Descremados

Pamela de Pablo
Pamela.DePablo@MetodoDeRose.org
Ilustración: Vero Gatti

Mirarnos a veces no es tentador pero nos permite conocernos y, entonces, presentarnos ante otras personas disponiendo de una autenticidad consciente. O sea, elegir que los demás aprecien lo que nosotros sentimos que somos.

La objetividad queda afuera, no propongo ser objetivamente auténtico, propongo ser auténtico como objetivo.

Auténtico, auténtico, auténtico, auténtico. No solo usar la palabra y la idea sino gastarla, sobarla, ablandarla; como cuando caminás para ir a un recital y pasás muchas horas de pie y saltando y tenés que regresar caminando y las piernas tiemblan y el gentío se diluye y seguís caminando y sentís que podrías hacerlo todo de nuevo; solo entonces: seguir.

Auténtico, auténtico, auténtico. Ser auténtico no quiere decir que hay que ser siempre el mismo; con humildad creo que los cambios son notables en el ser humano, aunque solo nos dediquemos a envejecer: de la piel tersa de la juventud al cabello blanco de la vejez.

Auténtico, auténtico. Un auténtico van Gogh es un cuadro que ha pintado él, en algún día irrepetible. Es auténtico porque lo ha pintado su autor, porque el le dio su estilo, su diseño, su emoción, su sombra. Las manos de van Gogh aferrando el pincel para sembrar girasoles en un paño.

Auténtico. La firma de un escribano que grita que esa casa que era de papá y mamá ahora es mía, que dice que soy responsable de esas paredes, de esas ventanas, de esos árboles. Una firma ajena que legaliza decisiones familiares.

Auténtico… cansar la palabra hasta que ya no hable.

Ser auténticos cuando estamos solos. Durante la caminata al sol, mientras preparamos el desayuno, antes de apagar la luz y cubrirnos los hombros con la sábana. Pero también cuando estamos acompañados por personas que no podríamos amar más o por conocidos que no podrían ser más desconocidos. Cuando reímos y cuando lloramos. Cuando cantamos canciones de amor y cuando no queremos escucharlas. Cuando vemos nuevamente la misma película y cuando dejamos de verla para siempre.

Ser auténticos cuando cambiamos y nos mostramos nuevos, relucientes. Porque cuando transformamos nuestra vida con elecciones es costoso, trabajoso, empedrado. Pero al final del paseo sabemos que hemos mantenido algo intacto, aquello poderoso y genuino sigue allí mostrándose diferente.

Si no es así corremos el riesgo de sentirnos descremados.

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