Perdí la fe…

en el tricolor


Dos tipos de lienzos

Hace doce años cuando mi edad recién llegaba a los dos digitos, nunca paso por mi ingenua inocencia que llegarían las horas donde me encontraría con el pesar del hermitaño, con el deber del nómada, que debía preocuparme por buscar otros colores a los qué representar, buscar desde otro ángulo la vista al mar, otra latitud para ver el cielo nocturno, otro suelo que soporte mi peso, otra tierra donde deba considerar construir un palacio para alguna princesa de esas de fantasía… en fín, ir de la mano con alguna maleta a un distante lugar y sentir orgullo por haber logrado escapar del sitio de impacto del propio Coloso de Rodas al caer…

Al tener prácticamente nada de kilometraje sobre los dos digitos, y sin siquiera quererlo, me encontré con una esperanza dormida que reposaba sobre lienzos impecables, algunos de muy alta calidad que auguraban obras maestras sobre sus piéles, éstos, cuyo presente varía entre posar en otros suelos y divagar sobre husos horarios buscando lunas aún más plateadas, más hermosas, procurando encontrar una silueta atractiva para poder dedicarla… y así, comenzar a construir un palacio a partir de ella.

¿Los otros lienzos? Pues, corroídos por gotas saladas que desde el corazón emanan; lienzos que si bien no adornarían jamás las paredes de capillas sixtinas, brillaban aún por ese je ne sais quoi que poseían al haber nacido bajo este sol de trópico; lienzos a que ví, yacían inmersos en la inopia de una bandera cuyos colores fueron devorados por el más representativo de ellos… hasta quedar sólo roja a cabalidad; lienzos que en la mirada querían seguir a los primeros, pero por su opaca calidad, ningún pintor famoso le daría boleto de salida para cruzar mares y fronteras; lienzos, sin esperanza ni fe; lienzos esperando un fin que no termina de llegar; lienzos en blanco sin más.


¿Cuál de ellos eres tú?

A la hora de decidir el destino que me tocó, es un poco duro admitir que mi calibre actual no es precisamente el adecuado para albergar bellas artes en mí, sin embargo, ya que en el proceso de escoger lo inevitable uno siempre va dubitativo hacia lo más díficil para terminar escogiendo lo obvio, terminé siendo por ley divina el que se quedará configurando cada reloj bajo el recién estrenado (UTC-04:30) y por supuesto, vender mi alma al diablo para calmar el frío de los míos, alimentarlos e intentar llegar al sueño de las regiónes septentrionales del mundo, pues, por lo general, aquí abajo las infames infancias en Haití te arropan cálidas para siempre, éso, si logras despertar tus poros después de tanto polvo.

Escogí ser de los primeros a pesar de que mi destino es ser de los otros y lo hice para intentar dibujar con mi mano izquierda, para intentar tomar la vida a sorbos, intentar salir los fines de semana aunque sigo fracasando, intentar entender al que tiene fe, intentar entender al que compra, al que vende, al que sigue y pasa de largo, intentar de hacer lo propio con los que se quedan, con los que se van, intentar decirle al vecino que está mal, sin hacerlo sentir mal… intentar hacer que el mismo sol deje de ser rojo para retornar a su hermoso amarilloso dorado, intentar escabullirme de la inminente muerte, ésa que aguarda en cada esquina, en cada autobús, en cada callejón, en cada cancha, en cada avenida, en cada carro, en cada moto, en cada casa, hogar o residencia, y que ahora aguarda su pase de entrada a universidades… Escogí seguir intentando cómo trazar la ruta para que la sigan mis amigos, intentar desmentirme cada día y levantarme… aunque a veces fallo, intentar entender a quien dice amar al tricolor mientras le alimenta con cianuro, intentar que vengan días que jamás van a venir. Jamás lo harán…

¿Qué has perdido?

Si hablo de fe es porque me fue inevitable elevar peticiones de auxilio a dioses supremos, tejedores de destinos, arquitectos de galaxias, planificadores del espacio-tiempo. Nunca he podido sentir, como otros afirman, el aroma de gloria por haber sido repentinamente inundado por la presencia divina de facciones eternas, hablándome y dándome minutos que parecen meses de sabiduría infinita, abrazándome y permitiendo que por días el silencio sea protagonista para permitirme profundizar meditando sus lecciones, amándome y dándole espacio a la reflexión. Si, puede que nunca rece, pero si rezar es hablar con seres supremos, puedes considerarme un operador telefónico, pues, los que han sido forjados con el mismo molde que yo naufragan en mares de sueños intermitentes que jamás se cumplen… que jamás lo harán.

La fe se pierde, se recupera, se adora y se menosprecia, en términos más convencionales es tener acceso incondicional a la mejor fragancia, al mejor sabor y sin embargo no utilizar la llave por no creer que existe humano con sentidos tan agudos como para poder discernir sobre la veracidad de dicho sabor u olor mientras mantene la certeza de que está despierto. Obvio, he perdido la llave para ingresar a ese lugar, y no he podido hallarla porque no creo que en este tricolor exista humano capaz de llevarnos desde el punto A hasta el punto B; humano que sea capaz de elevar su voz y que retumbe en tímpanos con un estruendo tal que pueda hacerle abrir los ojos a los que se pintan el pecho de carmesí y entonan himnos de guerra por avenidas parcialmente civilizadas; humano que ame el tricolor y permita que vuelvan los primeros lienzos para así poder ser pintados; humano que ame el tricolor y permita reinvindicar a los segundos con pincelazos merecedores de premios y halagos; humano que con la sabiduría que sólo la ingenuidad sabe aprovechar, logre pintar sobre este desierto cúpulos de nieve; humano que cargue la cruz tricolor; que soporte maldiciones; dificultades; humano que recupere deseos extintos, que los haga suyos, que sea poseído por la marea del país con la mejor sonrisa, avasallado por la belleza de un paraíso en ruinas, anonadado por las conversaciones ingeniosas en el patio de algún lugar en el llano, en fin… humano que entregue o desperdicie su vida para recuperar una república ingrata, claro, y aún a sabiendas de lo último, hacerlo cómo si hubiera nacido para pintar de tricolor cualquier lienzo que halle en su camino por este frío trópico.

Por ello sé que la pérdida de mi fe no fué en vano, sé que no ha nacido ni nacerá persona para éstos fines… jamás lo hará.