Más que palabras

Corazón reciclado

Para Fran

— He comprado este vino. ¿A que es apropiado? — Sena guiñó un ojo a Jan. Él la abrazó por la espalda con sigilo, inmovilizándola por sorpresa. La besó. Cuando se levantaron, al mediodía siguiente, la botella seguía intacta encima de la mesa del comedor.

De aquello hacía cuatro meses. El vino se llamaba “Más que palabras”. No era casualidad. Jan había pedido otra oportunidad a Sena y ella había vuelto a poner en sus manos lo más delicado y valioso que tenía: su corazón y su confianza. Le había creído sabiendo que hacerlo la volvía muy vulnerable. Había estado a punto de morir ahogada en los tsunamis de dudas y miedos a los que Jan le arrastraba cada dos o tres meses, cuando caía en los chantajes emocionales de su expareja, el sentimiento de culpa y las trampas de los traumas sin resolver que no había querido afrontar y arrastraba hacía décadas.

Ella no quería sufrir más y, a pesar de todo, había decidido confiar de nuevo.

Voy a demostrarte que no tienes nada que temer. No hay fecha de caducidad entre nosotros, Sena. Te quiero y que quiero estar contigo. Estoy tranquilo y entiendo que tengas tus reservas. No quiero dejar perder la oportunidad de que estemos juntos. Déjame colarme entre los ladrillos que has puesto alrededor de tu corazón, lo tengo claro. Te lo voy a demostrar.

Hacía cuatro meses de aquella conversación con Jan y la botella seguía intacta en la estantería. Hacía uno que él le había roto el corazón, otra vez. Todavía encontraba pedacitos entre las sábanas. En una caja de flores dentro del armario de la habitación. En la mesa con el rostro de Robert Smith del bar más inglés de Barcelona. El dolor había sido inmenso.

Era un día sol de otoño de aquellos que tanto le gustaban. Erika le había invitado a comer. Tenía por delante una jornada rodeada de amigos, con vino francés y queso suizo. Sin pensarlo dos veces, rescató el “Más que palabras” Lo metió en una bonita bolsa de papel negra en la que Jan había llevado un vino primaveral en una de las ocasiones en las que puso toda la energía en reconquistarla. También puso dentro un corazón de madera que había estado en el pomo de la puerta de su habitación durante mucho tiempo. Un detalle para Erika.

La bolsa se rompió antes de que llegase el autobús, encima de una alcantarilla. Sena bajó la vista, y giró la cabeza a cámara lenta. Expectantes y mudas, las señoras de la parada también parecían esperar el milagro de la botella que se reconstruye sola. Tiró lo que quedaba de la bolsa a la papelera más cercana en un gesto automático. Volvió sobre sus pasos y escudriñó el desastre que le había salpicado los zapatos. Todavía atónita, observó los trozos de cristal de nuevo. La etiqueta “Más que palabras” se había roto y estaba manchada de rojo. El regalo de Erika debía de haber caído a la alcantarilla.

O quizá no. Sabiéndose observada, volvió a la papelera. Rescató los restos de la bolsa negra e introdujo la mano. Allí estaba el corazón de madera, pegado al papel. Lo sacó con delicadeza. Sigue inmaculado, se dijo, no sin cierto alivio.

……………

— Sena… Qué bonito es. Gracias.

— Estuvo a punto de ahogarse entre la porquería de una cloaca y lo rescaté de la basura.

Erika lo dejó encima de la mesa de la cocina, la abrazó y no hizo falta decir nada más.

Canción: All we want is love
Artista: Ane Brun
Autora: Ane Brun
Álbum: When I’m free (Balloon Ranger Recordings, 2015)