Aku no hana, el intimismo llevado al extremo

Es curioso como los autores japoneses son capaces de llevar al extremo a sus personajes y explotar sus sentimientos y profundidad psicológica más allá de lo puramente ficcional. Y no, no estoy hablando solo de manga, en la literatura, el teatro, el cine e incluso el videojuego nipón el intimismo es un elemento vital que llega a cobrar mayor importancia que la propia acción. Contraponiéndose así a la narrativa occidental, donde los hechos se convierten siempre en el eje de toda ficción.

Y es algo que no es de extrañar dada la historia cultural del país y su población, así como el fuerte individualismo presente en la sociedad japonesa actual. La depresión, el aislamiento social, e incluso el suicidio son algo que forman parte del día a día en el archipiélago japonés y cada vez más en el resto del mundo.

Centrándonos en el manga, pocos autores he visto que sepan capaz de plasmar sobre el papel el interior del ser humano como Shuzo Oshimi lo hace en sus mangas, y Aku no hana es su obra magna.

Basándose en la obra literaria de Charles Baudelaire Les fleurs du mal, Oshimi nos cuenta la vida de Takao a través de sus más profundos sentimientos y secretos. Llegando a explorar el rincón más sucio, repugnante y asqueroso del ser humano, mediante los ojos de un adolescente. Y es que Takao nos recuerda irremediablmente a esos personajes tremendamente importantes y odiados en el anime y el manga, como son Shinji Ikari (Evagelion) o Punpun Onodera (Oyasumi Punpun), personajes hacia los que sentimos repulsión porque son como nosotros y tememos vernos reflejados en ellos.

Takao es todo eso y más, ha vivido toda su vida como un chico normal y corriente, simplón hasta el extremos, pero en su interior ha ido creciendo lo que denominaremos como “La flor del mal” aquello que lo diferencia del resto, aquello que lo impulsa en un acto de desesperación a rendirse ante sus deseos más carnales, y es que en mayor o menor medida, todos hemos sido iguales que él, con la diferencia de que nosotros no hemos tenido una Nakamura en nuestras vidas. Nakamura es una chica desquiciada por su propia vida y la gente que la rodea y que sirve como elemento catalizador de las inseguridades y ambiciones de Takao, obligándolo a salir del cascarón mediante métodos que alcanzan el acoso, el chantaje o la extorsión. Son dos adolescentes dominados por sus numerosos problemas, perdidos en un mar de gente que nos los comprende y apabullados por su incierto futuro. De ahí el deseo que ambos sienten el uno por el otro.

Pero al final, toda flor acaba por explotar y desaparecer dejando tras de sí un rastro que se conserva por siempre. Takao se convierte en adulto superando su complicada adolescencia y acaba siendo la persona normal que era en un principio, acaba rindiéndose ante la evidencia del mundo y la sociedad que lo rodea, alcanzando una calma que no es todo lo positiva que creemos que es, y lo mismo pasa con el resto de personajes. La realidad aplasta su verdadero ser, pero la flor del mal siempre prevalecerá. Un final amargo, que hace crecer a la obra colocando un broche final que homenajea todo el mensaje que el manga ha ido creando a lo largo de 11 tomos de forma elegante.

Lo que no se puede negar es que Aku no hana es un manga diferente, único y especial. Los últimos tomos son un ejemplo perfecto de buena narrativa en el cómic, los diálogos son escasos, pero con grandes matices, cada viñeta contiene un mensaje, el silencio define el interior de sus personajes sin que sea necesaria ni una palabra. Aku no hana es una de esas joyas que cada persona interpreta de forma diferente en función de su ser y experiencias, solo os puedo recomendar que lo leáis y elaboréis vuestra propia opinión, pocas veces se puede disfrutar de una obra con tal profundidad psicológica y con una técnica tan sublime a la hora de afrontar el intimismo de sus personajes.

Aku no hana es una obra de arte.