Parte 51

Él en realidad cree que la extraña más, ahora que están comprometidos. De verdad quiere abrazarla, o besarla, o… ya saben… otras cosas, pero está a cientos de kilómetros de distancia y él sabe que ella está haciendo lo que ama (aunque a veces es una verdadera porquería).

Todos los demás en la oficina parecen saber cuándo es su fecha de regreso a casa, lo cual es super raro, porque siguen dándole palabras de aliento como: “Tres semanas más, flaco. Vos podés” y “Ella va a estar en casa dentro de muy poco. Diez diás más, ¿no?”

Para ser honesto, está como aterrorizándolo. Él no sabe cuándo su relación se convirtió en algo en que la oficina entera estaba involucrada, pero supone que tiene como que convivir con eso.

La llama a Felicitas dos días antes de que llegue a casa, como lo hace todas las noches, y una vez que ella atiende, él le dice: “Eu, bella. ¡Sólo un par de días más!”

“En realidad, Daniel” dice ella en la otra línea, “como que necesito hablar sobre eso con vos”. Ella suena como si hubiera estado llorando, y él instantáneamente se preocupa.

“Feli, ¿qué te pasó? ¿Está todo bien?”

“Ellos… ellos quieren que siga con el show” ella alcanza a decir, aunque su voz está todavía inestable.

“Ah” él dice, y puede escuchar el falso entusiasmo en su propia voz. “¿Por… por cuánto tiempo?”

“Otros tres meses” ella susurra. tan bajo que él casi no puede percibirlo.

Ah”. Se siente como si fuera a enfermarse. Realmente no quiere pasar otros tres meses sin ella, pero tampoco quiere que abandone su sueño de actuar por un trabajo que ni siquiera le gusta. “¿Vas… vas a hacerlo?”

“No sé” ella admite. “Te extraño demasiado, pero yo…”

“Lo se” le dice él amablemente. “Y si te quedás, va a ser difícil. Pero te prometo que todavía voy a seguir amándote, y todavía voy a querer casarme con vos. Entonces… entonces sólo tenés que hacer lo que pienses que necesites hacer, ¿dale?”

Él escucha algo de sollozo, y cree que ella empezó a llorar una vez más.

“¿Feli?” Dios, de verdad quiere contenerla.

“Yo… yo tengo que irme, ¿sí?” es lo que alcanza a decir ella. “Te llamo después”.

Antes de que él siquiera pueda decir “chau” o “te amo”, el sonido de la estática llena sus oídos. Ella cortó.

Él suspira, pasando una mano por su cabello. Echa un vistazo a su departamento (al que se suponía que ella iba a mudarse en cuestión de días) y realmente, realmente la extraña. Pero sabe que ella tiene que tomar la decisión, y él no puede ser el que la retenga.

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