Que las estrellas llenen mis sueños parte 3
Era el primer día. El primer día de Daniel en Pilar.
Seguro, había hecho un semestre en la universidad de Avellaneda, pero Pilar era diferente. Estaba en una de las mejores facultades del país. Incluso a pesar de que Daniel había sido aceptado, sabía que había sido de imprevisto, y que la mayoría de los otros estudiantes allí fueron probablemente mucho mejores estudiantes en la secundaria que él.
Daniel miró a Felicitas, quien estaba dormida a su lado. La UM también comenzaba hoy. Sin embargo, sería el segundo año de Felicitas, así que las cosas probablemente serían más fáciles para ella. E incluso a pesar de que Borja estaba apenas comenzando en la UM, tendría a Felicitas y a Lucio con él.
Felicitas dio una vuelta en la cama, abrió los ojos y se inclinó para besar a Daniel: “¿Cómo te sentís?”
“Honestamente, aterrado” admitió Daniel.
Felicitas miró a Daniel: “¿Estás nervioso por empezar en una nueva facultad?”
“Sí” le dijo Daniel a su novia. “Voy a cagarla”.
“¿Cagarla?” preguntó Felicitas.
“Sí” divagó Daniel. “No soy inteligente como la mayoría de los chicos en Pilar. Sé que fui un estudiante sobresaliente en segundo y tercero polimodal, pero la cagué mucho en primero e incluso el año anterior…”
Felicitas agarró la mano de Daniel: “No te habrían aceptado si no creyeran que podrías hacerlo”.
“¿Y qué pasa si me encuentro con otra Lucía allá?” se quejó Daniel.
“¿De eso se trataba en realidad?” preguntó Felicitas.
“Feli, desde que pasó eso, es tan difícil confiar en la gente” admitió Daniel. “Me preocupa que las personas vayan a tratar de tocarme y acosarme otra vez”.
“Dani…” empezó Felicitas.
“Los tengo a ustedes conmigo en el departamento y en la esquina, pero en el campus voy a estar por mi cuenta” soltó Daniel. “No conozco a nadie allá, y no voy a tener a nadie para defenderme de alguien así”.
“Sos muy fuerte” dijo Felicitas. “Más fuerte de lo que pensás. Vas a estar bien. Sabés que a ella no se le permite estar en ningún lugar cerca tuyo. La policía no va a dejarla”.
“Sí, pero ella es una sola persona” dijo Daniel. “Hay cientos de depredadores sexuales allá afuera”.
“No voy a mentirte y decir que sé por lo que estás pasando, porque no es así” dijo Felicitas. “Y de verdad desearía que hubiera algo que pudiera hacer para enmendar todo lo que pasó. Lo que puedo hacer es decirte lo mismo que te dije cuando caminaste solo por primera vez hasta el trabajo: que podés mandarme un mensaje si te sentís incómodo en algún momento. Y puedo caminar con vos a la facultad si querés”.
“¿En serio?” preguntó Daniel.
“Por supuesto” dijo Felicitas. “Dani, llegaste bastante lejos en el último par de semanas. Algún día, sólo vamos a mirar hacia atrás hasta este momento y nos vamos a sentir muyrealizados”.
Daniel le dio un abrazo grande a Felicitas. Ella siempre podía hacer que él se sintiera mejor: “Tal vez sólo estaba nervioso por verla en el juicio la semana que viene”.
“Sí, pero no va a tener permitido estar cerca tuyo en el juicio” le recordó Felicitas a Daniel. “Y vas a tenernos a mí, a Lucio, a tus papás y a nuestros amigos allá para vos”.
Daniel se levantó de la cama: “Muchas gracias por todo, Feli”.
“Soy tu novia, para eso estoy acá” dijo Felicitas.
Daniel se sonrió a sí mismo. Sus sentimientos por Felicitas estaban volviéndose más fuertes que nunca, quizás, simplemente quizás, en un par de meses, estarían listos para comprometerse otra vez.