Oro puro parte 2

La biblioteca era el lugar perfecto para esconderse, pensó Martina mientras se acurrucaba en la silla de una esquina solitaria de la biblioteca de la escuela. No se suponía que comiera en la biblioteca, pero no había nadie que le dijera que no lo hiciera, así que estaba comiendo el almuerzo que su ama de llaves había hecho para ella. Generalmente no comía cosas traídas de casa, pero desde esta semana prefería pasar tiempo sola con un almuerzo hecho en casa que entrar al comedor de la escuela. Los susurros en los pasillos y durante las clases ya eran más de lo que ella podía soportar. Sumado a que trataba de evitar a Daniel lo mejor que podía, porque no estaba preparada para una conversación con él. Le haría todas esas preguntas que ella no quería responder. Si ella no le hablaba, se quedaría en su propio mundo donde no esperaba ningún niño, un poco más de tiempo.

La biblioteca era también un lugar perfecto para empezar a planear su regreso como la Reina del Nacional Buenos Aires. Martina sabía que su reputación estaba arruinada y que no iba a deshacerse de eso pronto, pero eso no quería decir que le pasaría la corona a Nélida Ibella tan fácilmente.

Esa perra. El enojo se apoderó de su cuerpo por siquiera pensar en esa chica. Martina de verdad pensó que eran amigas. Sabía que Nélida tomaría la corona eventualmente cuando su gran secreto fuera revelado, pero no esperaba que Nélida fuera una perra sin corazón. Sin siquiera mirarla, probablemente sin pensar en ella, había tomado su lugar como gobernante del Nacional Buenos Aires. Martina no estaba segura de qué esperaba de Nélida, pero esperaba algo. Un gesto que le mostrara que sentía algo por ella o que tenía lástima hacia ella o que su amistad no había sido una mentira.

Las lágrimas quemaban sus ojos cuando pensaba en eso y las maldecía. Había estado extremadamente sensible las últimas semanas, pero no sabía si era por los terribles eventos de las últimas semanas o por las hormonas de embarazo. En realidad no le importaba siempre que eso cambiara en algún momento.

Tal vez un poco de venganza la ayudaría. Con una sonrisa en su rostro, sacó un teléfono de su mochila. El teléfono de Nélida. Era un modelo nuevo, más nuevo que el mismo celular de Martina. Afortunadamente, Nélida lo había tenido el tiempo suficiente para que Martina memorizara la contraseña y estaba agradecida a Dios por eso, porque este celular podría ser la clave para vencer a Nélida.

Martina marcó 2–7–4–8 y desbloqueó el teléfono. Por un momento no supo qué aplicación abrir. ¿Dónde podría Nélida esconder los secretos que Martina necesitaba? ¿En snapchat? ¿En sus fotos? ¿En su mail? Martina decidió probar la última, pero desafortunadamente la aplicación necesitaba una contraseña y Martina no la tenía. Trató con el nombre del conejo que Nélida tuvo cuando niña, pero decidió darse por vencida cuando no funcionó. No quería que Gmail sospechara y le enviara una advertencia a Nélida.

Ella hurgó entre las aplicaciones del teléfono de Nélida. La mayoría estaban preinstaladas, algunas eran aburridas y otras necesitaban contraseña. Luego Martina se dio cuenta de la aplicación de la voz de Avellaneda. Tal vez eso era algo. Obvio que Nélida no mandaría secretos sobre ella misma a la voz de Avellaneda, pero tal vez…

Abrió la aplicación, ya que no tenía contraseña. Martina misma había instalado una contraseña para quien sea que quisiera abrir esa aplicación, pero Nélida no era aparentemente tan lista y era fácil entrar a su cuenta. Martina husmeó entre las publicaciones que Nélida había enviado. Nada relevante, aunque Martina estaba sorprendida de leer que fue una de sus mejores amigas quien le había revelado a la voz de Avellaneda que María Betanzos había perdido su virginidad con el hijo del director del San Martín.

Martina se decepcionó al cerrar la aplicación y chequear los mensajes de Nélida, los que tampoco contenían algo interesante. Estaba a punto de rendirse hasta que vio el ícono de whatsapp. Por supuesto, ¿por qué no había pensado en eso antes? Si había algo relacionado con Nélida en este teléfono, estaría aquí. Afortunadamente, la aplicación no requería una contraseña tampoco y el teléfono le mostró una lista de conversaciones que Nélida tenía. Martina reconoció un par de grupos de conversación en los que también estaba ella y fotos de perfil de sus amigos, pero su atención se centró en una conversación con alguien sin nombre. La persona había sido guardada con un emoticón de un corazón y la foto de perfil se veía borrosa.

Martina hizo una mueca. Ni siquiera sabía que Nélida estaba viendo o saliendo con un chico, pero la conversación obviamente era entre dos amantes. Martina leyó una parte de la conversación hasta que llegó a las indirectas sexuales. No iba a conseguir nada de la conversación, pensó. Pero si sabía con quién se estaba texteando Nélida, aún podría serle de uso. Fue al número del amante de Nélida, pero no lo reconoció.

Agarró su propio teléfono para comparar el número del celular. Después de cuatro dígiros, había sólo una persona que quedaba en sus contactos y los dígitos de aquel número telefónico eran los mismos que las del número de la persona agendada con un corazón. Martina se quedó mirando confundida al nombre que estaba en su pantalla. Agustina Masella. Agustina Masella, la representante del centro estudiantil. Pelirroja, la pecosa Agustina. No podía ser Agustina, pero era el número correcto. Martina sacó un screenshot y se lo envió a ella misma, pero lo hizo sin prestar mucha atención al hecho. Estaba en estado de shock. Aparentemente, todos tenían sus grandes secretos. Ella estaba embarazada y Nélida estaba sexteándose con Agustina Masella, otra chica. Apenas podría imaginar cuál sería el de Shiana.

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