta a todos porque claramente se excede del límite de veinte pesos que él estableció, y, fortuitamente, mientras se debate este tema en la sala de conferencias, Daniel consigue agarrar a Feli del hombro y lentamente alejarla del montón.

“¿Qué es?” ella pregunta una vez que él ha cerrado cuidadosamente la puerta detrás suyo. La oficina está vacía y tiene un aspecto espeluznante, sumamente en silencio excepto por los gritos ahogados que vienen del otro lado de la puerta. “Estaba como disfrutando del show”, ella se burla.

Sin emitir una sola palabra, él camina hacia el escritorio, agachándose y sacando la taza de té de su escondite.

Los ojos de Feli se iluminan. “¿Y esto es…?”

Él sonríe. “Espero que te guste, Feli, es tu regalo secreto”.

Feli aplaude excitada, dejando que se escape un pequeño chillido. “Ay, Dani”, dice sin aire, agarrando la taza de sus manos y encaminándose hacia la recepción, “esto es absolutamente perfecto”. Ella lo coloca encima del mostrador, sus dedos agarran ligeramente la carta. El corazón de Dani late en su pecho, sabiendo que todo podría revelarse en cuestión de segundos.

Feli corre la carta a un lado, jadeando levemente mientras le quita el papel al chocolate. De repente, Dani es consciente de qué tan egoísta sería si dejara que ella la leyera. La carta no es sobre ella, es sobre él, y él no puede dejar que esto posiblemente arruine el momento.

Él camina hacia ella, acercándose al mostrador. Ella está sonriendo, ojeando la contratapa de Casablanca y, lentamente, él desliza la carta del mostrador a su bolsillo.

“¡Dani, esto es increíble!” dice Feli sin aire nuevamente. “Me encanta, demasiado. Y no puedo creer que hayas hecho todo esto”.

“La verdad no fue ningún drama”, dice Dani. Pero Feli prácticamente lo tacklea, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de él, apoyando la cabeza en su mentón. Él también la abraza, intentando controlar su respiración, y piensa que es un buen regalo para ella.

Feli sigue sonriendo cuando se aleja, y mira al mostrador confundida. “¿No había una carta?”

Su corazón late contra su caja torácica. “Emm, no. Ninguna carta”.

Ella hace puchero. “Juraría que agarré una de…”

“Tal vez era el envoltorio del chocolate”.

Feli se encoge de hombros, pero no se ve completamente convencida. “Tal vez…”

La sala de conferencias se abre de par en par. Luego, le sigue el ruido de voces saliendo de la oficina.

Ahí estás” dice Shiana feliz, acercándose a Dani con un unicornio de peluche. “¡Este es tu regalo, Dani!”

“Eh, gracias” dice él incómodo, agarrando el unicornio gigante color arcoiris de Shiana de mala gana. “Es… es de verdad asombroso”.

Shiana festeja, comenzando a contarle sobre todo lo que tuvo que recorrer para encontrarlo.

Daniel encuentra a Felicitas observándolo, su mano cubriendo su boca mientras se esfuerza para no reír. Y piensa que con un regalo horrible y todo, la ha pasado bien el día de hoy.

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