Oportunidades parte 3

“Francisco, necesito decirte algo”

Usualmente aquellas palabras no significaban mucho para un adolescente, pero para Francisco Fernández eran horripilantes. E incluso más cuando Javier Fernández era aquel que las decía. Ocho años atrás, Javier había usado las mismas palabras exactas para decirle a su hijo que su madrastra había muerto. Desde aquel entonces, Francisco asociaba aquellas palabras con hechos terribles. Cuando Gonza tuvo su accidente o cuando Javier había encogido su pulóver favorito en el lavarropas, su padre había usado aquellas palabras. Javier seguía olvidando qué tanto aterrorizaba a su hijo y seguía diciéndolas incluso aunque nada malo hubiera pasado. Como esta noche.

“Francisco, necesito decirte algo”.

“Te escuché la primera vez” dijo Francisco un tanto nervioso mientras ponía su lapicera arriba de la mesa. Había estado haciendo tarea en el living antes de que su padre se sentara frente a él. Evitó los ojos de su padre, porque si eran malas noticias (y en aquel momento Francisco asumió que lo eran) entonces quería posponerlas lo más posible.

“Yo… yo no estoy seguro de como pueda decirte esto, pero… ah…”

Eso sólo lo empeoraba y los peores escenarios posibles aparecían fugazmente en la cabeza de Francisco. Su padre estaba enfermo, iba a morir, él sería huérfano. Los sentimientos que había tenido cuando su madrastra estaba en el hospital, luchando por su vida, volvieron repentinamente hasta que su padre finalmente reveló el gran secreto.

“Estoy saliendo con alguien”.

Francisco se quedó mirando a su padre durante dos segundos, sin ser capaz de procesar lo que él acababa de decir. Luego suspiró aliviado y maldijo en silencio a su padre por casi provocarle un infarto. Y luego de eso una sonrisa irrumpió en su rostro. Comenzó débilmente, pero creció más cuando se dio cuenta de que probablemente sabía con quién estaba saliendo su padrastro. No iba a decirle eso a su padre, así que preguntó inocentemente: “¿Saliendo? ¿Con quién?”

“¿Te acordás de la fiesta a la que me forzaste a ir? Bueno, ah, conocí a alguien ahí y ah…”

“¿Pero quién es?” Francisco ya estaba en realidad celebrando, pero trataba de mantener su actuación.

Javier suspiró: “Bueno, esa es en cierta forma la parte difícil. La mujer que organizó todo, esa es la mujer con la que estoy saliendo. Pero como también sabés, es la madrastra de Daniel. Sé que eso complica las cosas, pero espero que le des una oportunidad”.

Una gran sonrisa iluminó el rostro de Francisco mientras encontraba los ojos de Javier: “¡Obvio que le voy a dar una oportunidad! Digo, Daniel y yo somos amigos y su mamá parece buena por lo que escuché de él, así que no veo por qué no”.

Ahora Javier también sonrió. Parecía como si de verdad le hubiera preocupado que su hijo no aceptara el hecho de que estaba saliendo con alguien. Ni siquiera notó que Francisco estaba un poco bastante feliz por él o que no parecía para nada sorprendido. Sólo sonrió, conversó un poco con su hijo sobre su primera cita y luego prendió la televisión.

Francisco observaba mientras su padre ponía sus pies sobre la mesa al lado del café y cambiaba el canal a alguna especie de partido de fútbil. ¡Su plan había funcionado! Su padre estaba saliendo con la madrastra de Daniel. Estaban a punto de enseriarse y ella iba a ver qué tan a la moda estaba e iba a ayudarlo a conseguir una pasantía en Cosmopolitan. Bueno, tal vez eso fue un poco bastante rápido, pero Francisco estaba un paso más cerca de cumplir su sueño.

No pudo concentrarse más en su tarea, así que decidió llamar a su mejor amiga para contarle las buenas noticias.

“¿Hola?”

“¡Melisa! ¡No vas a creer lo que mi papá acaba de contarme!”

“¿Qué cosa?” ella preguntó tan entusiasta como él.

“¡Está saliendo con la madrastra de Daniel! ¿Te acordás de mi plan?” bajó el volumen de su voz a pesar de que estaba en su propia habitación ahora y su padre no podía oirlo.

“Sí…”

“¡Está funcionando! Se conocieron en esa fiesta que hizo la mamá de Daniel y ella le dio su número y después él la llamó un par de veces y le preguntó de salir. Hasta ahora tuvieron tres citas y mi papá piensa que va a ser serio. Sí me pidió que no le cuente a nadie, porque sólo se conocen hace más o menos un mes. Así que podría ir mal fácilmente, ¡pero esto es una buena señal! ¡Mi plan va a funcionar!”

Él estaba tan lleno de regocijo que apenas notó que Melisa no sonaba tan entusiasmada como antes: “Es genial, Fran”.

“Me pregunto si le contó a Daniel sobre ellos. Supongo que sí, porque de no ser así yo accidentalmente se lo contaría. Podés creer que si ellos se casan, yo sería casi de la realeza. Sería un verdadero ícono de Avellaneda al lado de los Aranis y los Stutzen y los Cápumann. Los Fernández. No suena tan mal…”

Francisco siguió hablando sobre su padre, su posible futura madrastra, sus sueños y hacerse amigo de verdad de gente como Daniel y Nélida, pero Melisa no decía mucho. Lo dejó que hablara completamente él, cosa por la que estaba agradecido. Simplemente necesitaba expresar todo su entusiasmo con alguien. Su plan funcionaba. Estaba a cargo de todo y alcanzando su objetivo.

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