El cine iraní: Industria fructífera, potencialmente amenazada

Por Antonio Ruiz

La industria cinematográfica de Irán ha crecido de manera exponencial en la última década. Aunque únicamente se produce un estimado 26 películas al año, se calcula que todas las ganancias de éstas se quedan enteramente en Irán. Aunado a esto, la asistencia es bastante amplia y las críticas que se obtienen por estas piezas son muy buenas, viniendo de críticos tanto nacionales como internacionales.

Para los iraníes, una actividad regular dentro de la vida cotidiana es asistir a las salas de cine para entretenerse con diversas temáticas como lo son romance, comedia, persecución policiaca, e incluso ciencia ficción, todas expuestas en películas nacionales.

Además de ser una forma de entretenimiento familiar y agradable para el público de ese país, ir al cine también es muy barato. La entrada ronda el equivalente a un dólar americano.

Un aspecto muy interesante del cine de este país es que, a pesar de que el gobierno difunde una creencia religiosa fuerte apegada al chiísmo, tanto los productores como los escritores de cine nacional no plasman temas religiosos en sus películas. Al parecer, la sociedad iraní es más secular que todas las instituciones y el gobierno nacional.

El drama, que es la temática más popular dentro del público, se concentra en líos amorosos y sexuales. Las películas de acción, fuera de mostrar conflictos armados con un tono bélico, muestran a personajes al estilo James Bond tomando el papel de héroes ante bandas de criminales muy al estilo americano.

Pero no todo es tan sencillo para las personas que quieran crear algún tipo de material fílmico en Irán. A pesar de que los cineastas iraníes escojan diferentes temas para plasmar en sus propias películas, no se eximen de ser censurados de alguna manera por la ley Islámica de Irán. Tal es el caso de Abbas Kiarostami, director nacido en Teherán, cuya película Copie Conforme fue vetada totalmente en el país, con el pretexto de ser una producción italiana que fue exhibida en cines de Irán sin el permiso correspondiente. Más tarde se dio a conocer por fuentes extraoficiales que la verdadera razón por la cual la cinta había sido vetada era por la vestimenta “inmoral” de la actriz principal, Juliette Binoche. 
El veto hacia las producciones internacionales también determina un reflejo de esta censura, pues por como está constituido el sistema, estas cintas necesitan un permiso especial para proyectarse en Irán; permiso que la mayor parte de las veces, es revocado pretexteando circunstancias menores que incluso algunas de las mismas cintas nacionales exponen.

Analistas internacionales apuntan al peligro que sufre la industria de cine iraní, dado que debido a la censura de su propio gobierno, el cual ha hecho prosperar a su cine como el único expositor de cintas en los cines de Irán, la población del país se ha acostumbrado a creer que es el único tipo de entretenimiento que vale la pena ver. Pero siendo otras industrias catalogadas internacionalmente con un mayor renombre para los temas de agrado del público de Irán (como lo es la industria fílmica de Estados Unidos), dichos analistas creen que si se llegara a permitir el acceso de películas internacionales a cines iraníes, el cine nacional pasará a un segundo plano donde ya no generará tantos ingresos como antes y por lo tanto la industria irá a la baja.

Pero en la otra cara de la moneda, parece haber esperanza para la cinematografía persa. Algunos directores han nombrado al cine iraní como uno de los mejores mundialmente. El conocido cineasta alemán Werner Herzog lo llamó “una de las industrias emergentes más energéticas del mundo”.

Gran parte de la aclamación que se tiene hacia al cine de Irán se debe a que muchas de sus cintas retoman principios de diversas corrientes artísticas en el mundo. Por ejemplo, podemos presenciar bastantes características del neorrealismo italiano en diversas cintas del cine iraní.

Parece que será el tiempo el que determinará la forma en que el cine de Irán se desarrollará en un futuro. Lo que es indiscutible es que los mismos cineastas del país parecen sentirse un poco agobiados por la intervención gubernamental en el cine, ya que entonces no pueden sentirse seguros de hacer diferentes propuestas en sus cintas, e incluso corren el riesgo de que su propia película no sea expuesta en los cines en absoluto.

Bibliografía:

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