Historia de amor inconclusa: parte 2

Felicitas está ya sentada en una mesa cuando él llega a la sala de receso, con una bolsa de papas y un doble cuarto de libra en una bolsa de papel en su mano derecha. Ella prácticamente lo recorre con la mirada, y él dice, con su dulce voz, “Eu, Feli”, mientras se sienta en la silla que está a su lado.

“Eu”, responde ella, jugando con su ensalada. Ella es vegana, pero no presta verdaderamente atención cuando Daniel está comiendo carne, lo que suelen hacer la mayoría de los vegetarianos y veganos. Claro, él jamás había conocido uno de verdad hasta Feli. Su hermanastro, Sebastián, come alimentos saludables, pero él a pesar de todo come carne y ese tipo de cosas. Él de verdad piensa que Sebastián y Feli se llevarían muy bien, aunque todavía no se le ha ocurrido una excusa para presentarlos.

En estos momentos es cuando Agustín está cerca de la oficina, que pareciera ser todo el tiempo porque ahora anda en una etapa de su vida donde “necesita descansar de tanto trabajo”. Casi como si pudiera darse cuenta de que la última cosa que Dani quiere es en este momento una visita de Agustín, el mismo aparece en la sala de receso, con una gran sonrisa en su rostro.

“Eu, gorda”, le dice a Feli, quien lo mira como si fuera el último hombre sobre la tierra, y Dani piensa que podría vomitarles encima. “Estaba sentado en casa, haciendo un poco de crossfit, ¡y pensé que podía caerte de sorpresa para el almuerzo!”

Dani comienza a sentir que su hamburguesa se atora en su garganta cuando Agustín dice “crossfit”, ganándose una rápida mirada de parte de su “adversario”. No es la primera vez que se pregunta qué podría remotamente ver Feli en este tipo.

“Sos un dulce”, dice Feli, apretando con afecto el brazo de Agustín (y, sí. Está bien. Quizás él tenga unos brazos gigantes, pero no vamos al caso). Dani observa el resplandor del anillo de compromiso y rápidamente, traga.

Agustín sonríe, la besa en la mejilla, y Dani sabe que si se queda en este lugar va a terminar vomitando su propio almuerzo, entonces rápidamente inventa una excusa para irse, diciendo que tiene que hacer un buen par de llamadas hoy, o de lo contrario tendría que ir por toda la ciudad reclamando a los deudores que le corresponden él mismo en persona.

Él no se pierde la cara de Feli, pero tampoco se pierde de la indiferencia de Agustín. La clásica: “Nos vemos, Dante”, donde después le cuenta a Feli sobre la puta cucaracha o algo así que acaba de matar en su departamento, y ella lo escucha. Dios, él solo desea que ella pudiera ver que, por sobre todas las personas, ella se merece algo mejor.

Totalmente furioso, revuelve sus hojas contables sobre el escritorio, causando que Luciano observe para donde está sentado. Luciano rara vez abandona su escritorio, y menos para almorzar en la sala de receso, porque piensa que es una pérdida de preciosos momentos de productividad.

“¿Quién se murió?” le pregunta, pero Dani sólo lo ignora, mordiendo enojado su doble cuarto de libra.

Veinte minutos después, Agustín y Feli aparecen, de la mano, y Feli deja que la bese antes de irse. Él le agarra la cola, y Felicitas se sonroja, y Daniel trata con todas sus fuerzas de no romper su lápiz en dos.

Así es como siempre son las cosas. O al menos, como están determinadas a ser siempre. Él tiene miedo, porque sabe que está enamorado de una chica comprometida.

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