Laila Daniela Camhi

Centro de diseño cine y televisión

Guionista prodigio. Director legendario. Cineasta icónico. Un creador visionario como ningún otro, con pasión y talento por encontrar la línea que divide la ficción y la realidad para después cruzarla; Wegner Herzog es, sin duda, una de las figuras más controversiales y enigmáticas del cine.

Audiencias de todo el mundo se han maravillado ante su –a veces pertubador, pero siempre maravilloso– trabajo, sus 57 películas (y contando) han inspirado a una enorme cantidad de cineastas. Ha sido, es y será uno de los cineastas más atrevidos de nuestro tiempo.

Ya sea creando un mundo enteramente de su fértil imaginación o mostrando los lugares más extraños y lejanos, cuando Herzog está en una producción no hay distinción entre ficción y documental. Para Herzog el cine es el cine y éste es la ventana por la cual escoge mostrar o retratar las profundas relaciones entre la gente, las conexiones místicas con los paisajes y, ultimadamente, lo que significa ser un humano.

La comunicación es uno de los aspectos fundamentales de ser un humano, así que no debería de ser sorpresa que el primer documental de Herzog trate de este tema. El filme sigue a Fini Straubinger, una mujer que perdió la vista y el oído mientras viaja para visitar a personas que pasan por lo mismo. Herzog, a través de sus interacciones y las increíbles historias de la gente que conoce, da la oportunidad de vivir una experiencia hipnotizante a todo aquel que vea el documental, una nueva apreciación de cómo la comunicación toca tan profundamente nuestras vidas todos los días.

Muchos directores han tenido un acercamiento un tanto científico a este asunto, Herzog, por el contrario, se enfoca en la humanidad de los sujetos a documentar y la emoción que transmiten sus historias. El trabajo de cámara tiene una importancia crítica para el documental, sabiendo que un tripié tradicional daría un look estático, Herzog prohibió el uso de éste durante la grabación, además de sugerirle a Jörg Schmidt-Reitwein que no utilizara zoom, sino que era mejor, simplemente, mover todo su cuerpo y, con él, la cámara. Usando este movimiento natural de cámara, Herzog creó una bonita y sensorial experiencia, algo que había sido difícilmente visto en la pantalla grande anteriormente.

El documental es un tributo en movimiento a Straubinger y la comunidad sordo-muda, pues permite al mundo entender de mejor manera el inmenso aislamiento de estos individuos, logrando de esta forma inspirar admiración y respeto, no lástima.

Él mismo ha dicho que este trabajo en particular vive muy cerca de su corazón, lo suficiente como para mencionar: “I think the work we did on that film is some of the best I have ever done, of all my films, this is the one I want to be available to audiences the most.”

Roger Ebert dijo a Herzog durante una entrevista en el 2004: “Your films expand me, they exhilarate me, they make me feel that you are trying to put your arms around enormous ideas.”

Una de las cosas curiosas de Herzog es el talento que tiene para conversar con la audiencia a través de su cine y explicar quién es él, dadas las cosas que decide mostrar en pantalla o los temas que desea abordar. Es por esto que Herzog ha tenido tanta influencia entre los cineastas, por su honestidad y la notable relación emocional que tiene con sus filmes. Es algo que no todos los directores pueden conseguir y, definitivamente, todos quieren lograr. Es curioso, también, que –ante el público general– un director como Herzog, que trajo mucho a la mesa –en términos narrativos, técnicos y de todo tipo–, ha recibido más atención por los chismes o críticas que le han construido una mala reputación que por sus maravillosos filmes, de hecho, Herzog declaró que ayudo a Kinski a escribir su autobiografía buscando formas viles de referirse a él para que el libro se pudiera vender. Herzog sabía que decir cosas escandalosas los iba a ayudar mucho más que cualquier enseñanza.

Mala fama o no, buenas biografías o malas biografías, no nos importa, lo único que es relevante a estas alturas es la interesante visión del cine que Herzog impregnó en cada uno de sus filmes y tantas obras llenas de emoción por las cuales estaremos eternamente agradecidos.