Sorpresas inesperadas: parte 3

Él está pasando la noche del domingo al lado de Shiana en la cocina de la casa de él con libros sobre libros abiertos frente a ellos. Shiana tiene prueba de matemática el lunes y Gonza está tratando de enseñarle algunos trucos, pero nada de lo que él diga le queda y después de más de una hora ambos están comenzando a frustrarse.

“¿Sabés qué? Tomémonos un descanso” él mueve el libro y se saca sus lentes para refregarse los ojos.

“Perdón, Gonza” ella le hace una mueca, “pensé que ya lo sabía todo”.

Él sabe que no debería contestar porque su espalda le dolió todo el fin de semana y no ha conseguido mucho sueño, así que su habilidad para suavizar todo lo que le diga a Shiana no está al cien porciento de efectividad. Hizo pequeños comentarios toda la noche, pero ella no dio ninguna señal de haberse percatado de alguno de ellos así que él comienza a perder el filtro, sin pensar antes de hablar: “Qué bueno que seas linda” él balbucea débilmente, pero se arrepienta apenas el libro frente a la morena se cierra de repente.

Ella se para súbitamente, metiendo libros dentro de su mochila y agarrando su casco rojo brillante de la mesada detrás de ella: “Ik kan nu niet dit recht” ella murmura pasando por al lado de él.

“Bancá, Shi” él alcanza a decir pero no comprende. “¿E… eso era alemán?”

“Holandés” ella frena y se da vuelta para presionar un dedo sobre el pecho de él. “Puede que no sea la persona más lista del mundo, pero sé cuando alguien está siendo malo conmigo. Entiendo que estés dolorido, hacés un gesto de dolor cada vez que te movés, pero no tenés que desquitarte conmigo. Y no tengo que sentarme acá y bancármelo”.

“Pero… tu prueba…” él titubea mientras piensa en algo, cualquier cosa, con tal de frenar la furia de ella.

“Le voy a decir a Nella que me ayude” ella dice inexpresiva, agarrando su campera de cuero. “Avisame cuando dejes de ser malo”.

Ella cierra la puerta detrás suyo antes de que él pueda pensar algo para decir, demasiado anonadado como para siquiera moverse. Aparentemente, la dulce de Shiana que siempre había sido tan amorosa tenía un límite que él había alcanzado con una certeza espeluznante. Él alcanzó su teléfono antes de tener tiempo de pensar y mandó un mensaje que jamás le dijo a alguien salvo a sus padres, y nunca había significado tanto.

Perdón.

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