Si fuese mujer… (según la publicidad)

Saboreando un deliciosa pausa para la publicidad rebosante de mensajes dirigidos al ¿sexo débil?, me planteo: Si fuese mujer…

De golpe (contundente, ¡eh!), empiezo a cuestionarme si las arrugas de expresión, que aparecen de forma incipiente en el contorno de mis ojos, no podrían borrarse un pelín. O mejor, desaparecer para siempre. Parece que esa milagrosa crema antiarrugas, compuesta por un ingrediente de nomenclatura científica tiene la solución. Igual la compro. Pero un momento, ¿me soluciona esta crema el envejecimiento prematuro de la piel? Igual debería prevenir en lugar de esperar a curar, como dice el refrán. Y el refranero es sabio, ¿verdad? Sí, mejor será que apunte también una revitalizante. O dos, una para llevar en el bolso.

Tengo celulitis. Ya lo creo que tengo. No debe ser normal este grosor de muslo. La chica -de 19 años, si llega- que aparece en braguitas y top no tiene estas ligeras protuberancias en la pierna. Y ella también come cereales integrales. Como yo. Está claro: necesito una crema hidratante efecto anticelulítico de inmediato. Si es efecto noche, mejor que mejor. Vaya, parece que también hay unas estrías en la parte superior del glúteo que no deberían estar ahí. ¡¿En qué momento…?! Definitivamente necesito cuidarme YA. Mañana, a primera hora, me paso por la farmacia y arraso con lo que tengan.

Este pelo encrespado me tiene aburrida. Porque está encrespado, ¿no? Supongo. Soy morena, pero prefiero ir de rubia, porque rubia hace de mujer explosiva y sexy. Aunque tal vez, unas mechas californianas resolverían la cuestión cromática de un modo más salomónico. Parece que los rizos perfectos no acaban de estar hechos para mí. ¿Y si me hago unos bucles de efecto natural? Ya, pero es que el liso brillante me quedaría mejor con la melena que todavía no tengo. Es cuestión de un par de meses. ¡Mierda! ¿Y las canas? En un hombre quedan sexys, pero a mi edad… ¿canas? No, gracias. No vayan a pensar… No vaya a ser que me confundan con una… ¿Qué dirían de mí?

La vida hogareña también me genera algunas cuestiones vitales. ¿Es el gradiente de blanco que lucen mis sábanas el adecuado? Debo ser más sucia (¡Sucia!, como diría Pocholo) de lo que pensaba, porque las camisetas blancas me quedan amarillentas en la zona de la axila. Igual es la lavadora que tiene cal. Llamaré a UN experto. ÉL sabrá qué debo hacer.

¿Las manchas en las prendas de mis hijos las debería dar por superadas gracias a la fórmula mejorada de mi nuevo -el de siempre- detergente con el que no debería frotar -pero que por si a caso froto no fuera el caso que esta vez, y solo esta vez, no funcionara- como me prometen? ¡Qué stress, por Dios!

El lavavajillas es un caso aparte. No sé cómo, pero nunca me quedan los vasos igual que al tío del anuncio, a quien le brillan las copas de vino cual diamante pulido. Tendré que enseñar a mi hija a poner el lavavajillas y a enjuagar antes los platos. Igual que mi madre me enseñó a mí, y mi abuela a mi madre. ¡Y que la saga de auténticas gobernantas del lavavajillas continúe!

¡Cachis! En el baño hay manchas de cal. Como soy un poco marranota y mi marido trabaja quince horas al día (si no las trabaja, completa las que le faltan en el bar de abajo), tal vez debería utilizar un limpiador más potente. De este modo, la bañera reluciría y la cal se desvanecería como la niebla al sol. Un infalible antical o un limpiador con nombre onomatopéyico me darán la respuesta. Estoy convencida. Me lo dice un señor cuyo comportamiento roza el de un cocainómano a las 3 de la madrugada, pero cuya camisa colorida y pantalón kaki le otorgan un aire de inevitable confianza.

Pero basta de hablar de mí. Mis hijos lo están pasando fatal. Igual no toman suficiente calcio y yo aquí contando mis miserias de mujer actual (como dicen las revistas que compro, cuyos mensajes se contradicen hasta el infinito). ¿Toman suficientes vitaminas mis hijos? El Omega-3 y las L casei inmunitas ya lo incluí en la dieta, para que tuvieran las defensas activas y pudieran dedicarse en cuerpo y alma a extraescolares hasta la extenuación. ¿Pero y las proteínas? Debería incluir su dieta una dosis importante de proteínas; así parecen indicarlo los expertos. ¿Qué tal unas salchichas precocinadas, tan super nutrientes que sorprenden a mi madre, una mujer educada en las viejas costumbres del buen y saludable comer? Sí, tal vez sea una buena opción. Tienen una pintaza…

Aunque el peor momento es la merienda. No hay duda. Me preocupan las grasas saturadas y las parcialmente hidrogenadas que incluye la bollería industrial, que llevo como merienda a mi hijo al salir del colegio, pero que como resulta que es la merienda ideal pues igual no son tan malas. Le prepararía un bocadillo, pero… ¿Y si luego se enfadan y no lo comen? Pobres, mejor que les lleve un bollichoco y un baticacao. Todos felices. Pero, ¡ojo!, con los años se pondrán obesos y tendrán problemas de salud. Bueno, igual no, porque podrán tomar un mejunje para reducir el colesterol, unos antiácidos para las digestiones y un antidepresivo por si nada de lo otro funciona. ¡Qué cruel soy!

Igual deba pasar de todo, apagar el televisor, dejar de comprar revistas chorras, quererme un poco más tal y como soy, pasar del qué dirán y dejar a mi marido. ¡Puta vida! Si no fuera porque puedo redimirme en las rebajas, juraría que entre todos me estáis matando lentamente.


Originally published at www.enricromero.es on August 6, 2015.