01/10/16

Hoy nos esperaba lata de las que te gustan, con trozos grandes y salchichas. 
Si supiera dibujar, haría un retrato perfecto del día que nos conocimos. Nunca creí en el amor a primera vista hasta que tus ojos lechosos de clavaron en los míos. Nunca me imaginé preparando biberones ni desvelándome en medio de la noche ante el llanto del hambre. Gordo, croquetita, nos esperaron días de darle vueltas al patio. 
Y crecías y crecías sin parar. Y entre risas asumí que ibas a ser excepcionalmente grande -quizá sólo excepcional- y mientras crecías yo maduraba y aprendía lo que era tener a un compañero, uno que siempre estaría ahí. De verdad, sin peros, amor del que te ilumina la cara sólo con verme. Del que duele y me hace recorrer kilómetros en una noche de lluvia porque sé que te dan miedo los truenos. 
Recuerdo las veces que lloré, y me tumbé en el suelo, recuerdo que me me mirabas con cara de no entender qué pasaba. Aún así te quedabas a mi lado. Lamiéndome las lágrimas. Recuerdo las veces que reímos. Me gustaba tener tu olor. Imaginar que tú tenías el mío. 
Recuerdo el año pasado, cuando me miraste triste y supe que no podías levantarte. Recuerdo que me dolía a mí tu lesión. Contra todo pronóstico te curaste. Nadie daba un duro por nosotros: "la efectividad del tratamiento con células madre aún no está demostrada" decían. Qué sabrán ellos de lo que eres capaz. 
Yo, individual e independiente, supe lo que era crear una familia. Aprendí lo que es tener un hermano. 
Hoy nos esperaba lata con trozos grandes, pero no ha podido ser. Te fuiste, como viviste: sin molestar. Un 28 te arrebató de mi lado. De un sueño del que no pudiste despertar. De una pesadilla que entiendo que no ha hecho nada más que empezar para mí y es acostumbrarme a vivir sin ti, a recordar cómo era mi vida cuando tú no estabas. 
El día que te envolví en la sudadera y te llevé a casa firmamos un pacto, hasta que la muerte nos separe. Y supongo que lo hemos cumplido, o no. Quizá nadie pueda hacerlo. Quizá siempre te lleve. Quizá yo sea parte de ti. Quizá contigo haya muerto un trocito mío y conmigo siga vivo un trocito tuyo. 
Nunca perdonaré a quien te tiró a una cuneta. Nunca le podré estar lo suficientemente agradecida.

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