Electroshock

Javier Alemanno
Javier.Alemanno@MetodoDeRose.org
Foto: Javier Alemanno

El pensamiento no se detiene, me empuja hacia los mismos lugares. Veo el azul de mis neuronas haciendo las mismas sinapsis[i], hasta puedo sentir las chispas suaves y celestes formando las mismas constelaciones.

Y yo quiero salirme de ahí, quiero tener un electroshock, quiero unir otras puntas, aunque sea doloroso. Y ahí aparece el tan temido (oh paradoja) oscuro miedo. ¿Se entiende lo que quiero decir?

Supongo que es inevitable, el riesgo y el miedo van juntos, como entrar por primera vez al mar. Al mismo tiempo me doy cuenta de que no hay razón para tener miedo, no hay riesgo de muerte en estas palabras que dibujé en mi cuaderno y luego transcribí a mi computadora para que puedas leerlas en este momento, y aunque lo hubiera, valdría (vale) la pena el esfuerzo, el intento, el riesgo y la falla.

Lo que intento decir es que prefiero caminar por la cuerda floja antes que seguir padeciendo este bostezo interminable. No quiero cortar la pera con un cuchillo, nada más quiero morderla y dejar que su jugo se deslice por mi boca hasta el cuello, quiero sacudir y explotar, quiero cambiar y trascender, quiero usar las palabras (no me gusta el verbo “usar” pero no me aparece ninguno más adecuado en este/aquel momento) como una catapulta hacia otros planos, otros niveles de comunicación.

Quiero estar cerca de vos, adentro, entrelazados.

Quiero crear con vos, como dos neuronas que se miran por primera vez en el bar del hipotálamo y hacen brotar una chispa transparente que las una en una atmósfera nueva y desconocida.

[Otra vez me agobia el pensamiento tiñéndolo todo.]

Ahora tengo que elegir entre dejar de escribir o seguir adelante. Elijo seguir escribiendo, aunque sea por ahora, como si tuviera la certeza de que al escribir se fuera vaciando ese depósito lleno de cosas/ideas heredadas, que tal vez no son mías o que quiero dejar atrás.

Me sumerjo en una gran pileta de agua helada y siento la fuerza de succión, la presión en mi pie que ahora obstruye la salida del agua. Mi propio cuerpo obstaculizando el vaciamiento, el desagote vital, y no lo disfruto. Pero lo necesito.

Me entrego a ese flujo, a ese fluir. Floto sobre el agua helada sintiendo cómo la sangre flota dentro de mí. Me abandono, dejo que el agua salga y llego al fondo de la pileta, el sol evapora hasta la última gota para que aparezca lo nuevo, lo desconocido.

No miro para atrás, hago borrón y sigo escribiendo. Miro para adelante, escribo para adelante.

[i] La sinapsis (del griego σύναψις [sýnapsis], ‘unión’, ‘enlace’)

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