MI MISIÓN

“¡Qué mierda, chabón!” gritó Francisco al micrófono que María le había comprado para navidad. Movió su joystick salvajemente del enojo. “¡Se suponía que tenías que cubrirme!”

María miró hacia otro lado antes de redireccionar su atención de vuelta hacia su libro. Odiaba cuando él jugaba al GTA con Lucio. Gritaban y sacaban toda su furia cada vez que morían, lo cual sucedía muchísimas veces. Ella cambió de página a pesar de no estar completamente segura de qué acababa de leer.

“¿Entonces qué vamos a hacer hoy?” preguntó ella, inclinándose hacia adelante. Él se volteó hacia ella un tanto sorprendido de que ella hubiera hablado antes de volver a voltearse para enfrentar a la televisión.

“¡Dale, chabón!” gritó él, levantando sus brazos en el aire ante la frustración. Esperando para volver a empezar a jugar, se volteó hacia su novia con una sonrisa. “No sé. Lo que vos quieras”.

Ella sonrió ampliamente al pensar en todo lo que podían hacer: “¿En serio? Porque siempre quise…” comenzó hasta que se dio cuenta de que él ya no le estaba prestando más atención. “Que me prestaras atención” gruñó sarcásticamente mientras lo observaba morir otra vez.

“Suena genial, nena” respondió él vagamente, apretando con violencia el botón ‘x’ para que su arma disparara a quien quiera que se atreviera a meterse en su camino. “Sólo dame un… ¡mierda! ¡Hay que estar al pedo!”

Mirando hacia otro lado, ella se paró del sofá y se dirigió hacia la cocina de él. No podía culparlo mucho por su inhabilidad de prestarle atención a ella. Fue ella la que le había dado el juego para su cumpleaños, pero honestamente no pensó que sería así.

La canción ‘Heroes’ llenó sus oídos mientras su teléfono sonaba desde su bolsillo. Echando un vistazo al identificador de llamadas por dos segundos, sonrió y colocó el teléfono en su oído: “Hola, ma”.

“Hola, amor. Sólo quería decirte que voy a salir por un par de horas” ella miró hacia otro lado pero sonrió de todas formas. Su madre se iba casi todos los fines de semana desde las vacaciones de invierno y realmente estaba comenzando a extrañarla. “¿Cómo te está yendo en tu cita con Fran?”

Casi como si hubiera dado en el clavo, oyó un sonido desde el living seguido por un muy enojado Francisco gritando: “¡Puto juego de mierda!”

“Ah eh… está yendo genial” mintió ella con una pequeña sonrisa en su rostro. “Supongo que voy a volver con él. Divertite hoy”.

“Vos también, amor” María esperó para oír el click que indicaba que su madre había colgado antes de poner el teléfono en su bolsillo. Suspiró, observando la cocina de él. Mientras contemplaba si debiera hacerse algo para comer o no, sintió a alguien deslizando sus brazos alrededor de ella por detrás.

Sonriendo, ella se volteó y vio a Francisco allí parado con una sonrisa en su rostro: “¿Por qué viniste para acá?”

“Me aburrí” respondió ella con total honestidad, sintiéndose instantáneamente culpable cuando lo vio hacer una mueca. “Además, llamó mi mamá”.

Él suspiró y la atrajo en un abrazo: “Perdón”.

“¿Por qué?”

“Hoy éramos vos y yo” comentó él, inhalando más profundo mientras el perfume de ella llenaba sus fosas nasales. “Y lo arruiné”.

Ella se alejó y lo miró con una sonrisa: “Todavía hay tiempo y además, no debería esperar que dejes el GTA por mí”.

“Sí deberías”.

“Lucio va a estar muy enojado…” cantó ella con una pequeña sonrisa en su rostro. Aquello era cierto y mientras las palabras entraban a los oídos de Francisco, él se alejó.

“Mierda”murmuró él, alejándose del living. Ella lo siguió confundida antes de verlo volver a la play station.

Ella no debería haber sacado el tema de Lucio. Debería haberlo sabido.

Haciendo una mueca, volvió al sofá y observó a Francisco volver a ponerse el micrófono: “Flaco, tengo que irme” ella sonrió y esperó a que él continuara. “No, flaco. Mar está acá. No puedo jugar otra misión… callate. No soy un sometido… como sea, chabón. Te veo mañana”.

Apagando la playstation, él se volteó para enfrentar a su novia. Caminando hacia ella, se sentó al lado suyo y descansó su cabeza en el regazo de ella, quien pasó sus dedos por el cabello de él y lo observó mientras comenzaba a sonreír.

“Me encanta cuando hacés eso” susurró él.

Ella se rió entre dientes y se inclinó para besar la nariz de él: “¿Sabías que dicen que cuando un chico te elige antes que al GTA es uno que vale la pena?”

“Estuve tratando de decirte todo este tiempo lo genial que soy” bromeó él, arrugando su nariz. “Vos sos más importante que ese estúpido juego” después de pensar por un par de segundos, agregó: “No le cuentes a Lucio que dije eso”.

Ella se rió y sacudió su cabeza: “No me atrevería”.

“Bueno, porque tendría que usar medidas extremas si lo hicieras” él se sentó, de mala gana y fue hasta su televisión. “¿Querés mirar una peli?”

“Obvio”.

Ella caminó hacia él mientras sacaba una multitud de películas del estante: “Bueno, podemos ver Iron man, Spiderman, Los vengadores o el Capitán América. Vos elegís”.

“¿Qué? ¿Nada de Batman?” preguntó ella sorprendida. Si había algo que ella sabía sobre Francisco era que amaba absolutamente a Batman. Christian Bale era su modelo a seguir y habían visto la película alrededor de diez veces desde que comenzaron a salir, que conste que venían saliendo 7 meses.

Él la miró y se lamió los labios: “Christian y yo no estamos en muy buenos términos por el momento, pero si vos insistís…” sonrió mientras agarraba Batman del estante. Felizmente, deslizó el DVD en el reproductor y agarró la mano de María para traerla hacia el sofá.

Segundos después, el teléfono de Francisco sonó y una imagen de Lucio apareció en la pantalla. María suspiró mientras Francisco le sonreía a modo de disculpas: “¿Qué pasa, chabón?”

“Volvé a meterte. Este pibe de 11 años piensa que tiene la posta” Francisco miró hacia otro lado hablando con su amigo, pero no pudo evitar morderse el labio ante el asombro. Siempre le gustaba ganarle a los chicos más jóvenes para enseñarles que no eran lo suficientemente habilidosos para jugar contra él.

Suspirando, sacudió su cabeza: “No puedo, chabón. Estoy con Mar”.

“¿Qué te dice?” preguntó ella, mientras la canción de Batman sonaba por toda la habitación. “Podés jugar si querés”.

Francisco se volteó hacia ella y la miró antes de suspirar: “Sólo vas a tener que romperle el culo sin mí”.

“Pero…” él comenzó, pero Francisco había cortado y se inclinó de vuelta en el sofá, trayendo el control remoto y apretando play.

“De verdad podés jugar. No voy a ponerme en tu contra”.

Él pensó por un par de segundos antes de lamerse los labios y sonreír: “Pero entonces no sería un chico que vale la pena y eso para mí no es aceptable”.

Ella sonrió y se inclinó hacia donde estaba él: “Eso es cierto. Muy cierto”.

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