Salve Macbeth

Por Salvador Reyes Zúñiga

La adaptación de uno de los más grandes dramaturgos a la pantalla siempre será una tarea muy difícil. A menudo se cae en el lugar del teatro filmado, un cine que no se sirve de las herramientas del lenguaje cinematográfico para narrar y construir la diégesis , sino que únicamente captura a los actores desarrollando la acción en un espacio muy plano. Este no es el caso de la última adaptación fílmica de una de las más célebres obras de Shakespeare: Macbeth. Homónimo del original, la adaptación cinematográfica dirigida por Justin Kurzel es una verdadera inmersión al mundo “shakesperiano” desde una óptica más histórica, realista y fantástica al mismo tiempo y con una propuesta estética muy clara y propositiva.

Filmada principalmente en exteriores, la historia ubicada en Escocia es muy distinta cuando se le permite al espectador envolverse en los extraordinarios paisajes escoceses. Siendo este un gran mérito para el equipo técnico y de producción de la película, puesto que fue prácticamente una hazaña filmar en locaciones como la isla de Skye, donde la visibilidad menguada por la niebla hizo que la protagonista Lady Macbeth (Marion Cotillard) se perdiera de vista de todos por un momento. Esto aunado a la impecable fotografía de Adam Arkapaw, sencillamente traslada a la fría, desolada y misteriosa Escocia del siglo XI.

Arkapaw utiliza muchos recursos poco ortodoxos para filmar. Genera una estética donde el color juega un papel muy importante y sin el cual la historia no puede fluir de la misma forma. Por un lado tenemos escenas donde la temperatura de color es muy fría, en otras es muy neutra, sobre todo en las escenas interiores cuando Macbeth (Michael Fassbender) ya es rey. Y por último tenemos escenas donde el color invade por completo la pantalla y existe una paleta si no monocromática, sí dentro de una misma gama tonal. En el clímax narrativo, el duelo entre Macbeth y Macduff, nos envuelve casi por completo un sólo color: un naranja rojizo.

Igual de importante para generar la atmósfera “shakesperiana” tan históricamente correcta, es el diseño de vestuario. En este filme, pienso que el peso tanto visual como narrativo que recae sobre el diseño de vestuario es mucho mayor que en la mayoría de los filmes que son adaptaciones de Shakespeare. Se trata de un vestuario hecho con los materiales y tintes disponibles en la época, y con una factura artesanal muy parecida a la de Escocia del siglo XI. En ese momento las prendas eran menos y cada una se usaba más y eso es visualmente evidente en Macbeth. El vestuario fue diseñado por Jacqueline Durran, más conocida por diseñar el vestuario de Orgullo y Prejuicio y Anna Karenina. Es una persona que tiene experiencia en diseñar vestuarios de época, pero su trabajo en Macbeth es peculiar.

Duran hizo una investigación muy rigurosa acerca del vestuario medieval, pero sobre todo de los motivos y figuras tejidas en las prendas. La influencia tanto gaélica como normanda, presente en la época, es visible en los motivos de las prendas, como túnicas, brazaletes o incluso en la corona misma de Macbeth. Durante la película podemos ver escenas de batallas, en las que el vestuario consiste en armaduras muy sencillas, sobre todo cota de malla, que era la vestimenta de guerra más práctica y utilizada en la época. No se ven yelmos ni armaduras ostentosas como suele suceder en películas ambientadas en el medioevo, pero tampoco armaduras sencillas en buen estado. Vemos a hombres y adolescentes que van a la guerra con ropa de trabajo, con únicamente una cota de malla encima y el equipo necesario para cargar la espada. Ropa que se ve usada y desgastada y que aumenta el realismo de la película por su sobriedad. Incluso la vestimenta del rey Duncan es muy austera para el vestuario estereotípico de un rey en una película. Se muestran las condiciones en las que vivían las personas en la Escocia desolada de esa época. Resalta también la decadencia y los tiempos turbulentos por los que transcurre la historia de Macbeth.

Macbeth es una película con una factura y conceptualización muy sólida, que propone una estética constante y congruente con la historia que cuenta. Una mirada muy fresca y contemporánea en su discurso estético hacia un clásico de la literatura.