Malas decisiones de Hollywood: Death Note.

Por José Manuel Reyes Castañeda

jreyesca@centro.edu.mx

¿Recuerda que hace unos meses le hablé sobre Oldboy? En aquel escrito mencioné el espantoso remake que se atrevió a hacer la industria de Hollywood y sobre la ineptitud que tuvo al intentar occidentalizar esta historia japonesa.

Se lo menciono, pues partiremos de aquí para hablar de una noticia que hace unos meses salió, pero que –al igual que cuando hablé de Batman V Superman– preferí esperar para poder escribir algo de manera objetiva.

Death Note es un manga escrito por Tsugumi Oba e ilustrado por Takeshi Obata, cuya publicación nos remonta a la década pasada.

La historia se basa en la creencia japonesa de los shinigami (dios de la muerte), seres que invitan a los humanos a culminar con su vida, o bien, provocan el fin de ésta.

Oba y Obata nos muestran un mundo donde los shinigami son capaces de ver la dimensión de los humanos, ver el nombre de cada uno de éstos y el tiempo de vida que tienen. Desde su mundo, ellos deciden quién muere y la manera en que sucederá. ¿Cómo lo hacen? A través de la Death Note, la cual es una libreta con páginas infinitas, en la que debe escribirse el nombre completo de una persona para que ésta muera de un infarto a los 40 segundos, pero si antes de que acaben los 40 segundos se escribe la causa específica de la muerte, ésta sucederá así e incluso, si se desea, se tienen 3 minutos y 56 segundos para ser más detallado, al grado de poder manipular la fecha del suceso y hasta al sujeto en cuestión.

La historia muestra a Ryuk, un shinigami que escribe las reglas e instrucciones de uso de la libreta en su propia Death Note y la deja caer en el mundo de los humanos sólo por el simple hecho de que está aburrido.

Paralelamente nos muestran a Light Yagami, un estudiante de preparatoria ejemplar de 17 años. Light es un adolescente brillante y amigable, pero siente un desprecio hacia la “gente podrida”, término que utiliza para referirse a los criminales, drogadictos y corruptos.

Los caminos de Ryuk y Light se cruzan porque el joven es el que encuentra la Death Note y, por tanto, se convierte en el nuevo dueño de ésta, por lo que el shinigami debe ser su escolta por el resto de la vida (sólo aquel que haya tocado la libreta puede ver al dios de la muerte).

Light decide usar la Death Note para eliminar a toda la “gente podrida” que tanto desprecia, por lo que, más temprano que tarde, adquiere una gran popularidad y es apodado por la gente como “Kira” (deformación de la palabra killer), manteniendo su identidad oculta, claramente.

El conflicto da inicio cuando la Interpol quiere detener “Kira”, pues, a pesar de todo, es un asesino y nadie puede decidir quién vive y quién muere. Para lograrlo, la Interpol contrata a un detective conocido como “L”, quien es conocido por ser el mejor de todos y por mantener siempre el anonimato (nadie lo ha visto y cuando es escuchado, utiliza una voz distorsionada).

Es aquí cuando comienza la guerra entre “L” y “Kira”, pues ambos sienten que están haciendo lo correcto y están dispuestos a detener al otro cueste lo que cueste.

Sin duda alguna, Death Note (2003–2007) es una de las mejores historias en manga de la década pasada, inclusive una de las mejores historias de misterio del género policiaco de todos los tiempos, me atrevo a decir.

Con respecto a esta obra, recomiendo al lector buscar el manga y leerlo, pues son 108 episodios muy dignos, o bien, sentarse a ver el anime (versión animada para televisión), el cual se puede encontrar completo (37 episodios) en Netflix.

Hollywood compró los derechos de la franquicia para su adaptación cinematográfica en el año 2009, pero fue hasta finales de 2015 que la Warner Bros. anunció que comenzaba la producción de la película.

Ahora, he aquí el problema: una vez más se intentará adaptar y occidentalizar una historia con grandes referencias de la cultura asiática a una idiosincracia estadounidense y, dadas las experiencias que hemos tenido con ello, es un hecho que fracasará. No sólo eso, pues tratar de cerrar una historia tan extensa al rango de 100–140 minutos es algo que, personalmente –imagino que los que conocen la historia original estarán conmigo–, no concibo de ninguna manera.

Considero que, eventualmente, este tema cobrará más importancia, como es actualmente el caso de la adaptación fílmica de Ghost In The Shell, cuya adaptación manga-cine data de hace más de 10 años.

Sólo pido que, cuando el proyecto florezca, esté usted bien documentado, tenga una mirada objetiva y trate de analizar si Hollywood está tratando de vender la historia tan maravillosa que fue creada o si está tratando de vender por vender.

Sin más por el momento, me despido y espero que nos encontremos nuevamente platicando de este tema con una crítica y, quizá, con una maravillosa sorpresa, o bien, un triste “se los dije”.

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