Parte 34

Él decide llevarla a jugar al bowling porque ella dijo que nunca antes jugó.

“En realidad es muy fácil” él le dice, “lo juro. Hasta voy a ayudarte con los primeros tiros”:

Ella asiente y dice que está bien, luego le sonríe a él y él a ella. Él siente como si tuviera que pellizcarse a sí mismo, porque después de todos estos años, de que ella haya estado con Agustín y de que él haya estado con Candelaria, él finalmente, finalmente está en una salida con Felicitas Alighieri. Finalmente están en sintonía.

Feli elige una bola rosa que no puede pesar más de tres kilos, y los zapatos que agarra de la mesa principal son hilarantemente pequeños, pero él sólo lo ve muy adorable. De verdad quiere besarla, pero no cree que sea el momento adecuado todavía.

Feli se muerde el labio, va a pararse frente al carril. Sostiene bien alto la bola, luego lo mira a él por encima de su hombro: “¿Ahora qué?”

“Acá, dejame mostrarte”.

Él va a pararse detrás suyo, con sus dedos dando vuelta ligeramente alrededor de la cintura de ella. Él accidentalmente respira la esencia del shampoo de ella, y tiene que que recordar por un momento dónde está y qué es lo que tiene que hacer: “Cierto, se trata de apuntarle a los bolos de ahí abajo”.

Feli inhala: “Me di cuenta de esa parte. Gracias por eso, Dani”.

“Alighieri, ¿querés mi ayuda o no?” él pregunta, con un tono burlón. “Como iba diciendo: apuntá a los bolos, pero usá esas flechas en el piso para guiarte”.

Feli ojea hacia abajo, a las pequeñas flechas negras que señalan dónde está el final del carril. “Bueno” dice ella lentamente.

“Bien. Ahora, vos llevá tu brazo hacia atrás así” él le dice, moviéndole el brazo para mostrarle, “y ahí lo balanceas para adelante, dejándola ir justo en el momento indicado”. Ella deja ir la bola, y rueda por el carril, que de alguna forma se dirige muy lentamente.

Ambos observan ir a la bola, los dedos de él todavía están envueltos alrededor de la cintura de ella. Mientras la bola rueda cerca de los bolos, él se vuelve consciente de qué tan cerca está de ella. Él la observa a ella, pero está absorta con sus ojos en el carril. Tiene el ceño algo fruncido y la lengua afuera de su boca. Él sonríe.

Él escucha el encuentro entre la bola y el bolo, y mira justo a tiempo para ver caer tres bolos. Está a punto de decirle a Feli que no se preocupe por eso, que lo va a hacer mejor la próxima vez. Pero ella justo chilla, saltando para envolver sus brazos alrededor del cuello de él. Él se encuentra con la guardia baja, pero consigue abrazarla también.

“¡Lo hice!” grita Feli, riéndose en cierta forma sin aliento. Ella se corre hacia atrás, y Dani puede ver sus ojos brillando claramente. No cree que alguna vez haya estado más hermosa de lo que está en este momento.

“Tal vez la próxima puedas tirar cuatro” él se burla, pero ella lo ignora y apoya sus dedos contra la parte de atrás del cuello de él mientras empuja su cara para enfrentar la de ella. Sus labios se posan sobre los de él con intensidad, y él sabe que ambos recordarán este beso mañana. Él mueve su mano hacia la cintura de ella, acercándola lo más que puede hacia él. Y honestamente, jamás pensó que esto podría estar pasando.

Eventualmente, tienen que separarse debido a necesidades básicas como el oxígeno. Pero los labios de ella forman una sonrisa y mientras, sus dedos siguen dando vueltas en la nuca de él.

“Wow” él susurra.

“Lo sé, tres bolos es bastante impresionante” dice ella hablando como una niña.

“Por si no sabías, todavía tenés otra bola” él le dice.

Sus ojos se abren de par en par, casi cómicamente: “¿Qué?”

Él asiente: “Sep, tenés dos oportunidades para tirar todos los bolos”.

Feli literalmente se ve como si Navidad hubiera llegado temprano, e insiste en que no necesita la ayuda de Dani esta vez. Su lengua se ve adorable afuera de su boca, y usa ambas manos para tirar la bola por el carril. Pero la tira bien, e incluso logra tirar otro bolo, dando un total de cuatro. Por como está saltando de arriba hacia abajo, uno pensaría que logró derribarlos todos.

Ella lo besa una vez más como festejo. De haber sabido que todo lo que hacía falta para conseguir un beso de Felicitas Alighieri era hacer que tirara cuatro bolos, la hubiera traído a jugar al bowling mucho, mucho tiempo atrás.

Él termina ganándole aunque pareciera que a ella no le importa, y ella le da un increíble beso de buenas noches cuando él la deja en su departamento.

“Tuve una gran noche, Dani” le dice ella sinceramente. Ella apreta los dedos de él. Él ha estado manteniendo su mano lejos desde que dejaron el bowling para que sus dedos puedan encontrarse con los de ella más tarde.

“Quise hacer esto desde hace un buen tiempo” él le dice. “Perdón si todo fue muy repentino”.

Ella sonríe, mostrando un pozo en su mejilla: “Perdón por nunca haber visto lo que tenía en frente mío antes de que sea demasiado tarde”.

Él desliza su pulgar por la parte de atrás de la mano de ella: “Bueno, lo que importa es que ambos estamos acá ahora, y ambos nos comprometemos a hacer que esto funcione”.

Felicitas levanta una ceja, asombrada: “¿Y qué es esto, exactamente?”

El corazón de Daniel late en su pecho. Se lame los labios, que están repentinamente secos: “Yo… yo quiero decir… yo sólo…”

“Estoy jodiendo” ella le dice, riéndose ligeramente, aunque muy nerviosa. “Quiero que esto sea algo real entre nosotros” le dice ella en silencio, una vez que ha terminado de reírse, con una cara más seria.

“Siempre lo fue” él le dice, “y estoy empezando a creer que siempre lo va a ser”.

Ella sonríe y lo besa una vez más, apretando su mano sobre el corazón palpitante de Daniel.