Historia de amor inconclusa: parte 14

Gonza decide que todos necesitan tener un merecido descanso, por lo que alquila un barco (más que un barco, un verdadero crucero), le dice a los empleados que pueden llevar a quien quieran y establece que el viaje es obligatorio. A pesar de que la última vez que la vio fue hace semanas, Daniel decide llevar a Rosario.

Rosario supone que esto significa que ellos van a llevar su relación a un nivel más serio.

Dani no tiene las agallas para decirle que no podría estar más equivocada.

Felicitas lleva a Agustín, cosa que no sorprende mucho a Dani, pero que a la vez lo inhibe. Agustín lo golpea en la espalda, algo fuerte, cuando lo ve, y dice: “¿Cómo te está yendo, Dante?”

“Es Dani, en realidad” dice Dani, frotándose el hombro, y Rosario lo golpea en las costillas. “Ah, cierto. Esta es Rosario. Rosario, ya conociste a Feli. Este es Agustín, su prometido”. Él prácticamente vomita la palabra. Tiene un gusto agrio en su boca.

“Es un placer” dice Agustín, y está prácticamente relojeando a Rosario. Si Dani se preocupara más por ella, probablemente se sentiría incómodo. Pero una parte enferma dentro de él, una parte retorcida de su subconsciente preferiría que se le tire a Rosario antes que a Feli, aún sabiendo que él no debería tener esos sentimientos, que no tiene derecho a tener esos sentimientos.

Rosario se ríe a carcajadas, y luego está buscando el brazo de Dani, llevándolo a la esquina del barco. Feli dice que deberían juntarse más tarde para cenar, y él asiente porque ya está muy lejos de poder responder verbalmente. Rosario finalmente lo deja ir una vez que llegan a la parte destechada. Es julio y están todos cagándose de frío, y Daniel se pregunta por qué Gonza pensó que un crucero sería una buena idea. Él puede ver el rastro de su aliento en la noche al aire libre. Frota sus palmas entre sí con la intención de conseguir más calor corporal.

“¿No es hermoso?” le pregunta Rosario, observando fascinada.

“Sí, seguro. Como sea, ¿podemos ir adentro?”

Él ignora la mirada de reproche que le da Rosario mientras sus manos buscan sus bolsillos, y no es consciente de que ella escurre sus brazos entre los de él. Está demasiado ocupado pensando en Felicitas y Agustin, y el agujero gigante que se expande en su pecho.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Manu Cacace’s story.