Mi receta para disfrutar cada día

Cada día leo “recetas” para mejorar nuestra vida; en el fondo todos estamos un poco perdidos en estos tiempos donde hay tantos escaparates (televisión, redes sociales, Internet…) donde nos intentan vender modos de vida. Al ser recetas, en unas ocasiones funcionan para nosotros y otras no; o podemos coger aquello que nos vale y aplicarlo a nuestra vida. Ahí va la mía, espero que os sirva de algo.

1. Vivo la vida que quieras, no la que me venden.

Cuando tenía 20 años sufrí un acné severo, algo que unido a mi introversión, hizo que me cerrase aún más al mundo. ¿Cuál era mi máximo deseo? Ser normal, y cuando digo normal era ser como los demás: tener una cara sin granos, tener la autoestima suficiente para decirle a la chica que me gustaba lo que sentía por ella… Esa época condiciono mi vida durante muchos años. Mi deseo era ser igual que el resto: vivir una relación, casarme si funcionaba, comprarme un piso…

Pero con el tiempo vi que muchos aspectos de ese modelo de vida no me gustaban o no encajaban con el mío. He vivido siempre de alquiler, eso me da la libertad para poder aceptar un trabajo en cualquier parte del mundo. Ahora mismo no tengo coche ya que no lo necesito, de paso me he ahorrado la preocupación de tener que aparcar todos los días. Mis hobbies son leer y especialmente montar en bici, cuando tengo vacaciones prefiero quedarme en mi ciudad que viajar. Me encanta despertarme y desayunar con tranquilidad, hacer las compras sin prisas, sentarme en una terraza para ver el ritmo de la ciudad mientras me tomo un café…

2. Yo soy lo más importante

En primer momento esta afirmación puede resultar egoísta; pero creo que realmente no eres egoísta si pongo primero mis prioridades. Decir que no a cuestiones que no me aportan nada, marrones… Al mismo tiempo, pensar que mi vida es mi vida y no tengo que impresionar a nadie con la misma, ni vender mi “maravillosa” forma de vida a nadie… Es increíble la quietud que sientes cuando te das cuenta que no tienes que gustarle a todo el mundo y que te importa un pimiento lo que los demás piensan de ti. También cuando aceptas aspectos positivos de tu vida: soy inteligente, aprendo rápido… son hechos objetivos y no me tengo que sentir culpable por ello.

3. No me obsesiono con lo que no puedo resolver.

En mi trabajo previo me despidieron de una forma bastante desagradable; fue una especie de tribunal inquisitorial en el cual me señalaban lo mal que lo había hecho, los fallos que había tenido… La situación fue tan tensa que perdí el conocimiento. Eso hizo que no pudiese replicar y especialmente no poder defenderme de las mentiras que se dijeron. Durante unos meses estuve repitiendo la escena en mi interior, pero haciendo la defensa que no pude hacer. Me di cuenta, 1º que no era sano y 2º que, aparte de generar ira y nerviosismo en mi cerebro, estaba malgastando el tiempo con esos pensamientos. Busque una “interruptor” para cortar esos pensamientos y fue sencillo, cada vez que surgían recitaba la lista de los verbos irregulares ingleses o la lista de los reyes españoles desde los Reyes Católicos hasta Felipe VI

4. No me agobio gratuitamente.

En línea con lo anterior intento vivir lo más relajado posible. Sólo tomo el café de la mañana ya que el resto me pone bastante nervioso. Bebo cerveza, especialmente los fines de semana cuando me reúno con familiares y amigos, pero a partir de la 2º ronda las bebo sin alcohol. Apenas veo la televisión, sólo series en V.O. para mejorar mi nivel de inglés, pero evito aquellas de drama, suspense… que ponen nervioso. ¿Para qué sufrir innecesariamente?

5. Sólo una cosa a la vez

Vivimos en el mundo de la prisa y la multitarea; pero he aprendido a hacer una sola cosa a la vez y hacerla bien. ¿Mindfulness?, en principio me sonaba a vendedores de humo, pero respirar de forma controlada funciona para mí, te das cuenta que puedes educar a tu cerebro y cambiar la forma que funciona. Mi “interruptor” es lavarme los dientes cada mañana, cierro los ojos y me relajo durante los dos minutos que el cepillo electrónico tarda en hacer su función (antes nunca esperaba a que terminase). Antes de realizar cualquier tarea respiro fuerte y visualizo la misma, durante el tiempo que tardo en hacerla sólo me centro en la misma; si por cualquier casualidad me distraigo respiro hondo de nuevo y trato de cuestionarme porqué a que se debe esa distracción ¿miedo a hacerla mal? ¿Querer terminarla antes de tiempo? Ese dialogo con mi mente, funciona.

6. Disfruto de cada día

He dejado de obsesionarme con el fin del camino; antes quería conseguir las cosas ya: tener un nivel de inglés perfecto en unos días, esperar a tener ese trabajo perfecto para comprarme la bici de carbono, tener el cutis perfecto para buscar pareja… Hoy no espero al momento perfecto para disfrutar de la vida, ya que esa perfección no existe. Centrarte en lo que estoy haciendo y no “evadirme” ayuda un montón. Por ejemplo, es increíble los detalles que no veía cuando iba o venía de trabajar con la bici: árboles, edificios increíbles… mi mente estaba en otro lado y me estaba perdiendo un espectáculo maravilloso.

La comparto en castellano ya que en Medium los artículos en esta lengua no abundan y también será útil para aquello

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