Bailar contra la corriente

Javier Alemanno
Javier.Alemanno@MetodoDeRose.org

Desde que tengo memoria estoy queriendo salir de los lugares comunes con tanta vehemencia que de alguna forma ese intento se convirtió en mi lugar común. Decido no preocuparme más por eso. La certeza de haber incorporado el hábito de ir contra la corriente me da confianza y me permite hacer sin pensar, o en todo caso, hacer sin pensar en la forma en la que tal vez piensa todo el mundo.

En realidad esto es bastante simple, como hacer contrapeso en el sube y baja; solamente tengo que ver cómo piensa o actúa la mayoría y hacer o pensar o sentir de manera opuesta. Como si de mí dependiera el delicado equilibrio de las cosas.

Tal vez el verdadero reto sea trascender esas dos posibilidades, dar un salto mortal hacia algo nuevo. Tal vez ni siquiera importa hacia dónde se da ese salto sino cómo.

Entonces me pongo a bailar. Dejo que mi cuerpo se mueva al ritmo de la música. Muevo mi cuerpo y mi cuerpo me mueve. La música hace vibrar mis moléculas. Las moléculas se reorganizan y todo vuelve a empezar.

Empezar de nuevo.

Nuevo.

Y no termino de dar el salto.

Tomo agua con aroma a naranja.

Me disperso, me diluyo, me evado, me distraigo, me escapo.

Sigo escribiendo aunque lo más importante que tengo para decir es lo que no escribo, lo que guardo en el silencio, lo que me da miedo.

Silencio.

Descubro una vez más que la única forma de saltar es de la mano de otro. Lo nuevo, lo desconocido, lo que nos da libertad se construye más fácilmente en el encuentro verdadero con los otros, cuando por fin dejamos de defendernos.

Aprendo una forma distinta de ir contra la corriente: bailando con vos.

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