Ensamblaje
Roberta Romanó Sartor
Roberta.Sartor@MetodoDeRose.org

Dentro de las palabras muchas veces mal empleadas, para mí, desapego es una. Como se trata de un concepto que en general no entendemos, lo usamos desde nuestras mentes seteadas por el contexto histórico-social al que pertenecemos. Tiene como sinónimos en el diccionario la frialdad y la indiferencia, y como antónimos el interés y la cordialidad, y, sin embargo, en otras culturas la misma palabra encierra un contenido totalmente diferente.
Cuando la escuché las primeras veces, hice lo mismo, lo asocié a la falta de interés, de compromiso e, incluso, a la falta de amor. Lo que pienso hoy sobre este concepto es bastante diferente y ya no importa cómo lo nombremos; si se trata de desapego, de libertad o cualquier otra tentativa de encasillar esa noción, que es tan sutil como su vivencia, no siento que logremos abarcar lo profundo de su significado.
El discernimiento sobre este tema es todavía algo que, en mí, viene y se va, que apareció por primera vez hace mucho como una epifanía y se disolvió cuando volví a ser quien era y fui hasta entonces. Por suerte últimamente resurge más seguido, a un punto en el cual siento que puedo sostener la comprensión un poco más, aunque después la pierda.
La sensación claramente inefable que intento definir es una forma de ensamblaje, un tipo de vínculo con las cosas, con la vida, con las personas, de un disfrute que no se amolda, de un amor dado que nada espera. Es estar bien parado en el momento de la entrega, es grandeza. Una vivencia que se conquista desde la cercanía para después sí desapegarse, despegarse, despegar.