Parte 45

Felicitas se va a Montevideo a audicionar para el musical un lunes a la noche. Aún yéndose sólo por un día, Daniel no puede evitar extrañarla. La lleva hasta el aeropuerto, le da un beso de despedida y luego va a casa a prepararse para la visita que tiene que hacer en la sucursal de Pilar la mañana siguiente.

Gonza quiere que él compare balances entre ambas sucursales o algo así, pero jamás pensó en decirle que la gerente de la sucursal de Pilar pasó a ser Candelaria. Por lo que él está definitivamente con la guardia baja cuando su ex-novia está en su cita de las 9 de la mañana.

“Por si no sabías, Dani” dice Candelaria, con tono de burla y él supone que está simplemente feliz de que ella no parezca rencorosa o algo así, “si querías verme tan desesperadamente, podrías haber manejado hasta acá sin la excusa de venir por negocios”.

“Ah, no. Eso no… no vine hasta acá por asuntos personales” dice Dani rápidamente. “Es literalmente sólo por negocios. Digo, estoy con Feli. Y somos… somos muy felices, por…”

La mirada fija de Candelaria se vuelve de acero: “Eso es genial, Dani” dice ella, con su voz llena de un gran vacío. “De verdad. Contame más sobre lo feliz que sos con la chica por la que me dejaste, de verdad me encantaría escuchar más sobre eso”.

Dani traga, y está bastante seguro de que definitivamente le tendieron una especie de trampa: “Cande, yo no… estoy acá para hablar sólo sobre balances contables, te lo juro”.

Candelaria lo ignora: “En serio, ni siquiera pienso cómo me dejaste en medio de la ciudad de Montevideo antes de la entrevista más importante de mi vida… la cual ni siquiera conseguí, por cierto… pero no te preocupes. Te superé hace tanto tiempo, Daniel Cacace, que vos y tu preciosa Felicitas Alighieri pueden caminar juntos hacia el atardecer por lo poco que me importa. De hecho, no podría importarme menos. ¿Y sabías qué? Podés irte”.

“Cande” él protesta débilmente, pero ella va directo a la puerta de su oficina y la abre con determinación.

“Salí de acá” ella dice.

Él suspira, guardando sus manos en sus bolsillos. “Cande, mirá. De verdad lo lamento, no quise…”

“Salí” ella repite.

Él hace lo que ella le pide, agarrando su saco camino a la salida. Él se pregunta cómo va a explicarle a Gonza que va a tener que enviar a alguien más a negociar para saber sobre los balances contables”.

Él puede darse cuenta de que Feli está tratando de no reírse cuando le cuenta sobre su encuentro con Candelaria luego de que ella volviera esa misma tarde. Ella está con los dedos encima de su boca, pero sus ojos la delatan. Rápidamente se escapa una carcajada de sus labios y él se encuentra riéndose junto a ella, porque es algo ridículo.

“Mil perdones, amor” ella dice una vez que termina de reírse, pasando su mano por la parte de arriba de la cabeza de él.

Él se encoge de hombros: “Supongo que me lo merecía. No me arrepiento, igual” él agrega, mirándola significativamente. “Sos lo más importante para mí. Y de verdad desearía no haber lastimado a Candelaria, pero en definitiva nos llevó a donde estamos, por lo que no puedo lamentar eso”.

Feli agacha su cabeza, ahora con su mano en la parte de atrás del cuello de él. Sus dedos masajean ligeramente su piel, y él comienza a tiritar involuntariamente.

“Eu, ¿qué onda vos?” él pregunta, dándose cuenta de que ni siquiera hablaron sobre la audición todavía. “¿Cómo te fue en la audición?”

Felicitas se muerde el labio: “Lo conseguí” ella susurra.

“¿Lo qué?”

Ella sonríe: “Lo conseguí” repite, más fuerte que antes.

“¡Feli, estoy tan orgulloso de vos!” exclama Daniel, agarrándola en un abrazo. Y él realmente, de verdad está orgulloso. Él la apreta con fuerza, respirando su perfume. Ella huele a frutillas. “Sabía que podías hacerlo, amor” él susurra.

Un par de lágrimas bajan por sus mejillas cuando ella se aleja, pero está sonriendo. Gentilmente, él seca las lágrimas con su pulgar.

“Sabés lo que eso significa, ¿no?” ella susurra, su sonrisa comienza a desaparecer. “Voy a tener que mudarme a Montevideo por tres meses”-

“Vamos a superarlo” él le dice confiado, porque sinceramente sabe que lo harán. Está bastante seguro de que pueden superar cualquier cosa, y ese es su sueño. Ella se merece esto, y él se lo dice. “Vas a romperla” él agrega.

Ella sonríe, luego lo abraza nuevamente y sus brazos dan vueltas en su cintura. Él la agarra fuerte, sabiendo que los próximos tres meses pueden ser duros. Pero valdrán la pena después de todo.

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